Derecho a soñar

En esas pequeñas identidades sociales que cada uno de nosotros asumimos a lo largo de nuestra vida, yo me precio de ser en varios grupos, entre otras cosas seguramente, “el del basket”. Ese al que, cuando sucede una noticia relevante en el mundo de la canasta, se tiende a acudir para comentarla o congratularse. Para compartir alegrías o confortar penas. Seguro que muchos de los potenciales lectores de este texto juegan ese pequeño rol en un grupo u otro, ya sea con los compañeros de trabajo, con la gente del gimnasio o con los colegas de toda la vida. Es un rasgo identitario evidentemente positivo y, particularmente, lo encuentro tremendamente halagador. No se me ocurre mejor motivo para ser interpelado, mejor pretexto para que alguien se acuerde de ti.

También es probable que hoy lunes, más allá de la vorágine electoral, para muchos haya sido día de poner en contexto lo logrado por el Tecnyconta Zaragoza. De explicar porqué es tan increíble que la capital aragonesa, hace no tanto potencia en esto de la canasta y el balón naranja, se haya clasificado para el Playoff de la ACB. Desde fuera, si se ha sido totalmente ajeno a lo ocurrido durante los últimos cinco años, puede resultar difícil de comprender. Especialmente si se mira desde la óptica maniquea en la que todo lo que no sea ganar es perder, por desgracia la visión mayoritaria en el deporte mainstream. ¿Tiene sentido jugar el Playoff si lo más probable es que Baskonia consiga un 2-0 en la eliminatoria?

Sí, claro. Lo tiene. Y todo se reduce a uno de los mejores conceptos forjados en el mundo del deporte recientemente: el derecho a soñar.

El derecho a soñar fue acuñado por el eterno José Luis Abós durante la temporada 2012/13. Con él, el genial coach zaragozano sintetizaba a la perfección el cuento de hadas que protagonizó el entonces CAI Zaragoza durante aquel curso inolvidable. La historia de un equipo pequeño que se atrevió a ser grande, convirtiéndose en el mejor club de baloncesto de España sólo por detrás de las inalcanzables potencias futboleras. Paso a paso. Refrendando en la pista la ambición más loca que se pudiera tener.

Sobre todo, porque la grandeza del concepto radicaba en su condición no intrínseca. Es decir, el derecho a soñar, para disfrutarlo, antes hay que ganárselo. Primero haces un buen trabajo y luego, ya si eso, intentas lo imposible. El opuesto al cuento de la lechera, de los castillos en el aire que algunos tienden a confundir con ambición. Se trata de la muestra más clara y tangible de la genialidad que acompañó al coach zaragozano durante su trayectoria. La cuadratura del círculo en el que humildad y anhelo van de la mano, sin resultar impostados o antónimos por definición.

Desde entonces, el derecho a soñar resume en pocas palabras la base ética de un equipo de leyenda, que no le dio tiempo a conseguir ningún título pero que caló en la afición rojilla como pocos. Por primera vez, el club aragonés poseía un ethos identificable. Sabía quién era, lo qué quería y cómo iba a conseguirlo. Es evidente que todo aquello terminó de manera abrupta y perder a un buen equipo de baloncesto fue, de lejos, lo menos importante. El derecho a soñar quedó como el motto de una etapa feliz, concreta y cerrada. En muchos aspectos irrepetible. Hasta ahora.

Varios son los partidos trascendentes que ha jugado Basket Zaragoza en este periodo de tiempo. Sin embargo, fue ante Baxi Manresa, en un partido a vida o muerte por jugar el Playoff, cuando los Inchas Lleons decidieron recibir al equipo con un tifo en el que, bajo la silueta de un aficionado tocando el bombo, se podía leer claramente una frase: “derecho a soñar”. Parece evidente que, en representación de los Inchas, la afición reconoce al actual Tecnyconta como el hijo de aquel CAI Zaragoza que logró codearse con la élite de la ACB actuando bajo su propio código de conducta.

El Basket Zaragoza de Pep Cargol y Porfirio Fisac comparte varios de los valores que se perdieron durante los años oscuros del club. Es humilde, consciente de sus limitaciones, y sin embargo, trabaja para superarlas. Primero aseguró la permanencia, después celebró jugar en Europa y, finalmente, logró el asalto a la sexta plaza. Además, no se conforma. Cuando Fran Vázquez se lesionó, fichó a Latavious Williams en lo que ya era abiertamente un sprint por jugar postemporada. Se trata de un equipo eminentemente imperfecto, al que durante las últimas jornadas le pudo el vértigo en momentos concretos, pero que aún así se levantó y, el día decisivo, no falló. Sin brillo y con dudas evidentes, pero que cuando se vio acorralado miró a sus fantasmas a los ojos y les clavó tres triples consecutivos en la cara.

Después de mucho tiempo, da la sensación de que el Tecnyconta tiene clara cuál es su identidad. Lo reflejó Fisac en rueda de prensa, cuando se emocionó recordando la figura de Abós. “Para mi es un orgullo que me comparen con un sólo dedo de la figura de José Luis”, dijo el coach segoviano con una retórica muy propia de él. También Cargol, auténtico Cuervo de los Tres Ojos del club aragonés, aludió al derecho a soñar en su tuit post partido. Los jugadores, sin saberlo, lo escenificaron en el parqué, con una foto colectiva en el centro de la pista que ilustra la unión de un grupo único, que pudo haberse dejado llevar hace mucho pero que optó por alargar su temporada un poquito más y que sale tremendamente revalorizado de cara a la próxima temporada.

La Zaragoza baloncestista ha recuperado Europa y los Playoff de la ACB. Pero, sobre todo, ha recuperado la ilusión y el orgullo. Por eso, más de 10.000 personas se dieron cita en el Príncipe Felipe sin necesidad de que el Real Madrid estuviese en el cartel. Por eso, a los que los amigos nos mandan un Whatsapp cuando el equipo lo hace bien, estamos hoy tan contentos. Seguramente no vayamos a ganar la Liga como el TDK en el ’98, pero hemos recuperado el derecho a soñar.

 

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El año de la reconciliación

Cuando Basket Zaragoza nació en 2002, yo iba a clases de verano para aprobar el bachillerato de Ciencias de la Salud en la convocatoria de septiembre. Ahora escribo estas líneas desde Inglaterra, donde trabajo como traductor de inglés. Por el camino, aprobé la selectividad de Ciencias y me inscribí en Derecho. Lo dejé. Me apunté a Periodismo y me lo saqué yendo a septiembre sólo una vez. Trabajé de periodista. Emigré. Volví a Zaragoza. Trabajé en un Burger King. Lo dejé. Encontré un trabajo en el que pensaba jubilarme. Me volví a ir.

Con esto no solo quiero ilustrar el puto desastre que soy, sino el hecho de que a lo largo de mi vida han habido pocas constantes y todavía menos certezas. Prácticamente solo una: si al CAI Zaragoza -ahora Tecnyconta- se le daba la oportunidad, la iba a cagar. Con los rojillos, apostar a derrota en un partido a vida o muerte era siempre la opción más segura.

Así lo aprendí a lo largo de los años. Granada 2004, Murcia 2005, León 2006 y 2007, el triple de Javi Salgado y el fatídico partido contra Murcia en 2009, Besiktas en Huesca 2014, Gran Canaria por el Playoff en 2015, Estudiantes 2017… Y alguno más que me dejaré, claro. Incluso la única final que ha jugado el club, excluyendo Copas Príncipes, la Supercopa de 2008, se perdió por un punto. En ciclos positivos y negativos, con entrenadores de leyenda -¡eterno José Luis Abós!- o con auténticos mastuerzos, si el club se la jugaba a un partido, adiós muy buenas.

Sin embargo, al mismo tiempo que yo daba tumbos en lo personal y lo profesional, también lo hacía el club. El Basket Zaragoza del presente nada tiene que ver con el del pasado, porque la vida pasa para todos. De los Lakers de la LEB y el puto dinero de Plasencia a la entidad al borde de la quiebra económica del presente mucho ha cambiado, y no solo en la cuenta corriente.

Varias han sido las reencarnaciones vividas a lo largo de estos años en el plano identitario. Resumiendo mucho: club novel, pupas eterno, nuevo rico en ACB, redención desde la LEB, mejor club de baloncesto de España en 2013, entidad abrumada y, finalmente, equipo revelación de la Liga. Multitud de personalidades y momentos vitales diferentes que, muchas veces, nada tienen que ver unos con otros.

Sin embargo, por mucho que el club y yo hayamos podido cambiar en este tiempo, nuestra relación de confianza siempre ha estado dañada. A la hora de la verdad, yo siempre he preferido que no hubiese hora de la verdad. Que, a diferencia de mis días como estudiante de bachillerato de Ciencias de la Salud, los deberes estuviesen hechos antes de septiembre. Hasta ahora.

La temporada 2018/19 es la de la reconciliación definitiva. Muchos son los esquemas mentales rotos este curso por parte del equipo de Porfirio Fisac. La mayoría de ellos, sin una explicación sencilla al respecto. En el baloncesto moderno, todavía se puede ganar sin amenaza de tres. En el contexto económico actual, se puede luchar por jugar el Playoff con el tercer presupuesto más bajo de la categoría.

Al cierre de estas líneas, Manresa ha perdido en su derbi contra Joventut y se perfila como el rival más débil del pelotón que pugna por un sitio en la postemporada. Manresa; el club del infame 58-42. El equipo de la técnica a Jelovac en el más difícil todavía a la hora de perder un partido de baloncesto. Rival en LEB y ACB. Competidor directo por el título simbólico de conjunto sorpresa de la temporada. Manresa, el único de todos los equipos que pugnan por un sitio en la postemporada contra el que el Tecnyconta todavía debe de jugar y, por ello, mi elección predilecta.

Porque este año creo, quizá por primera vez. Desde luego, por primera vez desde 2013. Esta es la temporada en la que, en un partido apretado, no juego a defender. No. Pido la última posesión para dársela Stan Okoye. Actualmente, el equipo depende de sí mismo para lograr el sueño del Playoff y es una noticia sensacional. No porque Manresa no le pueda ganar, que en esta Liga loca cualquier resultado es posible, sino por la confianza que trasmite el grupo de locos irreductibles que ha montado Fisac a su alrededor. Zaragoza nunca se rinde ya no es un lema vacío. No con este Tecnyconta.

Lo que cuenta es el final

El final anticlimático es complicado de digerir y rara vez funciona en el espectador. Por una predisposición natural, las personas están preparadas para una estructura aristotélica de tres actos en la que la presentación y nudo lleven a un desenlace satisfactorio y, en cierta medida, anticipable. Por ello, cuando el guión mata la gran apoteosis final, la sensación es extraña y difícil de digerir. En cierto modo, el espectador siente que se le ha robado la satisfacción final.

El final anticlimático no debe confundirse con el final trágico, pues puede ser feliz aunque generalmente se percibirá como agridulce. Tampoco se debe equivocar con un final mal escrito, aunque en la mayoría de las ocasiones un mal desenlace también rompa el clímax narrativo de la historia. Probablemente, el final anticlimático más famoso en la historia del cine sea el de ‘No es país para viejos’ (Joel & Ethan Coen, 2007). Otro final anticlimático muy famoso también es el del ‘Baloncesto Fuenlabrada – Tecnyconta Zaragoza’ (Porfirio Fisac, 2019).

Había un anuncio que decía que el baloncesto es el deporte de las emociones y era un buen eslogan. Tan ajustada fue la victoria del conjunto rojillo en Andorra como lo fue en el Fernando Martín. Sin embargo, una nos volvió locos de remate y la otra nos dejó con cara de ¿y ya está?

La culpa es del final, pues tan mal se jugó en uno como en otro campo. De hecho, en el sur de Madrid (o norte de Toledo si tienes amigos Dementes) se vio mucho mejor baloncesto. El primer cuarto del Tecnyconta en Fuenlabrada fue apoteósico. Defensa agresiva en las líneas de pase, circulación de balón en ataque, un acierto inhumano en el aro contrario… Nombra tu estilo de baloncesto favorito que éste fue practicado por los de Fisac en aquellos gloriosos primeros diez minutos. Pero, al final, faltó la emoción y, además, por el camino, Tecnyconta llegó a dilapidar una renta de hasta 23 puntos.

Afortunadamente, el conjunto aragonés este año tiene hasta la suerte del campeón. Con el Instant Replay roto, los colegiados anularon un triple sobre la bocina de EJ Rowland que daba el triunfo al conjunto local. Lo hicieron a simple vista y acertaron, cuando lo fácil hubiese sido pitar a favor del anfitrión. Como también lo hubiese sido, por cierto, en Andorra. En pista se quedó un conjunto madrileño con cara de circunstancias, sin saber muy bien qué estaba ocurriendo. Los aragoneses, con buen criterio, desaparecieron de pantalla y, entiendo, asimilaron la victoria en la intimidad del vestuario. No hubo vuelta al ruedo. Okoye no cruzó el campo el campo para gritarle a una cámara. Nadie tiró un cubo gigante de Gatorade por la espalda de Fisac.

Lo bueno del final anticlimático es que, bien ejecutado, crece en el espectador con el tiempo. Planta una semilla que puede tardar en germinar, pero que acaba ofreciendo una recompensa mayor. No se trata de un producto de consumo rápido. En ‘No es país para viejos’, los Coen no sólo dejaron para la memoria visual del cine un personaje icónico como el Anton Chigurh de Javier Bardén, parodiado en Los Simpsons, auténticos capturados del zeiglist cultural de nuestra generación. Al denegar la redención final, al matar al protagonista fuera de plano, al terminar con un monólogo y no con un tiroteo, los Coen retorcían los pilares fundacionales del western clásico y ofrecían al espectador la visión de que aquel mundo, si alguna vez existió, es cosa del pasado. Es la visión nihilista del los hermanos en su máxima expresión. Algo sobre lo que reflexionar.

Del mismo modo que, tras Fuenlabrada, los aficionados rojillos probablemente bajasen de la nube en la que estaban instalados. Al menos incialmente. La felicidad, el playoff, puede depender de algo tan volátil y fuera de nuestro control como que Rowland hubiese soltado el balón una décima de segundo antes. O, aún peor, que los árbitros, sin el apoyo de la técnica, hubiesen optado por tragarse el silbato ante el delirio fuenlabreño. Nada está garantizado, no si alguna vez nos volvemos a creer que un partido está ganado en el segundo cuarto.

Aunque esta vez se ganó.

Álex Suárez; el (pen)último tren

Jugador de formación local, de 2,06 metros de altura y buena mano. Sobre el papel, Álex Suárez lo tiene todo para hacer carrera profesional en el mundo del baloncesto. Sin embargo, el ala-pívot proyecta la sensación contraria. Todavía tiene 24 años y mucho margen de mejora. Claro, que la pregunta es; ¿tendrá más oportunidades? Después de un año ocupando el fondo del banquillo del Real Madrid, Zaragoza debía se el lugar en el que se reencontrase con el baloncesto. Sin embargo, terminó la temporada en la lista de jugadores inactivos. Sobre el papel, por lesión, aunque lo cierto es que ya nadie le esperaba en el parqué.

Suárez llegó a la capital aragonesa como una apuesta personal de Salva Guardia. El (ex) director técnico del club había sido su agente previamente, el encargado de moverle por los distintos equipos en los que ha militado desde que salió del Joventut en 2015. Y al parecer, creía fuertemente en el proyecto. Tanto como para poner parte de su reputación en sus manos al ficharle para completar la posición de ‘cuatro’ junto a Nikola Dragovic, a priori un jugador de similares características. Incluso, en su presentación, llegó a hablar de que podía jugar de ‘tres’. Curiosamente, la única vez que ambos compartieron pista, fue el serbio el que ejerció de alero.

Llegó el de Mahón, decíamos, con la necesidad de reivindicarse como jugador de nivel ACB. Algo más que un cupo cuyo valor radica en la nacionalidad de su pasaporte. No lo había logrado dos temporadas antes en Bilbao, equipo en el que fue perdiendo protagonismo progresivamente hasta convertirse en residual. Una dinámica que, lamentablemente, ha calcado en Zaragoza.

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La estadística comparada entre ambas temporadas demuestra una ligera mejora en sus números. Tan ligera, sin embargo, en un jugador tan joven, y con dos años de diferencia entre una y otra, se puede considerar un síntoma de estancamiento.

Llama poderosamente la atención, eso sí, es 40,8% de acierto en lanzamientos triples. Guarismos muy elevados, especialmente para un hombre grande. Esto se debe, en gran parte, al uso que de Álex Suárez se ha hecho en Tecnyconta. Especialmente mientras Jota Cuspinera estuvo ocupando el banquillo de la entidad zaragozana. En fase ofensiva, el ala-pívot ha sido un especialista. El clásico jugador de raza blanca, tirador, que decía Andrés Montes, que se coloca en una esquina para, con su amenaza, abrir el campo y anotar de tres si el balón llega a sus manos.

De hecho, el dato es obsceno. En total, Suárez ha intentado 76 lanzamientos triples, de los que ha convertido 31. Por contra, el balear solo ha realizado 24 tiros de dos puntos, anotando 11. Su juego no puede quedar mejor retratado.

Valorándolo como especialista, es bueno. Bueno, pero no élite. Por poner un ejemplo cercano, en su mejor temporada, Chad Toppert firmó un 53,4% de acierto (51/96) desde más allá del arco de 6,75). Aquel alero de Albuquerque, de juego unidensional, sí que era élite de la Liga. De hecho, en cuanto bajó sus porcentajes, 35,3% (35/99) en su última temporada, puso rumbo a Alemania para no volver. Por tanto: ¿puede justificar Suárez su lugar en una plantilla ACB gracias a su buena muñeca? La respuesta parece negativa.

Por ello, desde el banquillo del Tecnyconta siempre se le pidió más. Al menos, que ayudase a cargar el rebote ofensivo y que, en defensa, se aplicase para ponerle la vida complicada a su par. Empezó la temporada con buenos registros reboteadores e incluso fue llamado por la selección española absoluta para cubrir la baja por lesión de Pablo Aguilar. Sin embargo, conforme su presencia en pista se fue reduciendo, y debido a lo alejado del aro que siempre ha estado, poco a poco empeoró sus números hasta verse superado por todos sus compañeros en el juego interior.

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Por otro lado, cuantificar la defensa siempre es más complicado. Y, aunque no sobre su cabeza no pese la etiqueta de agujero negro, tampoco se trata de un aspecto del juego en el que haya logrado impactar.

De hecho, en líneas generales, el paso de Álex Suárez por la capital aragonesa difícilmente será recordado. ¿Será esta su última experiencia en ACB? Debido a la coyuntura actual, con escasez de jugadores de formación local solventes, y con los equipos de la parte baja ajustando su presupuesto al máximo, parece más que posible que el ala-pívot consiga acomodo en alguna plantilla de la parte baja de la Liga. Desde luego, su ambición de jugar con el Real Madrid, club por el que fichó en 2015, parece totalmente fuera de su alcance. El resto, dependerá exclusivamente de él.

Nota: 2/10

Nikola Dragovic; dientes de sierra

De MVP de la jornada 15 a jugador descartado durante las últimas y trascendentales fechas de la Liga Endesa. Oficialmente, debido a una lesión de espalda. Extraoficialmente, por su falta de implicación, la cual fue escenificada mediante una actuación infame frente a Betis en el Príncipe Felipe, así como por su mala conexión con el cuerpo técnico. El periplo profesional de Nikola Dragovic en Zaragoza ha sido extremo, aunque queda notablemente marcado por su presencia fuera de la escuadra cuando el equipo aragonés se jugaba su ser o no ser. Valorar su paso y aportación al Tecnyconta Zaragoza 2017/18 es, quizá, una de las tareas más complicadas.

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Aunque suene a juego de palabras barato, si ha habido una constante en el rendimiento de Dragovic con el uniforme rojillo ha sido la inconstancia. Si tomamos la valoración como un medidor fiable para cuantificar el rendimiento de un jugador en un partido, la gráfica repleta de dientes de sierra muestra como el de Montenegro ha sido capaz de alternar actuaciones sobresalientes, no en vano es el jugador que más dobles-dobles ha firmado esta temporada en el Tecnyconta, con un total de tres, con otras en la que ha pasado desapercibido.

Así se observa en sus promedios finales. El de Montenegro abandona la entidad zaragozana con 8 puntos, 5,1 rebotes y 8,5 de valoración por partido. Números aceptables, aunque lejos del notable. De hecho, si comparamos el PER de aquellos jugadores rojillos que han jugado más de 20 partidos, promediando al menos 15 minutos por partido, podemos observar que Dragovic queda en mitad de tabla. Lejos, quizá, del peso específico que se podía esperar del que ha sido, sin duda, el líder del equipo durante algunos partidos.

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Durante la temporada, de él se dijo que era el auténtico termómetro del equipo. El jugador sobre el que calibrar las posibilidades de victoria del equipo rojillo. Si él estaba bien, el equipo podía ganar. En parte, también, por ser el único ala-pívot fiable tras el fiasco que supuso Álex Suárez como relevo.

Lo cierto es que si comparamos su rating ofensivo, esto es puntos logrados por el equipo por cada 100 posesiones cuando el jugador está en pista, y su rating defensivo, puntos encajados por el equipo por cada 100 posesiones cuando el jugador está en pista, podemos observar que Dragovic es el jugador que se encuentra más cercano a la media del equipo. Aunque, evidentemente, hay que añadir un contexto a las cifras ya que, por ejemplo, el jugador formado en UCLA posee mejores guarismos defensivos, aunque es importante recordar su no participación en el tramo final de la temporada, partidos que fueron un auténtico festín anotador en contra del Tecnyconta Zaragoza.

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Estadísticamente, llama profundamente la atención el poderío mostrado en el rebote defensivo. Parece plausible que, el haber estado en un equipo sin grandes ‘cincos’ reboteadores ha jugado en su favor, pero aún así sus números son impresionantes. Tanto que, incluso, llegó a liderar la Liga en esta faceta durante algunas jornadas.

Es, por supuesto, el jugador de Tecnyconta que más rechaces ha atrapado en aro propio, por delante de todos los pívtos e interiores que han jugado en el equipo. Además, sus 4 capturas en defensa por partido le sitúan como el tercer ala-pívot de la competición, solo por detrás de Deon Thompson (4,7) y O.D. Anosike (4,1).

Pero más allá de los números o del impacto logrado a lo largo de la temporada, que es importante, parece evidente que el hecho que marca el paso de Dragovic por el Tecnyconta Zaragoza es su desconexión total del equipo durante el tramo final de la temporada. Según la versión oficial, el jugador se perdió las tres últimas jornadas de Liga por lesión. Extraoficialmente, y según informaciones publicadas por periodistas que siguen el día a día del equipo, la mala sintonía del entrenador Pep Cargol y el jugador fue más determinante para la ausencia de este último que las molestias físicas.

Lo cierto es que, antes de que el ala-pívot pasase a engrosar la lista de jugadores inactivos, su pérdida de protagonismo había sido evidente. Especialmente tras la llegada de Milko Bjelica, quien asumió un papel protagonista en el juego interior desde su llegada al club en la jornada 29.

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De hecho, según se puede observar en la gráfica, durante las jornadas 29 y 30, Dragovic prácticamente acapara la totalidad de minutos en los que Bjelica descansa. Aunque, poco a poco, otras opciones de juego interior, especialmente después de la incorporación de De Jong tras lesión, van ganando peso.

Fuera del cuadro estadístico, el partido en casa frente a Betis, que supuso una victoria trascendental para los aragoneses, parece el verdadero punto de no retorno para el serbio como integrante de la disciplina zaragozana. En total, el ala-pívot estuvo 7 minutos en pista (0 puntos, 2 rebotes y -2 de valoración). Siete minutos de pura apatía, una imagen bochornosa, en un partido crucial, que seguramente debieron suponer la gota que colmó el vaso de la paciencia de Cargol.

Aún así, el ‘cuatro’ tuvo una oportunidad más; frente a Burgos. En el Coliseum, Dragovic jugó algo más de 9 minutos, en los que produjo 0 puntos, 3 rebotes y -2 de valoración. Ese sería, ya sí, su último partido con el león en el pecho, perdiéndose la trascendental victoria en Málaga una semana después.

¿Pudo haberse anticipado un final así? Lo cierto es que la conducta humana es difícil de predecir, y tampoco es correcto juzgar a nadie por errores pasados. Sin embargo, llama la atención que el propio jugador ya fuese apartado de su anterior equipo por problemas de ego. Así, durante el curso 2016/17, Dragovic fue cortado por el ASVEL antes del Playoff por, según palabras de Tony Parker, presidente de la entidad, no respetar al cuerpo técnico. Un precedente que, quizá, debió tener más peso a la hora de su contratación como jugador del Tecnyconta.

Con todo en la mesa, una valoración ligera al paso de Nikola Dragovic por la capita aragonesa sería, como poco, atrevida. Es cierto tan cierto que el serbio jugó un papel protagonista durante gran parte de la temporada, y la consecución de ocho victorias, como que si Bjelica y Rey no hubiesen llegado nunca a la capital aragonesa, a costa de los minutos del de UCLA, el equipo no hubiese podido lograr la salvación. Luces y sombras en la figura de uno de los jugadores más controvertidos del Tecnyconta 2017/18.

Nota: 4/10

Dylan Ennis; la larga espera

No hay peor cliché en el género épico que la llegada del héroe a última hora para salvar el día. Una fórmula que se repite una y otra vez, convirtiéndose en predecible y restando emoción al producto final. En la vida real, sin embargo, el timming de los sucesos rara vez se puede controlar a voluntad. De lo contrario, Dylan Ennis hubiese llegado a Zaragoza como sustituto de Bo McCalebb en primer lugar y, quizá, los aragoneses hubiesen podido amarrar la permanencia con menos suspense y sufrimiento del vivido finalmente. O quizá no, quién sabe. La única certeza son los hechos acaecidos y lo que sucedió es que el jugador canadiense llegó a la entidad rojilla con solo seis jornadas de la Liga Endesa por jugarse. Afortunadamente, la apuesta, que según informaciones de Luis Alberto Noriega, de Aragón TV, corrió de parte del patrimonio personal del presidente Reyanldo Benito, salió bien y el Tecnyconta continuará en ACB un años más.

Dylan Ennis es un jugador atípico en todos los sentidos. Adquirió cierta relevancia internacional al ser uno de los jugadores de mayor edad en participar en una Final Four de la NCAA. Su periplo universitario de seis años es una rara avis en un mundo en el que la mayoría de proyectos de jugador profesional permanecen en sus equipos el año que les obliga el sistema. Sin embargo, el canadiense está empecinado en romper el molde.

Después de su paso por las universidades de Rice y Villanova, Ennis, quien tiene un hermano pequeño jugando en la NBA, Tyler Ennis, decidió darse una última oportunidad estudiando un máster en Oregon. Tras conseguir la aprobación de la NCAA para disputar su última temporada en el baloncesto universitario, en los Ducks se juntó con un grupo de ensueño. Jordan Bell, Tyler Dorsey y Dillon Brooks finalizaron la temporada siendo seleccionados en segunda ronda del draft. El canadiense, por su parte, emprendió el camino a Europa.

Su siguiente paso, no obstante, fue tan poco frecuente como el resto de su carrera. El KK Mega Bemax es un equipo especial. Controlado por el super agente Misko Raznatovic, la escuadra serbia se ha especializado en dar espacio a jóvenes talentos como escaparate de sus habilidades. De hecho, desde 2014, nueve jugadores del Mega Bemax han sido seleccionados en el draft de la NBA, siendo Nikola Jokic su máximo exponente. Pero esta vez, un club tradicionalmente exportador de talento, ejercía de importador. Aunque la finalidad era la misma, Ennis disponía de minutos, muchos balones y se situaba en el escaparate europeo.

Por ello, el 9 de diciembre, después de haber promediado 18,6 puntos, 5,4 asistencias y 4,6 rebotes, Raznatovic concluyó que su pupilo estaba listo para el siguiente paso y lo colocó en el mercado. El Tecnyconta, que buscaba un sustituto tras la marcha de Bo McCalebb por asuntos familiares, se interesó por él. Pero ya era tarde. El Estrella Roja ofrecía a Ennis baloncesto de Euroliga sin tener que cambiar de país. El jugador que había necesitado seis años para salir de la universidad conseguía en media temporada llegar a la máxima competición continental.

Ennis continuó haciéndolo bien en su nuevo equipo (6,1 puntos, 1,8 rebotes y 1,6 asistencias en Euroliga), aunque no tanto su equipo, que perdió la final de la Liga Adriática frente al Buducnost VOLI Podgorica. Con solo la competición serbia en juego, y sin posibilidad de jugar Euroliga la próxima temporada, el Estrella Roja decidió soltar lastre económico. ¿Quién estaba en el mercado buscando desesperadamente una solución a una mala temporada? Otra vez, el Tecnyconta Zaragoza.

El exterior canadiense llegó a la capital aragonesa en un pack junto a Milko Bjelica con la misión de evitar el descenso en seis partidos. Así, desde su llegada, dispuso de todos los minutos que hicieran falta para ello, a pesar de que su debut no fuese todo lo prometedor que se deseaba.

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La pista del UCAM Murcia, una de las defensas más duras de la competición, probablemente no sea el mejor lugar para una primera toma de contacto con la ACB. Así, en su debut, Ennis recibió cinco tapones que le daban la bienvenida a la competición doméstica más exigente a este lado del Atlántico.

Afortunadamente, el canadiense se repuso al severo revés y ya en su segundo encuentro con el uniforme rojillo, en toda una final frente al Betis jugada en el Príncipe Felipe, jugó un papel más que importante anotando 13 puntos, algunos de ellos en los momentos cruciales, y ayudando a asegurar un triunfo que a la postre sería imprescindible para lograr la salvación.

A diferencia de lo esperado en un principio, durante su corta estancia en Zaragoza, Ennis se ha empleado como escolta a tiempo completo. Su bote alto de balón, que le ha generado alguna que otra pérdida en principio evitable, y su estilo de juego, quizá demasiado orientado a la consecución de canasta en penetración con tráfico en la zona, no convencieron a Pep Cargol para darle la batuta del equipo. Aún así, Ennis ha logrado dejar su huella en la Liga Endesa, principalmente gracias a su habilidad para anotar auténticos canastones.

Porque, pese a tener buenos porcentajes desde la línea de tres puntos a lo largo de su carrera, llama la atención el 40,6% de acierto que realizó en Euroliga, lo cierto es que sus números desde más allá del arco de 6,75 en España han sido más bien pobres, con solo 7 aciertos de 24 intentos (29%).

Por contra, Ennis se ha mostrado como un auténtico especialista en penetraciones suicidas en tráfico por la zona. Buscando el aro sin importar la oposición que se pueda encontrar por el camino. Su 28/52 en tiros de dos así lo demuestra. De hecho, se trata de números más frecuentes en un jugador interior, muy similares a los que presenta su compañero de operación rescate Milko Bjelica, quien terminó la temporada con 35/58 en tiros de dos.

Toda una fuerza ofensiva, Ennis desató todo su potencial en el último partido en el Príncipe Felipe frente a Fuenlabrada. Con Gary Neal lesionado, el canadiense se echó el equipo a la espalda y firmó un partido de 30 puntos, 5 rebotes y 33 de valoración. Números monstruosos que, lamentablemente, no pudieron cerrar la victoria para el cuadro local.

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El camino de Ennis hasta el club aragonés ha sido largo e inusual, igual que el resto de su carrera. Sin embargo, el sabor de boca que deja su paso por la capital aragonesa puede calificarse de positivo. Además de jugar un papel importante en la consecución de la salvación del conjunto rojillo, su juego de estilo espectacular ha logrado conectar con la grada. Por lo poco que se puede extraer de lo que cada individuo ofrece a través de sus redes sociales, parece que la ambición del canadiense pasa por hacerse un nombre en Euroliga. Le llevó seis años jugar una Final Four de la NCAA, pero al final lo consiguió. Probablemente, establecerse en la mejor competición continental no le tome tanto tiempo.

Nota: 7/10

Michal Michalak; fuera de lugar

La primera vez que el mundo escuchó hablar de Michal Michalak fue en 2010, durante el primer Mundial sub17 de la historia. Aquel verano, Polonia, un país entonces algo olvidado en lo que a los grandes escenarios del baloncesto internacional se refiere, conseguía sorprender a propios y extraños coronándose como subcampeones del Mundo, solo por detrás de los todopoderosos Estados Unidos. Se trataba de la generación de oro plata del baloncesto polaco. Un grupo de jugadores aparentemente salidos de la nada, pero con la actitud competitiva necesaria para hacerse un hueco en el panorama internacional.

Corte a: verano de 2017. Aquellos mismos chavales protagonizan ahora un sonoro desembarco en la Liga Endesa, todavía la más potente a este lado del Atlántico. Mateusz Ponitka, quién formó parte del quinteto ideal del Mundial sub17, llega a Ibersotar Tenerife con la etiqueta de estrella continental. Su compañero en aquel cinco ideal, el pívot Przemyslaw Karnowski, ficha por Andorra. Por su parte, el tercer jugador en valoración de aquel equipo, el escolta Michal Michalak, ficha por el Tecnyconta Zaragoza. Los tres coincidirán en la Liga con Tomasz Gielo, quien había llegado un año antes al Joventut de Badalona.

Los cuatro juntos conforman el núcleo de la generación polaca de 1993. Un grupo de jugadores ya asentados en el baloncesto profesional que también han sustituido a tótemes como Marcin Gortat o Marciej Lampe como la base de la selección absoluta de su país. Sobre el papel, el presente les pertenece.

Sin embargo, el 4 de agosto una noticia rompe con lo previsto. El seleccionador polaco, Michael Richard, comunica el roster final que competirá en el Eurobasket y una ausencia sorprende por encima de las demás. Michalak no supera el corte y verá la competición por televisión. El inicio de su particular annus horribilis había sido fechado.

La noticia, sobre el papel, fue bien recibida en Zaragoza. De esta manera, el jugador podría hacer la pretemporada completa con su nuevo equipo. Etiquetado de jugador muy importante desde el club, se creía que su potencial físico, su polivalencia en el exterior y su todavía joven edad encarnaban a la perfección los valores que debían caracterizar al proyecto liderado por el entrenador Jota Cuspinera. La única duda, sobre el papel, era si él o Torian Graham, otro joven escolta nacido en 1993, partiría como el dos titular del equipo.

Ninguna coincidencia con la realidad, por otro lado. La caótica planificación deportiva del equipo hizo que, todavía en pretemporada, el Tencyntona anunciase el fichaje de Janis Blums, otro escolta. Poco después, Graham abandonaría la entidad debido a su mala adaptación al baloncesto profesional europeo. Su lugar fue ocupado por Gary Neal, estrella absoluta que también ejercía de ‘shooting guard’. Por si fuese poco, la eclosión de Sergi García, cuyas características le hacían poder compartir minutos en pista junto a Tomás Bellas, acabó reduciendo todavía más el número de minutos disponibles en los puestos exteriores.

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Así, Michalak pasó de jugar 24 minutos por partido durante el Circuito Movistar de pretemporada a tener una posición volátil en el banquillo aragonés, alternando choques en los que contaba con alguna oportunidad con otros en los que raramente pisaba el parqué para algo que no fueran los minutos de la basura. Lo cierto es que ni Jota Cuspinera primero, ni Pep Cargol después, llegaron a confiar plenamente en él. La ACB, una competición dura para sus debutantes a pesar de que haya perdido caché y poderío económico en los últimos años, estaba siendo cruel con él.

Su escasa continuidad en pista hace que sea muy difícil realizar una valoración de su juego o aportación al equipo. Aunque las principales críticas a sus actuaciones han sido fruto de una falta de adaptación a la Liga Endesa: mala selección de tiro y despistes imperdonables en defensa.

En ataque, se puede observar su problema en la toma de decisiones a partir de sus porcentajes de acierto, muy bajos para un jugador exterior. Especialmente pobre es el 35,8% de acierto en tiros de campo. De hecho, solo Tomás Bellas, con un 35,4%, posee peores registros que el polaco. Por otro lado, el 32,4% de acierto que acredita desde el 6,75 mantiene mejor el tipo, aunque tampoco supone una cifra especialmente seductora si se pone en relación al resto de escoltas de la Liga.

Aunque es un dato más anecdótico que absoluto, por el gran número de condicionantes que posee, es llamativo que Michalak haya terminado con un acumulado de -106 en el apartado +/-, el cuál cuantifica los parciales acumulados por el equipo mientras un jugador está en cancha. Un número tremendamente llamativo para un jugador que apenas ha disputado 351 minutos en toda la temporada.

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En líneas generales, Michalak se ha mostrado como un jugador fuera de sitio en todo momento, al que la exigencia de la Liga Endesa le ha pasado por encima. Entregado y dubitativo a partes iguales, ha sido capaz de lo mejor y de lo peor en dos posesiones consecutivas. Por ello, puede quedar la duda de si, con un año de adaptación al campeonato más, pudiese terminar siendo un jugador útil en la rotación. ¿Tiene Zaragoza ese tiempo que demanda el polaco? Probablemente no, y por eso parece difícil que cuente con una nueva oportunidad en el cuadro rojillo.

¿Y qué hay del resto de la invasión polaca? Ponitka, líder indiscutible de la generación del 93, encontró en Tenerife el entorno ideal para su crecimiento. No en vano, el alero ha terminado incluido en el segundo quinteto de la Liga, con un promedio de 14,3 puntos, 5,8 rebotes y 18,9 de valoración por partido. Por su parte, Karnowski, el otro gran estandarte de aquel equipo sub17 que llegó a ser subcampeón del mundo, ha experimentado la otra cara de la moneda, al no contar con tiempo de juego ni en Andorra primero, ni en Fuenlabrada después. Finalmente, Gielo, que contaba con un año de experiencia en la Penya, se ha consolidad como un jugador de rotación, disputando 22 minutos por encuentro en los que ha promediado 9 puntos y 4 rebotes.

Nota: 2/10