Un maldito deja vu

La Whatever Cup es un estorbo. Especialmente, para los equipos considerados grandes. Para aquellos que inician cada campaña con la obligación de pelar por los títulos, la Copa de la Liga solo tiene sentido si la ganas. Pero, al tratarse de un trofeo tan menor, ni en ese caso podría salvar la temporada. Sin ir muy lejos, el Liverpool consiguió alzarla hace dos cursos y nadie consideró que los del Merseyside salieran de su histórica crisis a raíz de ello. En sus eliminatorias, a partido único y sin posibilidad de ‘replay’, hay mucho que perder y poco que ganar.

Así lo dejó ver Cesc Fábregas en una entrevista concedida a ‘The Guardian’ la pasada semana. En un repaso a sus ocho años como ‘gunner’, el ex capitán fechó como uno de sus peores recuerdos la final perdida ante el Birmingham en 2011. El cómo la tiraron por la borda, tras un fallo imperdonable entre Koscielny y Szczesny, y el hecho de que los ‘blues’ terminaran descendiendo, provocaron que el cuadro londinense se desinflara por completo en la carrera por los demás títulos. El golpe fue demasiado duro.

Personalmente, sin embargo, la Whatever Cup posee un pequeño lugar en mi corazón. Y no por ninguna victoria precisamente. Al contrario, por una derrota. Concretamente, Arsenal 0-1 Manchester City. Sin embargo, para mi, aquel encuentro fue especial. Más que nada porque supuso mi primera visita al Emirates. Al interior, claro, que acudir a sus aledaños fue lo primero que hice en mi primera visita a Londres. Lo asequible del precio de las entradas, el que no hubiese excesiva demanda, aunque después el campo estuviese lleno, y el disputarse entre semana, cuestión vital para mi entonces, permitieron que pudiera asistir al choque.

Evidentemente, a pesar de lo decepcionante del resultado, lo pasé bien. Acudí al encuentro con mis amigos Quike y José y cumplimos paso por paso el ritual que la ocasión merecía. Esto es, previa en un pub situado cerca de Holloway Road, de esos en cuya entrada solo permite el acceso a los colores locales, butacas en la célebre North Bank, más civilizada que la relatada por Nick Hornby en su recomendable ‘Fiebre en las gradas’, y post partido comentando la derrota en un pub de Shoreditch.

Sobre el choque en sí, no hay mucho que comentar, pues fue el típico de Whatever Cup. Esto es, el Arsenal saltó al campo repleto de suplentes. Por ejemplo, a Van Persie, por entonces todavía ídolo, solo se le pudo ver por el plasma del video marcador. La dupla atacante, formada por Chamakh y Park, da una fidedigna idea de la alineación dispuesta por Wenger. Por contra, en frente, Mancini salió con bastantes titulares en su once. Entre ellos, Nasri. Fue la primera visita del francés al Emirates tras su fuga, por lo que los abucheos cada vez que tocó el balón fueron altamente audibles. Fue, también, el partido en el que Frimpong, que jugó bastante bien, todo sea dicho, terminó encarándose con él. En líneas generales, los gunners dominaron el encuentro pero -oh sorpresa- no supieron rematar la faena. Desgraciadamente, tras la salida de un córner a favor de los locales, el City, por medio de Agüero y un velocísimo Dzeko, montó una contra que les dio el pase a los visitantes. ¿Suena familiar, no?

Esta noche, conmigo presenciándolo a través del ordenador, el Arsenal recibió al Chelsea en partido de Copa de la Liga. Como mandan los cánones, tanto rojiblancos como azules presentaron sendas alineaciones plagadas de suplentes. En la primera parte, los locales dominaron. Sin embargo, tras botar un córner a favor, facilitaron que el cuadro de Jose Mourinho abriera el marcador con una contra llevada a cabo por Azpilicueta. Para más recochineo, con la colaboración necesaria de Jenkinson y Fabianski. Un maldito deja vu.

Bendtner 104

Llevar una camiseta de fútbol en un festival de música es una mala idea. Yo siempre lo había sospechado, aunque lo constaté empíricamente en el FIB de 2011. Ante la ausencia de ropa ‘neutral’ limpia en mi mochila, decidí vestir una remera del Arsenal para presenciar el último día de conciertos. Ese al que vas por pura inercia y porque lo has pagado ya, pues fuerzas quedan pocas. Lamentablemente, la prenda adquirió su temido efecto y, como si de un cartel de chupitos gratis se tratase, atrajo a todos los ebrios ávidos por compartir sus inquietudes futbolísticas que poblaban el recinto. Mujeres ninguna, claro. Entre aquellos que se acercaron ante mi descarada provocación, guardo buen recuerdo de un seguidor gunner ansioso por contrastar lo que el creía que era una gran noticia. “Perdona, ¿sabes si hemos vendido a Bendtner? Acabo de ver a un fulano con la camiseta del Leverkusen y su nombre en la espalda”, me preguntó ilusionado. “Creo que no. Me parece que ese ‘Bendtner’ -escrito en realidad Bender- es otro jugador diferente”, le respondí mientras en su cara se dibujaba la expresión del que recibe ropa por Reyes Magos. Poco después, aquel aficionado tendría su recompensa con la cesión del ariete al Sunderland. Séneca ampliada a Erasmus la pasada campaña en Turín.

Sin embargo, Bendtner ha vuelto. Ahora lleva barba y recoge su creciente melena en un ridículo moño estilo samurai. Como si regresase de un retiro que, por lo que suele trascender de su vida social, cuesta imaginar que hay sido espiritual. Tampoco voluntario. El danés regresa al Arsenal dos años después de su último partido como gunner por motivos de fuerza mayor. Concretamente, las 52.000 libras semanales que posee firmadas con la entidad londinense y que nadie en su sano juicio ha accedido a asumir. El Crystal Palace estuvo cerca, en un incomprensible intento por reunir de nuevo la fatídica dupla Chamakh – Bendtner. El jugador llegó a desplazarse hasta Selhurst Park el último día de mercado para pasar reconocimiento médico, pero la operación finalmente se echó atrás ante la incapacidad de los ‘norteños’ para hacerse con un delantero que diese respiro a Giroud.

De esta manera, Wenger perdonaba públicamente a su díscolo discípulo y, poco después, le prometía una oportunidad cuando estuviese en forma. O cuando llegase la Capital One Cup, lo cual que se ha producido antes. Debido a las numerosas lesiones que -oh sorpresa- pueblan la enfermería del Arsenal, el técnico francés decidió utilizar la eliminatoria contra el West Bromwich Albion para hacer jugar a los jóvenes, a los jugadores en proceso de recuperación física, a los reservas habituales y a Bendtner, que en cierta manera podría ser encuadrado en cualquiera de las tres categorías anteriores.

De esta manera, el internacional danés volvió a portar el cañón sobre su pecho. Circunstancia que no se repetía desde el pasado 20 de agosto de 2011, cuando jugó 10 minutos ante el Liverpool antes de ser cedido al Sunderland. Después llegó el préstamo a la Juventus, donde las lesiones y las acusaciones de sobrepeso le hicieron transitar sin pena ni gloria por un equipo que dominó Italia a su antojo. Por el camino, el atacante ha sustituido su característico dorsal 52, el cual según las malas lenguas usó para simbolizar que había mejorado el doble respecto a la campaña en la que había utilizado el número 26. Ahora lleva el 23, como Lady. Aunque se desconoce si dicho cambio conlleva una asimilación de sus limitaciones. Algo difícil teniendo en cuenta que se trata, en palabras del psicólogo deportivo Jaques Crevoisier, del “futbolista con mayor autoestima del mundo”. Auto candidaturas al Balón de Oro como la realizada por él mismo en 2009 fortalecieron su fama de ‘bocachancla’.

Una serie de fallos inexplicables sobre el terreno de juego hicieron el resto. Colocando al bueno de Bendtner a medio camino entre la hilaridad y la desesperación, según el estado de ánimo que poseyese el paciente aficionado gooner a cada momento. Sensaciones resucitadas en el minuto 7 del encuentro contra el WBA, cuando, tras un centro servido desde banda izquierda, el danés golpeó el poste… con su cuerpo. Después, en la prórroga, evidenciaría una clara falta de forma al dejarse robar el balón cuando todo parecía predispuesto para un mano a mano entre él y meta Daniels.

Las sombras de un encuentro en el que, sin embargo, el danés filtró un preciso pase de gol al joven Eisfeld, que abrió el marcador para el cuadro visitante. Nada nuevo por otro lado. No en vano, Bendtner acumula con la de esta noche 27 asistencias con el Arsenal. Más que, por ejemplo, Rosicky, que lleva 23. Además, el delantero no marró su lanzamiento en la tanda de penaltis, favoreciendo el 4-3 final con el que los gunner se adjudicaron el pase de ronda en la Whatever Cup. La siguiente parada, en octavos de final, será el Chelsea de Jose Mourinho.  Quizá, el momento en el que Bendtner pueda elevar un poquito la cantidad de su dorsal.