Jonathan Barreiro, el joven león está listo

Al llegar al Príncipe Felipe por la calle Ducado de Atenas, una de las primeras cosas que el aficionado puede observar en la fachada del edificio es un cartel gigante con la imagen de Jonathan Barreiro. El póster, que da la bienvenida al coliseo rojillo al estilo de los pabellones norteamericanos, fue colocado en sustitución de la figura de Sergi García, en clara señal de relevo entre jóvenes promesas. Pese a que en aquel momento el estatus de Gary Neal ya estaba consolidado entre la fé aragonesa, la elección del alero gallego resultó natural. Porque si bien el de Baltimore era la estrella absoluta del equipo, el superhéroe capaz de hacer cosas extraordinarias con una balón de baloncesto, nadie ha encarnado mejor al aficionado sobre el parqué que Jonathan Barreiro.

Todo lo que ha logrado el dorsal número 7 del Tecnyconta Zaragoza esta temporada lo ha hecho a través del esfuerzo; y no ha sido poco. Internacional absoluto con España, miembro del mejor quinteto de jugadores jóvenes de la Liga Endesa, un total de 26 partidos como titular… Y lo que es más importante, claro, su consolidación total como jugador ACB a sus 21 años. Algo que, antes de comenzar la temporada, parecía lejos de convertirse en certeza.

Durante la temporada 2016/17, de infausto recuerdo para el club zaragozano, Barreiro jugó un total de 57 minutos repartidos en 14 partidos. Algo que para un jugador todavía en desarrollo resultaba casi un crimen. Por ello, durante el verano, varias voces aconsejaron su cesión en busca de minutos. Una opción que el propio club veía con buenos ojos, más incluso tras la contratación de Lovro Mazalin, jugador de su misma edad y posición. Sin embargo, el préstamo a otro equipo nunca se concretó.

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Por contra, el ‘tres’ terminaría estableciéndose como jugador clave en el conjunto aragonés. ¿Las razones? Varias, la verdad. La presencia en el banquillo de un entrenador como Jota Cuspinera, al que no le dolieron prendas en poner en pista a aquel que más lo mereciese, independientemente de su año de nacimiento, la falta de aleros en una plantilla superpoblada por escoltas, la mala adaptación de Mazalin a la Liga Endesa y la falta de rebote del juego interior generaron una tormenta perfecta que le abrió hueco a Barreiro en la rotación rojilla. El resto lo hizo su trabajo, claro.

En su primera temporada asentado en la Liga Endesa, Barreiro se ha caracterizado por una entrega y derroche de energía superiores a la media. De este modo, el alero gallego ha logrado abrirse un hueco gracias a su desempeño en facetas en principio poco gratificantes para el jugador.

Especialmente importante ha sido su papel en el rebote. En una escuadra con problemas para imponerse bajo los aros, Barreiro ha supuesto un par de manos extra a la hora de cargar el rebote en ambos aros. Aunque, sin duda, ha destacado sobre la media a la hora de capturar rechaces en el aro local. Así, si proyectamos las estadísticas a 36 minutos, se puede observar que solo dos centers arquetípicos como Jarvis Varnado (2,5) y Nicolas De Jong (2,1) poseen mejores números que él dentro del conjunto rojillo.

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Mientras que, si comparamos sus guarismos con el resto de aleros de la Liga Endesa, el de Cerceda aparece en un meritorio octavo lugar.

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Además de rebotear, Barreiro se ha especializado en las tareas oscuras del juego. La intendencia, que decía Andrés Montés. Así, el gallego, ha encontrado su lugar en la Liga reciclándose en lo que los americanos llaman un 3+D. Esto es, un jugador especializado en defender y que, en ataque, posee amenaza de tres puntos.

Las tareas de contención son más difíciles de cuantificar estadísticamente. No obstante, ha sido un continuo el ver al joven alero marcar al exterior más determinante del conjunto rival, independientemente de su posición. Respecto a su fiabilidad en el triple, Barreiro ha calcado el porcentaje de acierto de un supuesto especialista como Janis Blums (34,5%), aunque esto quizá hable peor del año del letón que del español.

Porque lo que engrandece sin duda el año realizado por Barreiro es el contexto y, sobre todo, sus 21 años. Pese a que fenómenos como Luka Doncic puedan ser tomados como la norma por algunos, lo cierto es que los jugadores jóvenes en la ACB son toda una excepción. De hecho, solo seis jugadores cumplen con los requisitos para ser elegidos parte del mejor quinteto de jugadores jóvenes, esto es, haber nacido en 1996 o más tarde y promediar 10 minutos por partido habiendo jugado al menos la mitad de los partidos de la competición.

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Si estuviese en Estados Unidos, Barreiro actualmente seria considerado junior y todavía tendría la posibilidad de disputar una temporada más en el baloncesto universitario si así lo decidiera. Por contra, el alero ha probado que puede ser un jugador útil para cualquier equipo ACB y la 2017/18 se atisba solo el inicio de lo que apunta a una sólida carrera profesional. Por supuesto que ha habido valles a lo largo del curso, como no puede ser de otra forma para un proyecto de jugador que todavía se encuentra en desarrollo, pero el paso dado hacia adelante, especialmente en un equipo que ha vivido en permanente estado de crisis, es notable. El joven león del Tecnyconta está listo para jungla.

Nota: 6/10

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Última posesión y tres arriba en el marcador; ¿falta o defensa?

Última posesión del partido, tu equipo va tres arriba en el marcador y el rival tiene el balón; ¿defender o hacer falta?

Para muchos, la opción está clara. Muy clara, de hecho. Falta, dos tiros libres para el rival, algún segundo descontado por el camino y, en el peor de los casos, ventaja de un punto y posesión.

Sin embargo, no se trata de una decisión unánime.

No lo fue, por ejemplo, en el pasado Tecnyconta Zaragoza – Estudiantes. Cuando, al final de la primera prórroga, con ocho segundos en el cronómetro y saque de banda para los colegiales, los aragoneses permitieron el más que previsible intento triple de Sylven Landesberg. ¿El resultado? Triplazo del máximo anotador de la Liga Endesa que llevaba al encuentro a su segundo tiempo extra.

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Visto desde la grada, existía la duda de si había decisión del banquillo o del jugador, que una vez iniciada la acción hubiese optado por no usar las manos e intentar puntear el más que previsible lanzamiento de la estrella estudiantil. Sin embargo, revisando el tiempo muerto por televisión, queda claro que no hubo orden explícita de hacer falta.

En rueda de prensa, Jota Cuspinera, que quiso alabar la actuación de Jonathan Barreiro a lo largo del encuentro (10 puntos, 4 rebotes en 25 minutos de juego), se refirió a dicha acción:

“Es un jugador que comete errores de jóvenes. El triple que deja a Landesberg al final es error de joven. No me importa. Bueno, me importa pero es joven. Tiene 20 años, los va a cometer”

Pero cuál fue el error de juventud: ¿no tener la iniciativa propia de hacer falta, o haber dado espacio suficiente al letal Landesberg para que efectuara su lanzamiento?

Dado que no hubo orden previa de mandar al norteamericano a la línea de tiros libres, la repuesta parece clara. Sin embargo, ¿tiene sentido no haber hecho falta por convicción?

A este respecto, la defensa más famosa se sustenta en el estudio que Ken Pomeroy, pionero en el uso de la estadística avanzada para analizar el baloncesto universitario en Estados Unidos, publicó en su blog en 2012.

En él, Pomeroy recogía una sorprendente conclusión. Después de 814 partidos analizados, el 93,5% de los equipos que habían optado por defender habían ganado el partido, mientras que el porcentaje de victorias lograda por aquellos equipos que habían optado por hacer falta era ligeramente menor, el 92%. La diferencia es mínima, aunque se decanta por aquellos que deciden defender. ¿Por qué?

1.- El bajo porcentaje de acierto

Según encontró Pomeroy, solo el 16% de los lanzamientos triples analizados durante su estudio habían conseguido forzar la prórroga. Se trata, por tanto, de una opción de bajo riesgo para el equipo que decide defender. Esto se debe, principalmente, a que se trata de una jugada fácilmente anticipable por la defensa, ya que el rival apenas posee capacidad de elección.

Con el cronómetro apretando, el triple es la única opción y, además, resulta fácil predecir quién será el encargado de jugárselo. De hecho, si analizamos la jugada del Tecnyconta – Estudiante vemos como Barreiro llega a tiempo para puntear el intento de Landesberg, y solo un pequeño instante de duda del gallego le permite al colegial armar el brazo.

2.- Riesgo cero de derrota sobre la bocina

Esto puede parecer una perogrullada, aunque no lo es. Al final, el lanzamiento de Landesberg no suponía la victoria del Estudiantes. De hecho, aunque entró, el Estudiantes terminó perdiendo el partido. De esta manera, en el peor escenario, el partido se va a la prórroga, o a la segunda prórroga como pasó el domingo. El equipo que decide defender tiene, por tanto, opción de reaccionar durante el tiempo extra.

Sin embargo, si el equipo opta por llevar al rival a la línea de tiros libres, el riesgo de derrota instantánea se convierte en real. Dos escenarios posibles:

2.1.- Posibilidad de tiro libre + rebote ofensivo

Según recoge Pomeroy, la posibilidad de rebote ofensivo tras tiro libre aumenta sensiblemente cuando la victoria está en juego. Normalmente, el 20% de los rechaces tras tiro libre suelen acabar en manos del equipo atacante, un porcentaje que se incrementa hasta el 40,6% cuando se trata de la última oportunidad.

2.2.- Carrusel de faltas

El otro escenario negativo para el equipo que opta por hacer falta es que el partido entre en un carrusel de faltas, un escenario imprevisible y mucho más difícil de controlar.

En la segunda prórroga se vivió una situación semejante cuando, con 100-97 en el marcador y 12 segundos por jugarse, Landesberg recibió el balón.

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Tecnyconta, una vez más, optó por defender de la mano de Barreiro, que esta vez denegó el triple. Para sorpresa de muchos, y gracias al mayor margen de maniobra que le ofrecía el cronómetro, el máximo anotador de la Liga Endesa optó por penetrar, probablemente buscando el contacto con De Jong. Sin embargo, el pívot franco-holandés le denegó el paso de manera limpia y el triunfo se quedó en Zaragoza.

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