Nikola Dragovic; dientes de sierra

De MVP de la jornada 15 a jugador descartado durante las últimas y trascendentales fechas de la Liga Endesa. Oficialmente, debido a una lesión de espalda. Extraoficialmente, por su falta de implicación, la cual fue escenificada mediante una actuación infame frente a Betis en el Príncipe Felipe, así como por su mala conexión con el cuerpo técnico. El periplo profesional de Nikola Dragovic en Zaragoza ha sido extremo, aunque queda notablemente marcado por su presencia fuera de la escuadra cuando el equipo aragonés se jugaba su ser o no ser. Valorar su paso y aportación al Tecnyconta Zaragoza 2017/18 es, quizá, una de las tareas más complicadas.

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Aunque suene a juego de palabras barato, si ha habido una constante en el rendimiento de Dragovic con el uniforme rojillo ha sido la inconstancia. Si tomamos la valoración como un medidor fiable para cuantificar el rendimiento de un jugador en un partido, la gráfica repleta de dientes de sierra muestra como el de Montenegro ha sido capaz de alternar actuaciones sobresalientes, no en vano es el jugador que más dobles-dobles ha firmado esta temporada en el Tecnyconta, con un total de tres, con otras en la que ha pasado desapercibido.

Así se observa en sus promedios finales. El de Montenegro abandona la entidad zaragozana con 8 puntos, 5,1 rebotes y 8,5 de valoración por partido. Números aceptables, aunque lejos del notable. De hecho, si comparamos el PER de aquellos jugadores rojillos que han jugado más de 20 partidos, promediando al menos 15 minutos por partido, podemos observar que Dragovic queda en mitad de tabla. Lejos, quizá, del peso específico que se podía esperar del que ha sido, sin duda, el líder del equipo durante algunos partidos.

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Durante la temporada, de él se dijo que era el auténtico termómetro del equipo. El jugador sobre el que calibrar las posibilidades de victoria del equipo rojillo. Si él estaba bien, el equipo podía ganar. En parte, también, por ser el único ala-pívot fiable tras el fiasco que supuso Álex Suárez como relevo.

Lo cierto es que si comparamos su rating ofensivo, esto es puntos logrados por el equipo por cada 100 posesiones cuando el jugador está en pista, y su rating defensivo, puntos encajados por el equipo por cada 100 posesiones cuando el jugador está en pista, podemos observar que Dragovic es el jugador que se encuentra más cercano a la media del equipo. Aunque, evidentemente, hay que añadir un contexto a las cifras ya que, por ejemplo, el jugador formado en UCLA posee mejores guarismos defensivos, aunque es importante recordar su no participación en el tramo final de la temporada, partidos que fueron un auténtico festín anotador en contra del Tecnyconta Zaragoza.

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Estadísticamente, llama profundamente la atención el poderío mostrado en el rebote defensivo. Parece plausible que, el haber estado en un equipo sin grandes ‘cincos’ reboteadores ha jugado en su favor, pero aún así sus números son impresionantes. Tanto que, incluso, llegó a liderar la Liga en esta faceta durante algunas jornadas.

Es, por supuesto, el jugador de Tecnyconta que más rechaces ha atrapado en aro propio, por delante de todos los pívtos e interiores que han jugado en el equipo. Además, sus 4 capturas en defensa por partido le sitúan como el tercer ala-pívot de la competición, solo por detrás de Deon Thompson (4,7) y O.D. Anosike (4,1).

Pero más allá de los números o del impacto logrado a lo largo de la temporada, que es importante, parece evidente que el hecho que marca el paso de Dragovic por el Tecnyconta Zaragoza es su desconexión total del equipo durante el tramo final de la temporada. Según la versión oficial, el jugador se perdió las tres últimas jornadas de Liga por lesión. Extraoficialmente, y según informaciones publicadas por periodistas que siguen el día a día del equipo, la mala sintonía del entrenador Pep Cargol y el jugador fue más determinante para la ausencia de este último que las molestias físicas.

Lo cierto es que, antes de que el ala-pívot pasase a engrosar la lista de jugadores inactivos, su pérdida de protagonismo había sido evidente. Especialmente tras la llegada de Milko Bjelica, quien asumió un papel protagonista en el juego interior desde su llegada al club en la jornada 29.

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De hecho, según se puede observar en la gráfica, durante las jornadas 29 y 30, Dragovic prácticamente acapara la totalidad de minutos en los que Bjelica descansa. Aunque, poco a poco, otras opciones de juego interior, especialmente después de la incorporación de De Jong tras lesión, van ganando peso.

Fuera del cuadro estadístico, el partido en casa frente a Betis, que supuso una victoria trascendental para los aragoneses, parece el verdadero punto de no retorno para el serbio como integrante de la disciplina zaragozana. En total, el ala-pívot estuvo 7 minutos en pista (0 puntos, 2 rebotes y -2 de valoración). Siete minutos de pura apatía, una imagen bochornosa, en un partido crucial, que seguramente debieron suponer la gota que colmó el vaso de la paciencia de Cargol.

Aún así, el ‘cuatro’ tuvo una oportunidad más; frente a Burgos. En el Coliseum, Dragovic jugó algo más de 9 minutos, en los que produjo 0 puntos, 3 rebotes y -2 de valoración. Ese sería, ya sí, su último partido con el león en el pecho, perdiéndose la trascendental victoria en Málaga una semana después.

¿Pudo haberse anticipado un final así? Lo cierto es que la conducta humana es difícil de predecir, y tampoco es correcto juzgar a nadie por errores pasados. Sin embargo, llama la atención que el propio jugador ya fuese apartado de su anterior equipo por problemas de ego. Así, durante el curso 2016/17, Dragovic fue cortado por el ASVEL antes del Playoff por, según palabras de Tony Parker, presidente de la entidad, no respetar al cuerpo técnico. Un precedente que, quizá, debió tener más peso a la hora de su contratación como jugador del Tecnyconta.

Con todo en la mesa, una valoración ligera al paso de Nikola Dragovic por la capita aragonesa sería, como poco, atrevida. Es cierto tan cierto que el serbio jugó un papel protagonista durante gran parte de la temporada, y la consecución de ocho victorias, como que si Bjelica y Rey no hubiesen llegado nunca a la capital aragonesa, a costa de los minutos del de UCLA, el equipo no hubiese podido lograr la salvación. Luces y sombras en la figura de uno de los jugadores más controvertidos del Tecnyconta 2017/18.

Nota: 4/10

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El cambio de paradigma en el baloncesto actual: posición vs función

El baloncesto es un deporte dinámico, y quizá por eso resulta tan atractivo. Dinámico en su juego pero también en su evolución. Probablemente, existen pocas disciplinas que cambien tan rápido y de manera tan frecuente como lo hace el baloncesto.  Fundamentalmente, por las características físicas de los jugadores. Cada generación es más rápida, más alta y salta más que la anterior. Así, los aros se han quedado bajos, el campo pequeño y la línea de triple -que en un principio ni siquiera existía- ahora parece un tiro libre para algunos jugadores.

Esta realidad mutable, en cambio constante, exige a su mismo tiempo nuevas formas lingüísticas que ayuden a explicar y comprender el presente. La tradicional división del baloncesto por posiciones, primero en tres categorías -base, aleros y pívots- y posteriormente en etiquetas más específicas -base, escolta, alero, ala-pívot y pívot- ha quedado obsoleta.

No en vano, ¿en qué categoría se podría incluir a un jugador total como LeBron James? ¿De verdad es Russell Westbrook lo que, tradicionalmente, entendemos como un base? ¿O por el contrario, viendo su función en la cancha, no era Hedo Turkoglu el base de aquellos Magic que llegaron a las Finales en 2009? ¿Es Draymond Green un pívot cuando comparte pista con Curry, Thompson, Iguodala y Durant -antes Barnes- en el llamado ‘quinteto de la muerte’? ¿Y qué es eso de que ahora Marc Gasol anota triples? ¿Además, cómo demonios definimos a superdotados como Giannis Antetokoumpo o Kristaps Porzingis?

Bases de más de dos metros, pívots undersized, jugadores de 2,15 que tiran más de tres que de dos y especialistas defensivos capaces de marcar tanto bases como ala-pívots. Lo que antes podían ser excepciones actualmente es la norma general.  Los esquemas han sido rotos y, como bien explica Andrés Monje en su recomendabilísima serie de artículos ‘Darwinsmo posicional’ -leer partes 1, 2 y 3-, “el juego ha hecho caducar la posición clásica”.

Es por ello que, desde hace mucho tiempo, en Estados Unidos se han generado una serie de términos y conceptos que puedan explicar el zetligst del baloncesto. Algunas de ellas, como por ejemplo ‘combo guard’, han calado profundamente en el espectro FIBA. Otras, sin embargo, son habitualmente obviadas. Las cinco demarcaciones clásicas han quedado obsoletas y lo que cuenta ahora es la función que cada jugador realiza sobre el parqué, así como el encaje que tienen sus habilidades en el global de la plantilla.

Aunque pueda parecer paradójico, el baloncesto parece encaminado hacia una disciplina en la que conviven la hiperespecialización de algunos jugadores con otros capaces de ir mucho más allá de los roles tradicionalmente aparejados a su posición.

El ejemplo más claro se ve en la posición de alero. Aleros son LeBron James y Bruce Bowen. Sin embargo, el primero posee unas funciones reales en pista que difieren, en mucho, con las del segundo. Mientras que ‘The Chosen One’ es, de facto, el organizador de todo equipo en el que ha jugado, lo que actualmente se conoce como un ‘point-forward’, el segundo era un defensor de élite que, además, suponía una amenaza a pies quietos desde la línea de triple, lo que posteriormente se ha llamado un ‘jugador 3D’. Dos aleros, sí, pero dos jugadores completamente diferentes y, además, complementarios, que incluso podrían compartir tiempo en pista a pesar de ocupar una misma demarcación clásica.

El caso Tecnyconta

Después de la salida de Torian Graham del Basket Zaragoza por problemas asociados a su actitud y profesionalidad, el Tecnyconta se encuentra en el mercado en busca de un jugador que complete su plantilla. La marcha de Graham, unida a la llegada de Janis Blums, hacen que, sobre el papel, la posición a reforzar sea la de alero. Así lo ha expresado el propio director técnico del club, Salva Guardia, que ha reconocido haber negociado con jugadores de distinto perfil como Robin Benzing, Carlos Delfino o Ivan Paunic. Todos ellos diferentes entre sí, aunque con una característica común: su posición.

Sin embargo, este jueves 14 de septiembre, el entrenador del equipo, Jota Cuspinera, explicaba en rueda de prensa la posibilidad de que el club firmase un escolta en lugar de un alero.

“Buscábamos un tres con unas características determinadas, pero esas características no las está ofreciendo el mercado. Queremos un tres que tire y que juegue bloqueo directo, un ‘swingman’ pero grande. Pero no lo encuentro. Ante eso, preferimos mirar qué más cosas hay, y el mercado ofrece cosas que nos permiten hacer una estructura de plantilla que a mi me guste y que pueda ser competitiva.

Tenemos dos jugadores a los que poco a poco hay que ir dando salida: Lovro Mazalin y Jonathan Barreiro. Son dos ‘treses’ de 2,04 cada uno, por lo que las circunstancias de defender a ‘treses’ grandes las podemos cumplir con ellos y ahora busco alguien que juegue bloqueo directo y además tire desde fuera”

En las palabras de Cuspinera se extrae como, para él, la función prima por encima de la posición. El técnico, además, introduce el concepto ‘swingman’, que vendría a ser la fusión entre los roles tradicionales del escolta y el alero. Una figura que en la NBA tendría su máximo exponente en Jimmy Butler.

Esta forma de aproximarse al baloncesto, más moderna, no es nueva en el Tecnyconta Zaragoza. Al menos, no desde que Salva Guardia llegase a la entidad aragonesa. Así, el director técnico ya ha realizado diferenciaciones de rol y posición anteriores, como cuando describió su juego interior ideal como: un ‘strecht four’, dos 4,5 y un pívot móvil.

El caso paradigmático, sin embargo, se produjo la temporada pasada con el fichaje de Marcos Knight. Con el equipo en busca y captura de un jugador interior, y más concretamente un pívot que pudiese dar la réplica a Henk Norel, Guardia terminó anunciando por sorpresa la incorporación de Knight, un escolta de 1,85 m. -siendo generosos- y cuya carta de presentación era ser el máximo anotador de la BBL. Aquello, que sobre el papel no tenía pies ni cabeza, se justificaba en la capacidad reboteadora de Knight, que promedió 6,2 capturas en los seis partidos que disputó como rojillo.

Más allá de lo acertado o no de la decisión, de si Knight es buen jugador o si de verdad era la mejor opción que presentaba el mercado, lo cierto es que marcó un camino en el que, para la actual dirección deportiva del Tecnyconta, la función se impone a la posición.

¿Por qué no me gusta el fichaje de Nicolas De Jong?

El fichaje del pívot Nicolas De Jong (2.10, 28 años) ha puesto el broche final a la plantilla del Tecnyconta Zaragoza para la temporada 2017/18. Después de un larguísimo verano, marcado por las estrecheces presupuestarias y el largo culebrón #FreeSebas, de infausto final, Jota Cuspiera ya conoce a los 11+1 hombres con los que deberá asegurar la continuidad del baloncesto ACB en la capital aragonesa.

Sobre el papel, el director deportivo Salva Guardia ha tratado de construir un equipo joven y agresivo, diseñado para conseguir una salvación holgada al mismo tiempo que entretiene a la grada. La mala experiencia vivida durante la 2016/17, en la que una plantilla formada por jugadores de talento Eurocup casi desciende a LEB mostrando una escandalosa apatía sobre la pista, marcó las directrices impuestas desde los despachos: era necesario un cambio radical. Ocho incorporaciones (nueve si finalmente se quedase Juanjo Triguero), además de un cuerpo técnico completamente renovado, dan fe de ello.

¿El denominador común? Casi todos ellos son jugadores semidesconocidos, procedentes de ligas menores, a los que se le presupone mucha hambre por hacerse un hueco en el baloncesto FIBA. Muchos de ellos son jóvenes o muy jóvenes. Además, la gran mayoría poseen un perfil atlético que, sobre el papel, les permite cubrir varias demarcaciones o realizar cambios en defensa.

Quizá por ello desentona la última incorporación de todas. Quizá por ello, me rechina particularmente el fichaje de Nicolas De Jong para completar la pintura. He aquí algunas razones:

1. Cualidades atléticas

Nicolas De Jong es un jugador grande, de 2.10 m de altura., aunque tampoco se le puede considerar una de las grandes cimas de la Liga. Sobre el papel, y sin contar a Triguero, se trata del techo de un Tecnyconta que, eso sí, sufre para cumplir aquello de que la altura media de la plantilla ha de situarse como mínimo en torno a los 2 metros.

Por desgracia, también es lento.

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Sorprende que, en un equipo que quiere jugar rápido, se haya optado por un cinco poco móvil y de corte clásico. No parece el jugador adecuado para cambiar en todas las defensas, aunque sí para fajarse con las grandes torres que pueblan la ACB.

En su debe atlético, además, figura la capacidad de salto.

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De Jong no es un jugador que pueda jugar por encima del aro habitualmente. Tiene sus virtudes, especialmente destaca su toque cerca del aro, lo que le permite anotar con frecuencia a pesar de lo hosco de sus movimientos, pero su capacidad de salto es limitada, lo que nos lleva al segundo punto.

2. Falta de rebote

Llama poderosamente la atención de que un cinco grande como De Jong solo haya promediado 3,8 rebotes por partido durante su última temporada en la Pro A francesa. Especialmente si se tiene en cuenta que ha jugado 21,2 minutos de media.

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De hecho, si proyectamos sus números a 40 minutos, nos sale una media de 7,1 capturas, muy lejos de los 10,4 rebotes por 40 minutos de Henk Norel o, incluso, de los 8,3 que proyectaría Filip Kraljevic. Estos guarismos, además, son sostenidos a lo largo de su carrera. De hecho, en partidos internacionales con la selección holandesa su tope son seis capturas en un partido.

Curiosamente, este debe particular cerca del aro no se corresponde con su capacidad para taponar, que aunque discreta puede ser aceptable. Durante la pasada campaña, De Jong promedió 0,94 tapones por 40 minutos de juego. Evidentemente, muy lejos de un especialista como Jarvis Varnado, que durante la temporada 2015/16 promedió 2,03 tapones por cada 40 minutos de juego, aunque cercanos a los 1,19 blocks por 40 minutos que registró su compatriota Henk Norel en la pasada Liga Endesa.

3. Diferencia con el plan inicial

En una extensa entrevista en el programa #ADBasket al inicio del verano, Salva Guardia definió el juego interior que deseaba para su Tecnyconta con una hoja de ruta que, durante gran parte del estío, pareció seguir a raja tabla. Sintetizando, la fórmula era la siguiente: un cinco atlético y muy móvil, dos 4,5 que pudiesen alternar ambas posiciones y, como colofón, un strech four que amenazase desde el triple en ataque. El resultado final, con dos ala-pívots abiertos, un cinco físico, otro de corte clásico y la baza de Triguero nada tiene que ver.

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Sorprende todavía más que la llegada de De Jong obedezca al revés sufrido por la marcha de Sebas Saíz a Burgos. Dejando a un lado lo que Saíz pueda aportar o no en su primer año como profesional, lo que está claro es que el ex de los Rebels y el holandés no se parecen absolutamente en nada. O dicho de otra forma, son dos jugadores completamente diferentes, por lo que resulta difícil tildar a uno como plan b del otro. Como bien se puede observar en la foto panorámica del juego interior, ha habido un cambio de criterio.

4. Factor Romaior

Vaya por delante que no es mi intención levantar más suspicacias de las necesarias. Sin embargo, a nadie se le escapa el papel que la agencia de representación Romaior Sports juega en la actual plantilla del Tecnyconta Zaragoza. De hecho, hasta seis jugadores rojillos, además del entrenador, provienen de la empresa de Juan Lasso. La misma que empleó al director general del club, Salva Guardia, antes de su desembarco en la entidad.  Estas sinergias entre clubes y agentes no son novedad, ni exclusivas de la capital aragonesa. Además, no tienen porque ser negativas, pues suelen generar situaciones en las que el quid pro quo beneficia a las dos partes.

Dicho esto, sí que me escama el hecho de que De Jong provenga de la misma empresa que Saíz. Máxime cuando son dos jugadores tan distintos entre sí. Sobre todo, cuando el propio Guardia había realizado declaraciones en las que afirmaba que no le importaba esperar a que se conociesen los descartes NBA para fichar al jugador adecuado.

El pasado 27 de julio, cuando Saíz desbloqueó su situación contractual con Estudiantes para aceptar su oferta, a mi me vino a la mente en qué lugar quedaba su agente en todo aquello.

La trama era mucho más enrevesada y, entonces, estaba lejos de solucionarse. Al final, el 28 de agosto, y con el jugador rumbo a Burgos cedido por el Real Madrid, ha habido contrapartida. Se suele decir que “piensa mal y acertarás”. Por ello, no me gusta haber acertado.

5. ¿Un nuevo Kraljevic?

Expuestos mis motivos, no me gusta cerrar en negativo. Varios son los que, por Twitter, han sacado a relucir el nombre de Filip Kraljevic, en lo que se ha convertido ya en la medida universal del jugador bluff para el entorno del Tecnyconta Zaragoza.

Pero no creo que el caso sea comparable, y si aquí están numeradas las razones por las que el fichaje me causa cierto rechazo, no es menos cierto que también hay argumentos para alabarlo. El problema de Kraljevic fue, fundamentalmente, de nivel. Mis dudas, son más bien de encaje en el equipo y, también, de procedencia.

Es obvio que, a pesar de haber tenido una carrera hasta ahora en segundo plano, el jugador también aúna virtudes. Entre ellas, un fantástico toque en las cercanías del aro. Pero para resaltarlas ya se encuentran los canales oficiales.

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El día que nos hicimos mayores

La gran mayoría de culturas poseen ritos o celebraciones que marcan el paso del individuo de la etapa infantil a la edad adulta. Sin embargo, en la cultura cada vez más global de occidente en la que nos encontramos inmersos, los límites son cada vez más difusos, por no decir que en algunos casos han sido completamente borrados. Pese a que la comunidad judía todavía celebre el Bar Mitzva o en México exista la fiesta de la Quinceañera, aunque en MTV podamos ver pomposas celebraciones de Sweet Sixteen, lo cierto es que dichos actos solo son simples vestigios tradicionales, cuando no meras ostentaciones del consumismo, y no eventos con unas consecuencias tangibles en la vida del iniciado.

Hace mucho que la sociedad posmoderna eliminó la figura del adulto tradicional de sus manuales. La adolescencia se prolonga hasta años después de sus consecuencias fisiológicas y, tras ella, llega ese éter que supone la juventud. Ahora, todos somos jóvenes.

Actualmente hay treinañeros con carné joven y otros que nunca han cotizado a la Seguridad Social. Treintañeros de Erasmus y cuarentones copando los garitos nocturnos, porque los chavales hace años que encontraron alternativas de ocio diferentes a ponerse como las Grecas al ritmo de esa amalgama musical que hemos acordado calificar como ‘pachanga’. Los videojuegos ya no son para niños, porque los que eran niños cuando éstos aparecieron nunca dejaron de jugar. Películas de superhéroes y Pokémon Go.

Hace ya muchos años que un amigo, para más inri ya emanzipado por aquel entonces, le comentó a su padre que había quedado con sus amigos para ir a jugar a los bolos un viernes por la noche. La contestación de su padre no pudo ser más gráfica: “dile a tus amigos que ya es hora de madurar”. Nunca la brecha generacional estuvo mejor expresada.

Los medios suelen hablar de la generación perdida, la que pasó de usar el término mileurista como adjetivo peyorativo a verlo como una aspiración profesional. Una generación fracasada, que sin embargo triunfó en su cruzada por no tener que llevar zapatos nunca y poder utilizar camisetas del Capitán América sin ser repudiados socialmente. Es la generación de la nostalgia, de la continua mirada atrás. Moda retro y artículos vintage. Camisetas de Charles Barkley en los Phoenix Suns en El Corte Inglés y la de Fernando Arcega en ‘Yo los vi jugar’. Las Jordan III que no te pusiste permitir en su momento, en unos materiales muchos más pobres que las originales, y todos los artículos y películas de ‘Star Wars’ que tu padre imaginó en los 70’. Actualmente se puede ir a ver al cine la nueva de ‘Ben Hur’ y de ‘Los 7 Magníficos’. Lamentablemente, llegas tarde para ‘Las Cazafantasmas’.

En 2002, un grupo de empresarios aragoneses se plantearon devolver el baloncesto a la ciudad de Zaragoza. Era un proyecto ambicioso, que pretendía llegar a ACB en un solo año, pero cuya aceptación quedó fuera de toda previsión.

En la rueda de prensa de presentación, el nuevo club anunció su nombre y colores corporativos. El club se llamaría Basket Zaragoza 2002 y vestiría de rojo. Además, un detalle relevante, dejaría el número 6 deserto en reconocimiento a Fernando Arcega, tal y como había hecho el antiguo club de referencia de la ciudad, el histórico CB Zaragoza. La intención era clara y nada disimulada, se trataba de conectar en la memoria colectiva al recién llegado con los días de gloria del balón naranja en la capital aragonesa. El plan se redondeó cuando consiguieron que la Caja de Ahorros de la Inmaculada se involucrase en el proyecto.

Había vuelto el CAI Zaragoza; shut up and take my money.

Los planes de tapar el segundo anillo del Príncipe Felipe con unas lonas para hacerlo más acogedor quedaron automáticamente desfasados. La locura desatada aquellos años es difícil de explicar y, a buen seguro, estaba fuera de toda previsión, pero nada fue casual. CAI Zaragoza es mucho más que una mera denominación comercial. El club de baloncesto de Zaraoza es el CAI, sin importar lo que CAI signifique. Por eso en 2011 el equipo nunca se llamó Caja3, como si hizo el BM Aragón, ni pasó a ser el Ibercaja Zaragoza en 2013.

Pero la situación era anómala y era cuestión de tiempo que tuviese un final. Esta temporada el equipo será denominado Tecnyconta Zaragoza y todos nos sentimos raros. Han sido 14 años consecutivos de CAI Zaragoza y el nuevo club posee un legado que incluso se sostiene por sí mismo, sin el apoyo sentimental del viejo CBZ. Donde antes veíamos unas formas y colores por todos reconocibles, ahora el club ha presentado unas letras blancas sobre fondo negro y un pequeño cuadrado amarillo en la esquina superior derecha. Y todos sabemos que es el mismo equipo, el mismo club, pero al mismo tiempo hemos visto como un pequeño capítulo de nuestra vida ha llegado a su fin de manera irremediable.

Quizá, con la marcha definitiva del CAI Zaragoza hayamos madurado un poco.

Supersticiones

Texto publicado en El ‘traspiés’, columna de periodicidad semanal para AragónSport.com

 

No creo en Dios. Lo tengo claro, aunque no lo pueda explicar con la precisión de un científico. Acepto que haya gente que prefiera creer en la figura de un ser superior, pero yo no de esos. Lo mio es peor. A lo largo de mi vida he tendido a creer en cosas menos razonables. Soy consciente del absurdo, pero no lo puedo evitar. Por ejemplo,en el instituto estuve convencido de que si hacía los exámenes con un boli determinado iba a aprobar. Cuando se le acabó la tinta, me lo llevaba igualmente y, a duras penas, escribía mi nombre con él esperando que su magia se extendiera por el resto de las respuestas. Ojo, que ya no era un niño, la selectividad la hice así. En la universidad cambié de ritual y, cuando llegaba febrero o junio -y septiembre, desgraciadamente-, dejaba de afeitarme. Lo hice siempre, me hubiera ido bien o mal en el anterior cuatrimestre. Además, como Jim Carrey en ‘El número 23’, mantengo una extraña obsesión con el dorsal de Michael Jordan. Es lo que hay.

 

Durante un tiempo también estuve convencido de que era gafe. Como muchos, me aboné al CAI Zaragoza en el verano de 2002. Lo que vino después es historia conocida: el ‘playout’ de la primera temporada, los batacazos ante Granda, León o Murcia, el descenso… Decepción tras decepción. El pabellón casi siempre estaba lleno, pero yo me acabé culpando por ello. A mi y a mi amigo Jorge, que me acompañó en la butaca desde el primer día. Estaba convencido de que le dábamos mala suerte a nuestro equipo. El hecho de que los rojillos no hayan ganado nunca fuera de casa cuando yo he estado presente en la grada, o incluso en la tribuna de prensa, incrementó la sensación. ¿Otra píldora? El ascenso de 2010 lo vi desde Inglaterra. “Ahora que no estoy yo seguro que ganan”, pensé mientras intentaba descifrar que estaba pasando en el ‘stream’ de FEB TV. Acerté.

 

Paso a paso, el CAI Zaragoza ha ido creciendo casi sin darnos cuenta. Sin prisa, sin pausa; aceptando las etapas que le ha tocado vivir en cada momento. Con los pies en el suelo y la cabeza en el cielo. Seguramente, la fórmula del éxito. De manera natural, la marea roja se ha acostumbrado a ganar. A ver a su equipo como una alternativa frente a los poderosos, y no como el conjunto que intenta evitar el regreso a la LEB. Un proceso que, gradualmente, ha ido retirando de mi cabeza la estúpida teoría del gafe. De hecho, ya ni me acordaba de ella… Hasta este domingo.

 

Estoy fuera de España pero el CAI jugaba contra Valencia y yo tenía que ver el partido. Resulta que, según su propia nota de prensa, la Liga Endesa se ve esta temporada en 115 países, pero el Reino Unido no es uno de ellos. A pesar de que no hay ninguna cadena de televisión con derechos que violar, Orange Arena corta la señal y conseguir un ‘stream’ que emita sin píxeles del tamaño de Joseph Jones cuando aterrizó en Zaragoza resulta misión imposible. Afortunadamente quedaba la radio autonómica, que emite por Internet. Mi conexión al que, según Willy Villar en Twitter, ha sido el partido con mejor ambiente en el Príncipe Felipe. Máxima igualdad como tónica general y momentos de máxima tensión en el último cuarto. Pau Ribas, como casi siempre, haciéndonos daño hasta ser, en esta ocasión, el MVP de la jornada. Por si fuera poco, tengo que salir de casa y el 3G vacila. Todavía me quedaban Twitter y Whatsapp, pero aquello solo incrementaba los nervios. “No estoy en el pabellón, así que seguro que ganan”, me intento tranquilizar mientras voy en el autobús. Acerté, claro que en esta ocasión no se trata de que yo sea gafe, sino de que el equipo es muy bueno.

‘Made in Texas’

Texas no es un estado más. Su especial idiosincrasia y folclore lo convierten en un territorio único, con una fuerte personalidad que permanece marcada a fuego en el imaginario popular. Hasta seis países han llegado a reclamar sus interminables páramos en un momento u otro de la historia. Un legado cultural cristalizado a través de sus característicos ranchos y regado por los dólares procedentes del petróleo. “Todo es más grande en Texas”, dice con orgullo uno de sus eslóganes más reconocibles. Una máxima que llevan a la práctica en todos los ámbitos de la vida.

A pesar de contar con numerosas franquicias en las diferentes ligas profesionales, los texanos, como casi todos los estadounidenses, vuelcan su devoción en el deporte universitario. Algo que en el estado de la estrella solitaria se dibuja, fundamentalmente, en dos colores; el ocre de la Universidad de Texas (UT) y el granate de Texas A&M (TAMU). Los dos centros públicos más numerosos, con aproximadamente 50.000 alumnos cada uno. Dos equipos, Longhorns y Aggies, que paralizan el estado cada vez que se miden entre ellos. Especialmente en fútbol americano, el deporte por excelencia en Texas. Casi, una religión. Así lo refleja la recomendable serie de televisión ‘Friday Night Lights’, ambientada eso sí en el ámbito de instituto.

El primer partido de fútbol americano entre ambos colosos data de 1894. Una rivalidad que poco a poco iría impregnando al resto de modalidades. Tanto que, a lo largo de los años, llegaría a generar el llamado ‘Lone Star Showdown”, una pequeña competición que contabilizaría todos los enfrentamientos directos entre las dos universidades en cada disciplina. Esto es, cada victoria de un equipo sobre otro, sea cual sea la disciplina, supone un punto para la general. Asunto de estado. Con tal competitividad, sumada al placer de poder derrotar al eterno rival, cada partido entre la UT y TAMU es una batalla. También en baloncesto, claro. Un ambiente especial que bien conoce Joseph Jones, actual jugador del CAI Zaragoza y máximo referente en el que seguramente ha sido el mejor equipo de los Aggies en el presente siglo.

Así, en 2006, el equipo de la A&M se desplazó al Frank Erwing Center, hogar de su eterno rival, con la intención de tumbar al que por entonces estaba considerado como el séptimo mejor equipo del país. En una actuación memorable, Joseph Jones acumulaba 31 puntos en su casillero particular a falta de, aproximadamente, cuatro minutos para el término del partido. Una auténtica masacre al poste bajo que los Longhorns eran incapaces de frenar. Hasta que Brad Buckman, su par, decidió simular falta tras un contacto en ataque del actual poste rojillo. Quinta personal y al banquillo. “No estaba fallando ningún tiro y tenía que intentar hacer algo”, dijo después el interior de la UT. En aquel asalto, los locales se apuntaron el tanto (70-83).

Afortunadamente, en el partido de vuelta, los Aggies pudieron vengarse. En un choque trabado, los de la A&M consiguieron vencer a sus máximos rivales (46-43) y desataron la locuraen el Reed Arena. Tanto que el público terminó por invadir la pista, tal y como se muestra en este vídeo. “El partido más importante de la historia”, dice el narrador.

Este miércoles, Buckman, actualmente en el Besiktas turco, y Jones se volvieron a encontrar las caras sobre el parqué. En esta ocasión, con la Eurocup como telón de fondo. A pesar de la evidente motivación mostrada por tener en frente a su viejo rival, el pívot del CAI tuvo un mal partido con solo dos tiros de campo de los siete anotados. Cobrándose, eso sí, un brutal tapón a su favor. El triunfo, como ocurrió en Texas, fue para el equipo de Buckman. Claro que todavía queda la vuelta…

Cinco euros

Texto publicado en El ‘traspiés’, columna de periodicidad semanal para AragónSport.com

 

No suele ocurrir, menos en tiempos de crisis, pero hace no mucho me encontré un billete de cinco euros en la calle. No había nadie alrededor así que, no sé si de manera correcta o incorrecta, decidí echármelo al bolsillo. El hecho, por inhabitual en mi vida, sirvió para alegrarme la tarde. Desde luego, el botín hallado no es una fortuna precisamente. Aquel papel grisáceo y arrugado no supone mi pase a una vida mejor ni un cambio sustancial en mi día a día, pero al que le amargue un dulce posee un serio problema en sus papilas gustativas. Evidentemente, no voy a negar que todo aquello que se consigue a través del esfuerzo conlleva una recompensa superior. Es verdad que la satisfacción de lograr aquello que ha sido largamente deseado resulta plena. “Si nunca has ahorrado para unas Nike, nunca has disfrutado unas Nike”, cantaba Toteking cuando parecía que iba a molar. La rima es cuestionable pero el fondo se hace entender.

 

Este domingo, el CAI Zaragoza se encontró un billete de cinco euros en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Bueno, no exactamente. De hecho, lo conseguido por los aragoneses posee un valor superior. La victoria, aderezada con una renta de 27 puntos de diferencia, puede ser un lingote de oro si los pupilos de José Luis Abós consiguen mantener la octava plaza que ocupan en la actualidad, y que les daría derecho a participar en la próxima Copa del Rey. Sin embargo, existe el peligro de que se devalúe por el escaso nivel mostrado por un Tuenti Móvil Estudiantes que no tiene fly, ni party, ni siquiera una sabrosura. Los colegiales no tienen nada, papi. Acaso un Ivanov voluntarioso y una cantera prometedora que no saltó a la pista hasta que la Demencia lo demandó de manera insistente en el último cuarto.

 

El CAI, por tanto, hizo lo que debía. Borró a su rival desde la defensa, jugó en ataque como acostumbraba, con un pívot referencia y una batería de tiradores abiertos para aprovechar los espacios, y, prácticamente, no se dejó llevar en ningún momento. Quizá cuando dobló en el marcador a su rival, 30-60, hubo un atisbo de relajación. Situación que, eso sí, fue corregida para terminar el encuentro con un abultado 62-89. Misión cumplida, y ahorrando fuerzas para el exigente compromiso que espera el miércoles ante el Besiktas en Estambul. El CAI se encontró cinco euros en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, sí, pero los invirtió hasta multiplicar los beneficios. Yo, sin embargo, apenas recuerdo en qué me los gasté.