El Cuervo de los Tres Ojos

El Cuervo de Tres Ojos es la memoria de Occidente, un ente misterioso ligado a los Dioses Antiguos, capaz de relatar la historia desde antes incluso de la llegada de los primeros hombres. Porque previamente a que se crease el mundo tal y como lo conocimos, él ya estaba ahí. También estaba ahí Pep Cargol, memoria viviente del Basket Zaragoza. Hombre de club en el sentido más amplio del término y arquitecto silencioso de la que va camino de ser la temporada más exitosa en la historia del club aragonés. 

El gerundés es el hombre detrás del hombre milagro, Porfirio Fisac. Porque para que el técnico segoviano pudiese hacer su magia, antes necesitaba una plantilla a la que exprimir todo su potencial. Ya que por mucho que alguna vez se pudiese olvidar a orillas del Ebro, el secreto de toda buena temporada se cocina durante el verano previo.

La elección de Cargol como director deportivo pudo no ser la opción más sexy en un primer momento, aunque representaba una declaración de intenciones por parte del club. Independientemente de su habilidad para fichar o de los contactos que pudiese tener, con Cargol al frente de la parcela deportiva el club se olvidaba de experimentos fallidos y recuperaba su memoria. El ethos de una entidad muy consciente del papel que quiere ocupar dentro del baloncesto español. Eso que algunos caducos llamarían señorío, por entendernos.

Porque Pep podía ser nuevo pero, desde luego, no era un novato. Como Bran Stark, sabía de dónde venía, dónde estaba y dónde quería ir. En pocas palabras: conocía el club y sus circunstancias. “Deseamos conseguir estabilidad, crecer y, desde nuestra forma de ser, que se haga con coherencia. Haremos hincapié en nuestros valores que son los que nos van a marcar”, dijo en su presentación. Pueden parecer las típicas declaraciones vacías de sala de prensa, pero sin embargo esconden el credo sobre el que se ha asentado su primera temporada al mando. Ese “nuestra forma de ser” refleja la identidad perdida durante los años oscuros, el motivo por el que el actual equipo ha calado tan hondo en la marea roja y que nos ha llevado a realizar interminables paralelismos mentales con el gran conjunto de 2013, desde antes de que se alcanzasen las semifinales incluso. 

Lo que escondió por razones obvias es que también sabía cómo lograrlo. El gran acierto de Cargol es, sin duda alguna, la contratación de Porfirio Fisac para el banquillo. Pero también, un cambio sensible en la política de fichajes respecto a la realizada en los años oscuros.

Si durante veranos pasados la palabra clave era polivalencia, en los que se intentaba combatir las estrecheces económicas con la búsqueda de jugadores que pudiesen desempeñar varias posiciones sobre la pista, Cargol basó su estructura en otro concepto: complementariedad. Esto es, una plantilla amplia, con un mínimo de dos jugadores útiles por posición y que, en la medida de lo posible, tuviesen características opuestas. 

El segundo concepto clave de su trabajo es: identidad. No sólo en la apuesta sin concesiones por la cantera, sino en la creación de un núcleo de jugadores nacionales -o baloncestistas profundamente arraigados como Nemanja Radovic o, incluso, Renaldas Seibutis– que tuviesen claro en todo momento dónde estaban y qué había en juego. Muy celebrado fue en su momento el tuit de Tyrese Rice con el que, tras ser amenazado por el Barça con ser enviado al filial si no mejoraba su actitud, preguntó a sus seguidores que qué demonios era eso de la “LEB Gold”. Por ello, si nos retrotraemos un momento a la mentalidad de principio de temporada, en la que evitar la pérdida de categoría era el único objetivo, el contar con el máximo número de jugadores que supiesen el significado de LEB Gold era crucial.

La capacidad de colegiar la plantilla con Fisac en fichajes como el de Nacho Martín o, presumiblemente, Jonnathan Berhanemeskel, así como la jugada maestra de guardarse una plaza de extracomunitario en caso de que surgiese algún problema que solucionar a lo largo de la temporada, completarían los cuatro pilares sobre los que Cargol ha edificado su primer y exitosísimo proyecto.

¿Y después, qué?

Pues durante la temporada, la más absoluta discreción. Además de ex jugador, ex entrenador de cantera y ex entrenador del primer equipo, el que fuese alero del Real Madrid durante muchos años también fue poco después comentarista del CAI Zaragoza en Aragón Radio. Esto es, conoce el negocio desde los dos lados del muro

Pep es un hombre extremadamente educado y mesurado en todas sus exposiciones públicas. Si uno escucha hablar a los que saben, lo que requiere un esfuerzo proactivo consistente en, primero identificar al emisor correcto entre el ruido y, segundo, interpretar sus palabras, puede inferir que, a pesar del cuento de hadas en el que vive la entidad rojilla, la convivencia podría no haber sido tan placentera como cabría esperar en Zurita 21. Sin embargo, lejos de explotar por ningún sitio, la temporada no podría haber resultado más satisfactoria. Es difícil imaginar esperpentos como la dimisión en diferido de Jota Cuspinera en el Basket Zaragoza de Pep Cargol.

Los focos son para Porfi y sus jugadores, que se los han ganado. Cargol, incluso, llamado por Aragón Radio después de la hazaña de Vitoria, no dudó en pasar el teléfono de improviso al presidente, Reynaldo Benito, que dio la impresión de que ni siquiera sabía que estaba hablando en directo cuando saludóSiempre en un segundo plano, especialmente cuando han venido bien dadas.

En su primer año en el cargo, Pep Cargol, el Cuervo de los Tres Ojos, se ha mostrado más que capacitado para sobrevivir en el Juego de Tronos de la ACB. Parece tranquilo, constreñido por una silla de ruedas presupuestaria que no le debería dejar andar, pero sin embargo… (guiño, guiño).

Derecho a soñar

En esas pequeñas identidades sociales que cada uno de nosotros asumimos a lo largo de nuestra vida, yo me precio de ser en varios grupos, entre otras cosas seguramente, “el del basket”. Ese al que, cuando sucede una noticia relevante en el mundo de la canasta, se tiende a acudir para comentarla o congratularse. Para compartir alegrías o confortar penas. Seguro que muchos de los potenciales lectores de este texto juegan ese pequeño rol en un grupo u otro, ya sea con los compañeros de trabajo, con la gente del gimnasio o con los colegas de toda la vida. Es un rasgo identitario evidentemente positivo y, particularmente, lo encuentro tremendamente halagador. No se me ocurre mejor motivo para ser interpelado, mejor pretexto para que alguien se acuerde de ti.

También es probable que hoy lunes, más allá de la vorágine electoral, para muchos haya sido día de poner en contexto lo logrado por el Tecnyconta Zaragoza. De explicar porqué es tan increíble que la capital aragonesa, hace no tanto potencia en esto de la canasta y el balón naranja, se haya clasificado para el Playoff de la ACB. Desde fuera, si se ha sido totalmente ajeno a lo ocurrido durante los últimos cinco años, puede resultar difícil de comprender. Especialmente si se mira desde la óptica maniquea en la que todo lo que no sea ganar es perder, por desgracia la visión mayoritaria en el deporte mainstream. ¿Tiene sentido jugar el Playoff si lo más probable es que Baskonia consiga un 2-0 en la eliminatoria?

Sí, claro. Lo tiene. Y todo se reduce a uno de los mejores conceptos forjados en el mundo del deporte recientemente: el derecho a soñar.

El derecho a soñar fue acuñado por el eterno José Luis Abós durante la temporada 2012/13. Con él, el genial coach zaragozano sintetizaba a la perfección el cuento de hadas que protagonizó el entonces CAI Zaragoza durante aquel curso inolvidable. La historia de un equipo pequeño que se atrevió a ser grande, convirtiéndose en el mejor club de baloncesto de España sólo por detrás de las inalcanzables potencias futboleras. Paso a paso. Refrendando en la pista la ambición más loca que se pudiera tener.

Sobre todo, porque la grandeza del concepto radicaba en su condición no intrínseca. Es decir, el derecho a soñar, para disfrutarlo, antes hay que ganárselo. Primero haces un buen trabajo y luego, ya si eso, intentas lo imposible. El opuesto al cuento de la lechera, de los castillos en el aire que algunos tienden a confundir con ambición. Se trata de la muestra más clara y tangible de la genialidad que acompañó al coach zaragozano durante su trayectoria. La cuadratura del círculo en el que humildad y anhelo van de la mano, sin resultar impostados o antónimos por definición.

Desde entonces, el derecho a soñar resume en pocas palabras la base ética de un equipo de leyenda, que no le dio tiempo a conseguir ningún título pero que caló en la afición rojilla como pocos. Por primera vez, el club aragonés poseía un ethos identificable. Sabía quién era, lo qué quería y cómo iba a conseguirlo. Es evidente que todo aquello terminó de manera abrupta y perder a un buen equipo de baloncesto fue, de lejos, lo menos importante. El derecho a soñar quedó como el motto de una etapa feliz, concreta y cerrada. En muchos aspectos irrepetible. Hasta ahora.

Varios son los partidos trascendentes que ha jugado Basket Zaragoza en este periodo de tiempo. Sin embargo, fue ante Baxi Manresa, en un partido a vida o muerte por jugar el Playoff, cuando los Inchas Lleons decidieron recibir al equipo con un tifo en el que, bajo la silueta de un aficionado tocando el bombo, se podía leer claramente una frase: “derecho a soñar”. Parece evidente que, en representación de los Inchas, la afición reconoce al actual Tecnyconta como el hijo de aquel CAI Zaragoza que logró codearse con la élite de la ACB actuando bajo su propio código de conducta.

El Basket Zaragoza de Pep Cargol y Porfirio Fisac comparte varios de los valores que se perdieron durante los años oscuros del club. Es humilde, consciente de sus limitaciones, y sin embargo, trabaja para superarlas. Primero aseguró la permanencia, después celebró jugar en Europa y, finalmente, logró el asalto a la sexta plaza. Además, no se conforma. Cuando Fran Vázquez se lesionó, fichó a Latavious Williams en lo que ya era abiertamente un sprint por jugar postemporada. Se trata de un equipo eminentemente imperfecto, al que durante las últimas jornadas le pudo el vértigo en momentos concretos, pero que aún así se levantó y, el día decisivo, no falló. Sin brillo y con dudas evidentes, pero que cuando se vio acorralado miró a sus fantasmas a los ojos y les clavó tres triples consecutivos en la cara.

Después de mucho tiempo, da la sensación de que el Tecnyconta tiene clara cuál es su identidad. Lo reflejó Fisac en rueda de prensa, cuando se emocionó recordando la figura de Abós. “Para mi es un orgullo que me comparen con un sólo dedo de la figura de José Luis”, dijo el coach segoviano con una retórica muy propia de él. También Cargol, auténtico Cuervo de los Tres Ojos del club aragonés, aludió al derecho a soñar en su tuit post partido. Los jugadores, sin saberlo, lo escenificaron en el parqué, con una foto colectiva en el centro de la pista que ilustra la unión de un grupo único, que pudo haberse dejado llevar hace mucho pero que optó por alargar su temporada un poquito más y que sale tremendamente revalorizado de cara a la próxima temporada.

La Zaragoza baloncestista ha recuperado Europa y los Playoff de la ACB. Pero, sobre todo, ha recuperado la ilusión y el orgullo. Por eso, más de 10.000 personas se dieron cita en el Príncipe Felipe sin necesidad de que el Real Madrid estuviese en el cartel. Por eso, a los que los amigos nos mandan un Whatsapp cuando el equipo lo hace bien, estamos hoy tan contentos. Seguramente no vayamos a ganar la Liga como el TDK en el ’98, pero hemos recuperado el derecho a soñar.