Tomás Bellas; el último servicio del capitán

No es oficial pero parece claro que esta podría haber sido la última temporada de Tomás Bellas en el Basket Zaragoza. Al menos, de una primera etapa, pues el futuro es incierto y en opinión del que escribe nada está escrito. Aquel al que bautizaron como Capitán Bellas en su etapa en Gran Canaria le ha tocado navegar las aguas más turbulentas en la historia del club aragonés. Nada sencillo para un jugador que, independientemente del entorno o su nivel de juego, siempre ha mostrado un compromiso con la entidad que nadie puede negar. Equivocadamente o no, Bellas siempre ha intentado hacer lo que consideraba mejor para el equipo y solo por ello nunca será uno más de todos los jugadores que han vestido la casaca rojilla a lo largo de estos años.

Pero el temporal ha sido fuerte. La mejor muestra de ello son los otros cuatro bases que le han acompañado en la posición de uno a lo largo de la temporada. Inestabilidad máxima en una demarcación que, por definición, debería ser la más centrada. Bellas ha sido la única constante en un mundo de incertidumbres. De hecho, sus 26,4 minutos por partido le convierten en el segundo jugador más utilizado del Tecnyconta, solo por detrás de Gary Neal, y, lo que es más significativo, en el noveno jugador que más tiempo ha estado en cancha de toda la Liga.

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Tal y como se puede observar en el gráfico, solo la llegada de un tótem del baloncesto europeo como Bo McCalebb le redujo la carga de responsabilidad. En total, Bellas acumula nueve partidos jugando 30 minutos o más. En líneas generales, se podría decir que ha estado muy solo.

No obstante, no se debe negar la realidad. La temporada de Bellas, como la de todo el equipo, ha sido más bien mala. Si tomamos el PER como medida orientativa para medir la eficiencia de un jugador, podemos observar como la 2017/18 sería la peor temporada de Tomás Bellas en Zaragoza. Peor, incluso, que el curso pasado, cuando unos problemas físicos le condicionaron su rendimiento durante todo el año. Y, sobre todo, muy lejos de sus dos últimas temporadas en Gran Canaria, en las que fue uno de los bases punteros de la competición y le granjearon un sabroso contrato en la ciudad del cierzo.

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De hecho, si proyectamos la estadística a 36 minutos por partido y comparamos el rendimiento de Bellas con el resto de bases titulares de la ACB, se puede observar como el madrileño no logra destacar ni en puntos producidos ni en asistencias repartidas por minuto. De hecho, se queda en el furgón de cola en ambos apartados.

Evidentemente la estadística requiere un contexto y el Tecnyconta 2017/18 ha resultado un entorno muy especial. La presencia de Gary Neal, el jugador que más minutos ha disputado de la liga y el tercero en toda la competición que más balón ha acaparado en ataque, con un 29,6% de usage, hacen que el protagonismo de Bellas se haya visto ampliamente reducido, especialmente en ataque. Esto también le sucede, por ejemplo, a Gregory Vargas, de Fuenlabrada, quién, al compartir backcourt con Marko Popovich, también ve minimizada su influencia en el juego de ataque de su equipo.

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Queda la defensa, claro. Un apartado prácticamente imposible de cuantificar. Es ahí donde el madrileño se ha ganado el pan. Tanto para Jota Cuspinera, como para Pep Cargol después, Bellas ha resultado el defensor exterior más fiable en un equipo que, por otro lado, ha sido un auténtico agujero negro en su conjunto. Así se ha visto en los numerosos minutos que ha compartido no solo con Gary Neal, sino con cualquiera de los bases que han pasado por la plantilla a lo largo del año.

Decíamos al principio que esta ha sido, probablemente, la última temporada de Tomás Bellas en el Tecnyconta Zaragoza. Al menos, de esta hipotética primera etapa. Podría decirse que ha sido amarga, aunque la salvación lograda con dos jornadas de antelación ha reducido cualquier daño mayor. La nave, pues, ha llegado a buen puerto, por lo que puede descansar su capitán.

Nota: 5/10

El regreso del Caballero Oscuro

Zaragotham, 2018 de un presente ucrónico. Han pasado diez partidos desde que Gary Neal fue nombrado MVP de noviembre. Diez partidos que bien parecen diez años. Diez partidos traducidos en nueve derrotas y una sola victoria.

Robin ya no está, una muerte en la familia se lo llevó demasiado pronto. Valencia Basket, el Joker obsesionado por todo aquello que huela a Basket Zaragoza, apartó a Sergi García de su proverbial destino.

El largo invierno de resultados también se llevó por delante toda esperanza previamente generada. Por el camino, Jota Cuspinera pasó de ser el rostro de la ilusión a héroe caído totalmente superado por la situación. El prometedor fiscal del distrito Harvey Dent ahora era el villano Dos Caras, lo que le acabó acarreando su salida del club.

¿Quién podría salvar a la ciudad?

Frente al caos absoluto, solo un hombre parece resignado a mantener el orden. Con semblante visiblemente cansado pero gesto sereno, Pep Cargol, ascendido a comisario por las circunstancias, se niega a dar todo por perdido. Aunque su papel en primera línea pudiese parecer temporal en primera instancia, una mera transición hasta la llegada de un futuro entrenador que salve el día y lidere el nuevo proyecto, será fundamental. Viejo aliado del murciélago, Cargol es consciente de que un posible regreso de Batman necesita unas condiciones óptimas en Zaragotham City para ser efectivo.

Y una tormentosa noche de domingo Batman regresó.

Más viejo, menos ágil pero mucho más sabio. Gary Neal encarna el perfecto Batman crepuscular. No es, desde luego, aquel superhéroe que anotó 24 puntos en el tercer partido de las Finales NBA de 2013. Sin embargo, consciente de sus limitaciones, es capaz de regular sus esfuerzos y batir el récord anotador del Basket Zaragoza en la Liga Endesa.

Contra Obradoiro, Neal consiguió un nuevo MVP de la jornada tras terminar el encuentro con unos impresionantes 36 puntos y 33 de valoración, que incluyen un no menos increíble 6/9 en lanzamientos triples.

El regreso del Caballero Oscuro es un hecho. La noticia ha recorrido las calles y Zaragotham ya es consciente del hecho. La batalla todavía no está ganada, desde luego. De hecho, todavía quedan varios tomos para descubrir si Batman será el único hombre capaz de derrotar al Superman que supone el descenso a la LEB, pero por primera vez en mucho tiempo la ciudad ha recuperado la fe.

 

Última posesión y tres arriba en el marcador; ¿falta o defensa?

Última posesión del partido, tu equipo va tres arriba en el marcador y el rival tiene el balón; ¿defender o hacer falta?

Para muchos, la opción está clara. Muy clara, de hecho. Falta, dos tiros libres para el rival, algún segundo descontado por el camino y, en el peor de los casos, ventaja de un punto y posesión.

Sin embargo, no se trata de una decisión unánime.

No lo fue, por ejemplo, en el pasado Tecnyconta Zaragoza – Estudiantes. Cuando, al final de la primera prórroga, con ocho segundos en el cronómetro y saque de banda para los colegiales, los aragoneses permitieron el más que previsible intento triple de Sylven Landesberg. ¿El resultado? Triplazo del máximo anotador de la Liga Endesa que llevaba al encuentro a su segundo tiempo extra.

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Visto desde la grada, existía la duda de si había decisión del banquillo o del jugador, que una vez iniciada la acción hubiese optado por no usar las manos e intentar puntear el más que previsible lanzamiento de la estrella estudiantil. Sin embargo, revisando el tiempo muerto por televisión, queda claro que no hubo orden explícita de hacer falta.

En rueda de prensa, Jota Cuspinera, que quiso alabar la actuación de Jonathan Barreiro a lo largo del encuentro (10 puntos, 4 rebotes en 25 minutos de juego), se refirió a dicha acción:

“Es un jugador que comete errores de jóvenes. El triple que deja a Landesberg al final es error de joven. No me importa. Bueno, me importa pero es joven. Tiene 20 años, los va a cometer”

Pero cuál fue el error de juventud: ¿no tener la iniciativa propia de hacer falta, o haber dado espacio suficiente al letal Landesberg para que efectuara su lanzamiento?

Dado que no hubo orden previa de mandar al norteamericano a la línea de tiros libres, la repuesta parece clara. Sin embargo, ¿tiene sentido no haber hecho falta por convicción?

A este respecto, la defensa más famosa se sustenta en el estudio que Ken Pomeroy, pionero en el uso de la estadística avanzada para analizar el baloncesto universitario en Estados Unidos, publicó en su blog en 2012.

En él, Pomeroy recogía una sorprendente conclusión. Después de 814 partidos analizados, el 93,5% de los equipos que habían optado por defender habían ganado el partido, mientras que el porcentaje de victorias lograda por aquellos equipos que habían optado por hacer falta era ligeramente menor, el 92%. La diferencia es mínima, aunque se decanta por aquellos que deciden defender. ¿Por qué?

1.- El bajo porcentaje de acierto

Según encontró Pomeroy, solo el 16% de los lanzamientos triples analizados durante su estudio habían conseguido forzar la prórroga. Se trata, por tanto, de una opción de bajo riesgo para el equipo que decide defender. Esto se debe, principalmente, a que se trata de una jugada fácilmente anticipable por la defensa, ya que el rival apenas posee capacidad de elección.

Con el cronómetro apretando, el triple es la única opción y, además, resulta fácil predecir quién será el encargado de jugárselo. De hecho, si analizamos la jugada del Tecnyconta – Estudiante vemos como Barreiro llega a tiempo para puntear el intento de Landesberg, y solo un pequeño instante de duda del gallego le permite al colegial armar el brazo.

2.- Riesgo cero de derrota sobre la bocina

Esto puede parecer una perogrullada, aunque no lo es. Al final, el lanzamiento de Landesberg no suponía la victoria del Estudiantes. De hecho, aunque entró, el Estudiantes terminó perdiendo el partido. De esta manera, en el peor escenario, el partido se va a la prórroga, o a la segunda prórroga como pasó el domingo. El equipo que decide defender tiene, por tanto, opción de reaccionar durante el tiempo extra.

Sin embargo, si el equipo opta por llevar al rival a la línea de tiros libres, el riesgo de derrota instantánea se convierte en real. Dos escenarios posibles:

2.1.- Posibilidad de tiro libre + rebote ofensivo

Según recoge Pomeroy, la posibilidad de rebote ofensivo tras tiro libre aumenta sensiblemente cuando la victoria está en juego. Normalmente, el 20% de los rechaces tras tiro libre suelen acabar en manos del equipo atacante, un porcentaje que se incrementa hasta el 40,6% cuando se trata de la última oportunidad.

2.2.- Carrusel de faltas

El otro escenario negativo para el equipo que opta por hacer falta es que el partido entre en un carrusel de faltas, un escenario imprevisible y mucho más difícil de controlar.

En la segunda prórroga se vivió una situación semejante cuando, con 100-97 en el marcador y 12 segundos por jugarse, Landesberg recibió el balón.

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Tecnyconta, una vez más, optó por defender de la mano de Barreiro, que esta vez denegó el triple. Para sorpresa de muchos, y gracias al mayor margen de maniobra que le ofrecía el cronómetro, el máximo anotador de la Liga Endesa optó por penetrar, probablemente buscando el contacto con De Jong. Sin embargo, el pívot franco-holandés le denegó el paso de manera limpia y el triunfo se quedó en Zaragoza.

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¿Se atasca el Tecnyconta con Sergi García en pista?

Sensación de alivio en la parroquia rojilla tras la derrota del Tecnyconta en Santiago por 80-76 el pasado sábado. Aunque resulte paradójico, el resultado negativo ha sido acogido mayoritariamente como buenas noticias, pues las expectativas generadas durante la pretemporada apuntaban a un desastre que no se llegó a producir. Por contra, el equipo de Jota Cuspinera se mostró capaz de competir, nunca perdió la cara al partido y varios jugadores enseñaron esa versión idílica de sus capacidades que espera cada aficionado cuando se anuncia su fichaje.

En líneas generales, se puede afirmar que figuras como Dragovic (16p, 5r y 21v), Neal (16p), Blums (17p y 13v con 4/7 en triples), Barreiro (6p con un sólido 2/3 en triples), Suárez o De Jong (ambos en su papel de jugadores de rotación) salieron reforzadas de Fontes do Sar.

Pero claro, el partido se perdió y hay que buscar razones por las que el casillero de victorias permanece a cero. Máxime, cuando el Obra no dio muestras de ser un equipo muy superior y todo parece indicar que acompañará a los zaragozanos en el grupo que ha de luchar por evitar el descenso.

La crítica de aficionados y prensa, tendente siempre a analizar el juego como una suma de individualidades, subraya en negativo en el papel desarrollado por los dos bases del equipo, así como el poco impacto que Jarvis Varnado, hasta la llegada de Gary Neal presunta estrella del equipo, tuvo en el partido. Lo cierto es que la estadística es clara. Entre Bellas y García sumaron 4 puntos, 6 asistencias (todas ellas logradas por Bellas) y 3 de valoración (también aportados por el ’11’ rojillo). Números pobres que prueban la necesidad de mejora en el ‘uno’.

Sin embargo, a pesar de ello, el equipo pareció funcionar durante, al menos, tres cuartos. Se vio una defensa intensa, con ayudas y muchas menos desconexiones que en la pretemporada. En ataque, el equipo jugaba rápido, con posesiones cortas y porcentajes de acierto más que interesantes. Así, al término del tercer cuarto, los rojillos mandaba por 56-61.

Lamentablemente, al inicio del último acto todo se torció. El Tecnyconta entró en barrena y, tras un parcial en contra de 12-1, la derrota se percibió como la opción más probable. Varios son los ojos que miran a Sergi García como máximo responsable, no en vano era el director de juego en pista.

La estadística es demoledora en su contra pero, ¿realmente es el responsable del atasco que sufrió el equipo?

Veamos las posesiones ofensivas jugadas por el Tecnyconta durante dicho parcial:

Min 9.41 – Sergi ordena un sistema y acto seguido se va a una esquina. La jugada termina con penetración de Blums, falta sobre el letón y dos tiros libres que suponen el único punto de los aragoneses durante el parcial.

Min 9.02 – El balón vuelve a Blums, que actúa de facto como generador una vez más. Pérdida del letón cuando intentaba jugar pick’n’roll con Suárez.

Min 8.30 – Contraataque defectuoso que Michalak termina con un triple porque sí. Acto seguido, el polaco se va al banco.

Min 8.25 – Sergi, el base, saca de banda. Balón a Blums que se juega un triplazo de ocho metros y con un defensor encima. Falla.

Min 8.11 – Afortunadamente, Suárez coge el rebote ofensivo. Éste se la da a Sergi, que penetra. Después de saltar, el joven balear dobla a De Jong, que está solo bajo canasta. El internacional holandés falla incomprensiblemente lo que hubiese sido una asistencia de libro. “Este tipo de fallos mata el esfuerzo del equipo”, dice Piti Hurtado en la retrasmisión.

Min 7.49 – Neal, que acaba de entrar en pista, sube la bola. Se la da a Sergi, que vuelve a penetrar. En el último momento vuelve a doblar el balón, en esta ocasión a Suárez, que está libre de marca en la línea de triple. El ala-pívot, a pies quietos, falla  un lanzamiento que para un especialista como él es lo más parecido a un tiro libre. Sergio sigue con cero asistencias; ¿pero es realmente su culpa?

Min 7.27 – Neal vuelve a subir la bola, le hacen falta y Sergi saca de banda. ¿De verdad es Sergi el base? La jugada termina con una penetración lastimosa de Varnado, que se lleva un tapón.

Min 7.05 – Ahora sí, Sergi sube la bola y recibe falta de Laksa en la presión. Acto seguido, el sistema consiste en darle la pelota a Varnado en el poste alto, bloquear al defensor de Neal y que este tenga vía libre para anotar. Lamentablemente el americano falla una bandeja.

Min. 6.40 – Tiempo muerto. Entra Bellas y Sergi se sienta. El equipo todavía permanecería sin anotar algo más de dos minutos y medio.

La lectura de la estadística nos indica que, con García, el Tecnyconta acumuló -6 en total, no dio ninguna asistencia y solo anotó dos puntos (desde el tiro libre). Sin embargo, la simple revisión de un extracto del partido, del peor tramo llevado a cabo por los aragoneses, no hay ni un fallo achacable al balear -en ataque-.

¿De verdad se puede hablar de que Sergi es uno de los problemas del Tecnyconta Zaragoza?

El cambio de paradigma en el baloncesto actual: posición vs función

El baloncesto es un deporte dinámico, y quizá por eso resulta tan atractivo. Dinámico en su juego pero también en su evolución. Probablemente, existen pocas disciplinas que cambien tan rápido y de manera tan frecuente como lo hace el baloncesto.  Fundamentalmente, por las características físicas de los jugadores. Cada generación es más rápida, más alta y salta más que la anterior. Así, los aros se han quedado bajos, el campo pequeño y la línea de triple -que en un principio ni siquiera existía- ahora parece un tiro libre para algunos jugadores.

Esta realidad mutable, en cambio constante, exige a su mismo tiempo nuevas formas lingüísticas que ayuden a explicar y comprender el presente. La tradicional división del baloncesto por posiciones, primero en tres categorías -base, aleros y pívots- y posteriormente en etiquetas más específicas -base, escolta, alero, ala-pívot y pívot- ha quedado obsoleta.

No en vano, ¿en qué categoría se podría incluir a un jugador total como LeBron James? ¿De verdad es Russell Westbrook lo que, tradicionalmente, entendemos como un base? ¿O por el contrario, viendo su función en la cancha, no era Hedo Turkoglu el base de aquellos Magic que llegaron a las Finales en 2009? ¿Es Draymond Green un pívot cuando comparte pista con Curry, Thompson, Iguodala y Durant -antes Barnes- en el llamado ‘quinteto de la muerte’? ¿Y qué es eso de que ahora Marc Gasol anota triples? ¿Además, cómo demonios definimos a superdotados como Giannis Antetokoumpo o Kristaps Porzingis?

Bases de más de dos metros, pívots undersized, jugadores de 2,15 que tiran más de tres que de dos y especialistas defensivos capaces de marcar tanto bases como ala-pívots. Lo que antes podían ser excepciones actualmente es la norma general.  Los esquemas han sido rotos y, como bien explica Andrés Monje en su recomendabilísima serie de artículos ‘Darwinsmo posicional’ -leer partes 1, 2 y 3-, “el juego ha hecho caducar la posición clásica”.

Es por ello que, desde hace mucho tiempo, en Estados Unidos se han generado una serie de términos y conceptos que puedan explicar el zetligst del baloncesto. Algunas de ellas, como por ejemplo ‘combo guard’, han calado profundamente en el espectro FIBA. Otras, sin embargo, son habitualmente obviadas. Las cinco demarcaciones clásicas han quedado obsoletas y lo que cuenta ahora es la función que cada jugador realiza sobre el parqué, así como el encaje que tienen sus habilidades en el global de la plantilla.

Aunque pueda parecer paradójico, el baloncesto parece encaminado hacia una disciplina en la que conviven la hiperespecialización de algunos jugadores con otros capaces de ir mucho más allá de los roles tradicionalmente aparejados a su posición.

El ejemplo más claro se ve en la posición de alero. Aleros son LeBron James y Bruce Bowen. Sin embargo, el primero posee unas funciones reales en pista que difieren, en mucho, con las del segundo. Mientras que ‘The Chosen One’ es, de facto, el organizador de todo equipo en el que ha jugado, lo que actualmente se conoce como un ‘point-forward’, el segundo era un defensor de élite que, además, suponía una amenaza a pies quietos desde la línea de triple, lo que posteriormente se ha llamado un ‘jugador 3D’. Dos aleros, sí, pero dos jugadores completamente diferentes y, además, complementarios, que incluso podrían compartir tiempo en pista a pesar de ocupar una misma demarcación clásica.

El caso Tecnyconta

Después de la salida de Torian Graham del Basket Zaragoza por problemas asociados a su actitud y profesionalidad, el Tecnyconta se encuentra en el mercado en busca de un jugador que complete su plantilla. La marcha de Graham, unida a la llegada de Janis Blums, hacen que, sobre el papel, la posición a reforzar sea la de alero. Así lo ha expresado el propio director técnico del club, Salva Guardia, que ha reconocido haber negociado con jugadores de distinto perfil como Robin Benzing, Carlos Delfino o Ivan Paunic. Todos ellos diferentes entre sí, aunque con una característica común: su posición.

Sin embargo, este jueves 14 de septiembre, el entrenador del equipo, Jota Cuspinera, explicaba en rueda de prensa la posibilidad de que el club firmase un escolta en lugar de un alero.

“Buscábamos un tres con unas características determinadas, pero esas características no las está ofreciendo el mercado. Queremos un tres que tire y que juegue bloqueo directo, un ‘swingman’ pero grande. Pero no lo encuentro. Ante eso, preferimos mirar qué más cosas hay, y el mercado ofrece cosas que nos permiten hacer una estructura de plantilla que a mi me guste y que pueda ser competitiva.

Tenemos dos jugadores a los que poco a poco hay que ir dando salida: Lovro Mazalin y Jonathan Barreiro. Son dos ‘treses’ de 2,04 cada uno, por lo que las circunstancias de defender a ‘treses’ grandes las podemos cumplir con ellos y ahora busco alguien que juegue bloqueo directo y además tire desde fuera”

En las palabras de Cuspinera se extrae como, para él, la función prima por encima de la posición. El técnico, además, introduce el concepto ‘swingman’, que vendría a ser la fusión entre los roles tradicionales del escolta y el alero. Una figura que en la NBA tendría su máximo exponente en Jimmy Butler.

Esta forma de aproximarse al baloncesto, más moderna, no es nueva en el Tecnyconta Zaragoza. Al menos, no desde que Salva Guardia llegase a la entidad aragonesa. Así, el director técnico ya ha realizado diferenciaciones de rol y posición anteriores, como cuando describió su juego interior ideal como: un ‘strecht four’, dos 4,5 y un pívot móvil.

El caso paradigmático, sin embargo, se produjo la temporada pasada con el fichaje de Marcos Knight. Con el equipo en busca y captura de un jugador interior, y más concretamente un pívot que pudiese dar la réplica a Henk Norel, Guardia terminó anunciando por sorpresa la incorporación de Knight, un escolta de 1,85 m. -siendo generosos- y cuya carta de presentación era ser el máximo anotador de la BBL. Aquello, que sobre el papel no tenía pies ni cabeza, se justificaba en la capacidad reboteadora de Knight, que promedió 6,2 capturas en los seis partidos que disputó como rojillo.

Más allá de lo acertado o no de la decisión, de si Knight es buen jugador o si de verdad era la mejor opción que presentaba el mercado, lo cierto es que marcó un camino en el que, para la actual dirección deportiva del Tecnyconta, la función se impone a la posición.

¿Por qué no me gusta el fichaje de Nicolas De Jong?

El fichaje del pívot Nicolas De Jong (2.10, 28 años) ha puesto el broche final a la plantilla del Tecnyconta Zaragoza para la temporada 2017/18. Después de un larguísimo verano, marcado por las estrecheces presupuestarias y el largo culebrón #FreeSebas, de infausto final, Jota Cuspiera ya conoce a los 11+1 hombres con los que deberá asegurar la continuidad del baloncesto ACB en la capital aragonesa.

Sobre el papel, el director deportivo Salva Guardia ha tratado de construir un equipo joven y agresivo, diseñado para conseguir una salvación holgada al mismo tiempo que entretiene a la grada. La mala experiencia vivida durante la 2016/17, en la que una plantilla formada por jugadores de talento Eurocup casi desciende a LEB mostrando una escandalosa apatía sobre la pista, marcó las directrices impuestas desde los despachos: era necesario un cambio radical. Ocho incorporaciones (nueve si finalmente se quedase Juanjo Triguero), además de un cuerpo técnico completamente renovado, dan fe de ello.

¿El denominador común? Casi todos ellos son jugadores semidesconocidos, procedentes de ligas menores, a los que se le presupone mucha hambre por hacerse un hueco en el baloncesto FIBA. Muchos de ellos son jóvenes o muy jóvenes. Además, la gran mayoría poseen un perfil atlético que, sobre el papel, les permite cubrir varias demarcaciones o realizar cambios en defensa.

Quizá por ello desentona la última incorporación de todas. Quizá por ello, me rechina particularmente el fichaje de Nicolas De Jong para completar la pintura. He aquí algunas razones:

1. Cualidades atléticas

Nicolas De Jong es un jugador grande, de 2.10 m de altura., aunque tampoco se le puede considerar una de las grandes cimas de la Liga. Sobre el papel, y sin contar a Triguero, se trata del techo de un Tecnyconta que, eso sí, sufre para cumplir aquello de que la altura media de la plantilla ha de situarse como mínimo en torno a los 2 metros.

Por desgracia, también es lento.

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Sorprende que, en un equipo que quiere jugar rápido, se haya optado por un cinco poco móvil y de corte clásico. No parece el jugador adecuado para cambiar en todas las defensas, aunque sí para fajarse con las grandes torres que pueblan la ACB.

En su debe atlético, además, figura la capacidad de salto.

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De Jong no es un jugador que pueda jugar por encima del aro habitualmente. Tiene sus virtudes, especialmente destaca su toque cerca del aro, lo que le permite anotar con frecuencia a pesar de lo hosco de sus movimientos, pero su capacidad de salto es limitada, lo que nos lleva al segundo punto.

2. Falta de rebote

Llama poderosamente la atención de que un cinco grande como De Jong solo haya promediado 3,8 rebotes por partido durante su última temporada en la Pro A francesa. Especialmente si se tiene en cuenta que ha jugado 21,2 minutos de media.

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De hecho, si proyectamos sus números a 40 minutos, nos sale una media de 7,1 capturas, muy lejos de los 10,4 rebotes por 40 minutos de Henk Norel o, incluso, de los 8,3 que proyectaría Filip Kraljevic. Estos guarismos, además, son sostenidos a lo largo de su carrera. De hecho, en partidos internacionales con la selección holandesa su tope son seis capturas en un partido.

Curiosamente, este debe particular cerca del aro no se corresponde con su capacidad para taponar, que aunque discreta puede ser aceptable. Durante la pasada campaña, De Jong promedió 0,94 tapones por 40 minutos de juego. Evidentemente, muy lejos de un especialista como Jarvis Varnado, que durante la temporada 2015/16 promedió 2,03 tapones por cada 40 minutos de juego, aunque cercanos a los 1,19 blocks por 40 minutos que registró su compatriota Henk Norel en la pasada Liga Endesa.

3. Diferencia con el plan inicial

En una extensa entrevista en el programa #ADBasket al inicio del verano, Salva Guardia definió el juego interior que deseaba para su Tecnyconta con una hoja de ruta que, durante gran parte del estío, pareció seguir a raja tabla. Sintetizando, la fórmula era la siguiente: un cinco atlético y muy móvil, dos 4,5 que pudiesen alternar ambas posiciones y, como colofón, un strech four que amenazase desde el triple en ataque. El resultado final, con dos ala-pívots abiertos, un cinco físico, otro de corte clásico y la baza de Triguero nada tiene que ver.

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Sorprende todavía más que la llegada de De Jong obedezca al revés sufrido por la marcha de Sebas Saíz a Burgos. Dejando a un lado lo que Saíz pueda aportar o no en su primer año como profesional, lo que está claro es que el ex de los Rebels y el holandés no se parecen absolutamente en nada. O dicho de otra forma, son dos jugadores completamente diferentes, por lo que resulta difícil tildar a uno como plan b del otro. Como bien se puede observar en la foto panorámica del juego interior, ha habido un cambio de criterio.

4. Factor Romaior

Vaya por delante que no es mi intención levantar más suspicacias de las necesarias. Sin embargo, a nadie se le escapa el papel que la agencia de representación Romaior Sports juega en la actual plantilla del Tecnyconta Zaragoza. De hecho, hasta seis jugadores rojillos, además del entrenador, provienen de la empresa de Juan Lasso. La misma que empleó al director general del club, Salva Guardia, antes de su desembarco en la entidad.  Estas sinergias entre clubes y agentes no son novedad, ni exclusivas de la capital aragonesa. Además, no tienen porque ser negativas, pues suelen generar situaciones en las que el quid pro quo beneficia a las dos partes.

Dicho esto, sí que me escama el hecho de que De Jong provenga de la misma empresa que Saíz. Máxime cuando son dos jugadores tan distintos entre sí. Sobre todo, cuando el propio Guardia había realizado declaraciones en las que afirmaba que no le importaba esperar a que se conociesen los descartes NBA para fichar al jugador adecuado.

El pasado 27 de julio, cuando Saíz desbloqueó su situación contractual con Estudiantes para aceptar su oferta, a mi me vino a la mente en qué lugar quedaba su agente en todo aquello.

La trama era mucho más enrevesada y, entonces, estaba lejos de solucionarse. Al final, el 28 de agosto, y con el jugador rumbo a Burgos cedido por el Real Madrid, ha habido contrapartida. Se suele decir que “piensa mal y acertarás”. Por ello, no me gusta haber acertado.

5. ¿Un nuevo Kraljevic?

Expuestos mis motivos, no me gusta cerrar en negativo. Varios son los que, por Twitter, han sacado a relucir el nombre de Filip Kraljevic, en lo que se ha convertido ya en la medida universal del jugador bluff para el entorno del Tecnyconta Zaragoza.

Pero no creo que el caso sea comparable, y si aquí están numeradas las razones por las que el fichaje me causa cierto rechazo, no es menos cierto que también hay argumentos para alabarlo. El problema de Kraljevic fue, fundamentalmente, de nivel. Mis dudas, son más bien de encaje en el equipo y, también, de procedencia.

Es obvio que, a pesar de haber tenido una carrera hasta ahora en segundo plano, el jugador también aúna virtudes. Entre ellas, un fantástico toque en las cercanías del aro. Pero para resaltarlas ya se encuentran los canales oficiales.

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El día que nos hicimos mayores

La gran mayoría de culturas poseen ritos o celebraciones que marcan el paso del individuo de la etapa infantil a la edad adulta. Sin embargo, en la cultura cada vez más global de occidente en la que nos encontramos inmersos, los límites son cada vez más difusos, por no decir que en algunos casos han sido completamente borrados. Pese a que la comunidad judía todavía celebre el Bar Mitzva o en México exista la fiesta de la Quinceañera, aunque en MTV podamos ver pomposas celebraciones de Sweet Sixteen, lo cierto es que dichos actos solo son simples vestigios tradicionales, cuando no meras ostentaciones del consumismo, y no eventos con unas consecuencias tangibles en la vida del iniciado.

Hace mucho que la sociedad posmoderna eliminó la figura del adulto tradicional de sus manuales. La adolescencia se prolonga hasta años después de sus consecuencias fisiológicas y, tras ella, llega ese éter que supone la juventud. Ahora, todos somos jóvenes.

Actualmente hay treinañeros con carné joven y otros que nunca han cotizado a la Seguridad Social. Treintañeros de Erasmus y cuarentones copando los garitos nocturnos, porque los chavales hace años que encontraron alternativas de ocio diferentes a ponerse como las Grecas al ritmo de esa amalgama musical que hemos acordado calificar como ‘pachanga’. Los videojuegos ya no son para niños, porque los que eran niños cuando éstos aparecieron nunca dejaron de jugar. Películas de superhéroes y Pokémon Go.

Hace ya muchos años que un amigo, para más inri ya emanzipado por aquel entonces, le comentó a su padre que había quedado con sus amigos para ir a jugar a los bolos un viernes por la noche. La contestación de su padre no pudo ser más gráfica: “dile a tus amigos que ya es hora de madurar”. Nunca la brecha generacional estuvo mejor expresada.

Los medios suelen hablar de la generación perdida, la que pasó de usar el término mileurista como adjetivo peyorativo a verlo como una aspiración profesional. Una generación fracasada, que sin embargo triunfó en su cruzada por no tener que llevar zapatos nunca y poder utilizar camisetas del Capitán América sin ser repudiados socialmente. Es la generación de la nostalgia, de la continua mirada atrás. Moda retro y artículos vintage. Camisetas de Charles Barkley en los Phoenix Suns en El Corte Inglés y la de Fernando Arcega en ‘Yo los vi jugar’. Las Jordan III que no te pusiste permitir en su momento, en unos materiales muchos más pobres que las originales, y todos los artículos y películas de ‘Star Wars’ que tu padre imaginó en los 70’. Actualmente se puede ir a ver al cine la nueva de ‘Ben Hur’ y de ‘Los 7 Magníficos’. Lamentablemente, llegas tarde para ‘Las Cazafantasmas’.

En 2002, un grupo de empresarios aragoneses se plantearon devolver el baloncesto a la ciudad de Zaragoza. Era un proyecto ambicioso, que pretendía llegar a ACB en un solo año, pero cuya aceptación quedó fuera de toda previsión.

En la rueda de prensa de presentación, el nuevo club anunció su nombre y colores corporativos. El club se llamaría Basket Zaragoza 2002 y vestiría de rojo. Además, un detalle relevante, dejaría el número 6 deserto en reconocimiento a Fernando Arcega, tal y como había hecho el antiguo club de referencia de la ciudad, el histórico CB Zaragoza. La intención era clara y nada disimulada, se trataba de conectar en la memoria colectiva al recién llegado con los días de gloria del balón naranja en la capital aragonesa. El plan se redondeó cuando consiguieron que la Caja de Ahorros de la Inmaculada se involucrase en el proyecto.

Había vuelto el CAI Zaragoza; shut up and take my money.

Los planes de tapar el segundo anillo del Príncipe Felipe con unas lonas para hacerlo más acogedor quedaron automáticamente desfasados. La locura desatada aquellos años es difícil de explicar y, a buen seguro, estaba fuera de toda previsión, pero nada fue casual. CAI Zaragoza es mucho más que una mera denominación comercial. El club de baloncesto de Zaraoza es el CAI, sin importar lo que CAI signifique. Por eso en 2011 el equipo nunca se llamó Caja3, como si hizo el BM Aragón, ni pasó a ser el Ibercaja Zaragoza en 2013.

Pero la situación era anómala y era cuestión de tiempo que tuviese un final. Esta temporada el equipo será denominado Tecnyconta Zaragoza y todos nos sentimos raros. Han sido 14 años consecutivos de CAI Zaragoza y el nuevo club posee un legado que incluso se sostiene por sí mismo, sin el apoyo sentimental del viejo CBZ. Donde antes veíamos unas formas y colores por todos reconocibles, ahora el club ha presentado unas letras blancas sobre fondo negro y un pequeño cuadrado amarillo en la esquina superior derecha. Y todos sabemos que es el mismo equipo, el mismo club, pero al mismo tiempo hemos visto como un pequeño capítulo de nuestra vida ha llegado a su fin de manera irremediable.

Quizá, con la marcha definitiva del CAI Zaragoza hayamos madurado un poco.

Marzo

Son las 22.30 pasadas y mi casa parece una casa fantasma. La quietud y el silencio son extremos, sobre todo si se tiene en cuenta que aquí conviven hasta siete personas. Algunos puede que estén trabajando todavía. O fuera por otro motivos, claro. Otros, supongo, estarán encerrados en sus cuartos. La verdad es que no lo sé. Hoy se cumple una semana exacta desde que me mudé y apenas recuerdo el nombre de un par de mis compañeros. De hecho, a uno lo conocí este lunes. Esto es, hemos estado compartiendo techo durante seis días y ni siquiera nos habíamos visto. Asunto extraño éste, que en una ciudad mastodóntica como Londres, al parecer, pasa a ser normal. Casi rutinario. La verdad, supongo que él ni se habrá parado a pensar sobre éste, para mi, casi escalofriante hecho.

Escribo estas líneas desde la cocina, la única zona común de la casa. Mi habitación es la más pequeña, y la más barata, aunque la verdadera razón por la que me encuentro sentado junto al microondas es la televisión. A pesar de ser de aquello que popularmente se conoce como marca del pato, Technika concretamente, posee una imagen realmente nítida, incluso con un más que aceptable HD. Se trata de un receptor común, aunque apenas nadie lo usa salvo como compañía a la hora de ingerir alimentos -el verbo comer implica ciertos matices que en muchas ocasiones no son aplicados-. Entiendo que entra dentro de la rutina londinense; el tiempo para ver la televisión, simplemente, no existe. Se suprime por, no sé, por ejemplo, andar por el metro como si estuvieras corriendo en los San Fermines.

Durante los primeros tres días en esta casa, creo que yo ni encendí la TV. Estaba bastante ocupado, por otra parte. Sin embargo, el fin de semana, más tranquilo, descubrí que, además de los canales rutinarios, el equivalente a la TDT, poseía además un cierto servicio de pago. En concreto, en lo que a mi me interesa, BT Sport y ESPN. Joder, juro que se me abrió el cielo en ese momento. Tanto que no pude resistirme a comentarlo con un compañero de piso que, de manera apresurada, se estaba preparando un supuesto shandwich en la encimera. “Bah, nunca dan nada bueno”, fue su respuesta.

He estado tan estresado últimamente que apenas he reparado en que estamos en marzo, con todo lo que ello significa. Hablo, por supuesto, de baloncesto universitario. De la NCAA. Del ‘March Madness’. Apenas me he enterado de los resultados de los diferentes torneos de conferencia por Twitter de manera fugaz y todavía no me he leído ninguna gúia sobre el campeonato. ¡Si ni siquiera he rellenado ningún ‘bracket’! Yo, que era totalmente consciente de la alienación a la que te somete vivir en una ciudad tan trepidante como Londres, era totalmente ajeno al evento que más me entretiene durante el tercer mes del año.

Ya son casi las 23.00 y apuro los últimos tragos de una lata de Coca-Cola que me saben a gloria. Hace no mucho he cenado una pizza, congelada sí, pero francamente buena, mientras veía una previa del Gran Baile de 30 minutos de duración. En el momento que escribo esto, Albany está apalizando a Mount St. Mary’s en el primer partido de la ronda previa al torneo, la llamada First Four. Y yo lo estoy viendo por televisión. Y en HD. Con toda la casa para mí. Marzo ha llegado, incluso a Londres.

Supersticiones

Texto publicado en El ‘traspiés’, columna de periodicidad semanal para AragónSport.com

 

No creo en Dios. Lo tengo claro, aunque no lo pueda explicar con la precisión de un científico. Acepto que haya gente que prefiera creer en la figura de un ser superior, pero yo no de esos. Lo mio es peor. A lo largo de mi vida he tendido a creer en cosas menos razonables. Soy consciente del absurdo, pero no lo puedo evitar. Por ejemplo,en el instituto estuve convencido de que si hacía los exámenes con un boli determinado iba a aprobar. Cuando se le acabó la tinta, me lo llevaba igualmente y, a duras penas, escribía mi nombre con él esperando que su magia se extendiera por el resto de las respuestas. Ojo, que ya no era un niño, la selectividad la hice así. En la universidad cambié de ritual y, cuando llegaba febrero o junio -y septiembre, desgraciadamente-, dejaba de afeitarme. Lo hice siempre, me hubiera ido bien o mal en el anterior cuatrimestre. Además, como Jim Carrey en ‘El número 23’, mantengo una extraña obsesión con el dorsal de Michael Jordan. Es lo que hay.

 

Durante un tiempo también estuve convencido de que era gafe. Como muchos, me aboné al CAI Zaragoza en el verano de 2002. Lo que vino después es historia conocida: el ‘playout’ de la primera temporada, los batacazos ante Granda, León o Murcia, el descenso… Decepción tras decepción. El pabellón casi siempre estaba lleno, pero yo me acabé culpando por ello. A mi y a mi amigo Jorge, que me acompañó en la butaca desde el primer día. Estaba convencido de que le dábamos mala suerte a nuestro equipo. El hecho de que los rojillos no hayan ganado nunca fuera de casa cuando yo he estado presente en la grada, o incluso en la tribuna de prensa, incrementó la sensación. ¿Otra píldora? El ascenso de 2010 lo vi desde Inglaterra. “Ahora que no estoy yo seguro que ganan”, pensé mientras intentaba descifrar que estaba pasando en el ‘stream’ de FEB TV. Acerté.

 

Paso a paso, el CAI Zaragoza ha ido creciendo casi sin darnos cuenta. Sin prisa, sin pausa; aceptando las etapas que le ha tocado vivir en cada momento. Con los pies en el suelo y la cabeza en el cielo. Seguramente, la fórmula del éxito. De manera natural, la marea roja se ha acostumbrado a ganar. A ver a su equipo como una alternativa frente a los poderosos, y no como el conjunto que intenta evitar el regreso a la LEB. Un proceso que, gradualmente, ha ido retirando de mi cabeza la estúpida teoría del gafe. De hecho, ya ni me acordaba de ella… Hasta este domingo.

 

Estoy fuera de España pero el CAI jugaba contra Valencia y yo tenía que ver el partido. Resulta que, según su propia nota de prensa, la Liga Endesa se ve esta temporada en 115 países, pero el Reino Unido no es uno de ellos. A pesar de que no hay ninguna cadena de televisión con derechos que violar, Orange Arena corta la señal y conseguir un ‘stream’ que emita sin píxeles del tamaño de Joseph Jones cuando aterrizó en Zaragoza resulta misión imposible. Afortunadamente quedaba la radio autonómica, que emite por Internet. Mi conexión al que, según Willy Villar en Twitter, ha sido el partido con mejor ambiente en el Príncipe Felipe. Máxima igualdad como tónica general y momentos de máxima tensión en el último cuarto. Pau Ribas, como casi siempre, haciéndonos daño hasta ser, en esta ocasión, el MVP de la jornada. Por si fuera poco, tengo que salir de casa y el 3G vacila. Todavía me quedaban Twitter y Whatsapp, pero aquello solo incrementaba los nervios. “No estoy en el pabellón, así que seguro que ganan”, me intento tranquilizar mientras voy en el autobús. Acerté, claro que en esta ocasión no se trata de que yo sea gafe, sino de que el equipo es muy bueno.

Durant contra sus fantasmas

“He sido el segundo toda mi vida. Fui el segundo mejor jugador de instituto. La segunda elección en el draft. He sido el segundo en las votaciones por el MVP en tres ocasiones. Llegué a las Finales y quedé segundo. Estoy cansado de ser el segundo… He terminado con esto ya”. Las palabras de Kevin Durant, realizadas a Sports Illustrated en abril de 2013, resuenan ahora con más fuerza que nunca. Entonces, una inoportuna lesión de Russell Westbrook truncó de forma irreversible la temporada de Oklahoma City y, con ella, la declaración de guerra realizada por su líder. Hoy, ni la ausencia de su segundo espada puede frenar la revolución iniciada.

En la madrugada del 29 al 30 de enero, según el huso horario español claro, la NBA asistió boquiabierta al golpe de estado formal realizado por Kevin Durant con el objetivo de alcanzar la supremacía individual en el planeta basket. Frente a los vigentes bicampeones, Miami Heat. En su casa. Ante el tiránico LeBron James. Con las cámaras de la televisión nacional como testigos. La paliza de OKC a los locales fue severa (112-95). La actuación de KD, sublime. En el partido más importante de la temporada regular, el alero firmó 33 puntos (12/23 en tiros de campo), siete rebotes y cinco asistencias. Alargando, además, su racha de partidos consecutivos anotando por encima de la treintena, van 12 y contando. Números de MVP.

Lo cierto es que la historia pudo ser diferente. Quizá por la responsabilidad de la cita, Durant comenzó pasado de revoluciones. Al fin y al cabo, era él quién tenía que demostrar que está listo para alcanzar el siguiente nivel. Se trataba de su exorcismo público. A estas alturas a Miami con llegar a tope para Playoffs le basta, por tanto la presión estaba en la acera visitante. Lo notaron los Thunder, que a los cinco minutos se veían abajo en el marcador por 22-4. Momento clave en el que comenzó la remontada. Con Derek Fisher sobre el parqué (15 tantos con 5/5 de triples), el equipo de Oklahoma comenzó a carburar y su estrella se soltó. Anotó la primera y comenzó a sonreir. Era su noche. Lo sabía. Lo anhelaba.

El gran duelo se produjo en el tercer cuarto. Quizá demasiado tarde para el transcurrir general del encuentro, ya prácticamente sentenciado para el cuadro visitante. Daba igual. Durant y James se retaban. Se buscaban. Pese a que, en un principio, era Sefolosha el encargado de estar sobre el Rey por parte de OKC, los dos astros coincidían en ambos lados de la pista. Sin rehuir el choque directo. Un pulso particular que podría quedar en tablas (LeBron terminó con 34 puntos, tres rebotes y tres asistencias), pero que sirvió para que Durant disparase al estómago de su principal fantasma. En su liberación faltó, por cerrar el círculo, la aparición, aunque fuera en forma de cameo, del hombre que le hizo sobra durante sus primeros pasos; Greg Oden. El pívot, que en el baloncesto profesional nunca pudo ser amenaza debido a la mala suerte en forma de lesiones, vio el partido completo desde el banquillo de los Heat.

En su revancha personal, Kevin Durant ha golpeado primero. Se ha liberado. Sin embargo, la pelea está lejos de ser cerrada.