Manchester City y Arsenal se cobran revancha

Publicado originalmente en Sphera Sports

 

A falta de ocho jornadas para el final de la Premier League, la parte alta de la clasificación todavía está por configurarse. En un pañuelo, Chelsea (57 puntos), Arsenal (56) y Manchester City (54 y un partido menos) parecen destinados a disputarse el título liguero, sin perder nunca de vista a Liverpool (53) o incluso Tottenham (50). Una igualdad que, sin embargo, hace no mucho fue puesta en tela de juicio. Concretamente, el 3 de febrero. Fecha en la que el conjunto de Jose Mourinho consiguió hacer saltar todas las alarmas al coronarse como el primer equipo que lograba vulnerar el, hasta entonces, impenetrable Etihad Stadium. Comandada por un sólido Matic y un estelar Hazard, la escuadra londinense dominó por completo a su rival y se llevó el triunfo por 0-1. Victoria que, en cierto modo, suponía un órdago a la Liga. Declaración que, cinco días más tarde, se vio fortalecida cuando el Arsenal, entonces cabeza de la tabla, cayó de manera estrepitosa en su desplazamiento a Anfield Road (5-1). Afortunadamente para ‘citizens’ y ‘gunners’, la Copa les ha ofrecido la oportunidad de redimirse.

Mourinho: “Ha ganado el mejor”
Mismo escenario y mismos rivales. Este sábado, el Chelsea visitó de nuevo la vertiente azul de Manchester en el que, sin duda, fue el partido estrella de la quinta ronda de la FA Cup. De fondo, el ya tradicional ruido de declaraciones que envuelve cada duelo que enfrenta a Jose Mourinho y Manuel Pellegrini. El chileno, más preocupado por el enfrentamiento que le medirá al Fútbol Club Barcelona en Champions League que por lo que tenía delante, no dudó en reservar a Hart y Negredo. Ausencias que, unidas a las bajas de Fernandinho, Agüero y Nastasic, dibujaron un once cargado de teóricos suplentes. Claro que, en un plantel con el potencial del City, las fronteras entre titulares y reservas se difuminan y, en esta ocasión, los locales consiguieron anular la propuesta con la que el Chelsea había arrasado hace apenas dos semanas.

Tal fue la superioridad local que los visitantes finalizaron el encuentro sin probar en ninguna ocasión los reflejos de Pantilimon. Las buenas noticias para los de Manchester no se quedaban únicamente en el marcador. Jovetic, que poco a poco va entrando en la dinámica del equipo, certificó su mejoría al materializar el 1-0. Aunque, sin duda, la mejor nueva para Manuel Pellegrini supuso el regreso, con gol incluido, de Samir Nasri. El mediapunta francés llega a punto para el momento crucial de la temporada. Algo totalmente necesario, más si se tiene en cuenta que su equipo es el único que  permanece vivo en las cuatro competiciones que disputa este curso.

Fabianski salva al Arsenal
En un torneo menos se encuentra el Arsenal. El conjunto entrenado por Arsene Wenger, eso sí, ha conseguido colar su nombre entre los ocho mejores de la FA Cup. No sin sufrimiento, pues los del norte de Londres tuvieron que sudar a mares para conseguir eliminar al Liverpool (2-1). De hecho, el jugador más destacado de los ‘gunners’ fue su portero; Lukasz Fabianski. El meta polaco, relevo de su compatriota Wojciech Szczesny para la competición copera, agrandó su figura ante un tridente, el formado por Sterling, Suárez y Sturridge, que hace apenas una semana había conseguido endosar una manita a los de Islington.

Con la portería cerrada a cal y canto, el Arsenal hizo valer una mayor pegada. Así, a los 15 minutos, Oxlade-Chamberlain adelantó a los locales tras recoger en el área el rechace a un remate de Sanogo, sorprendente delantero centro titular del cuadro armero. La cercanía del cruce de Champions ante el Bayern de Munich, así como el escándalo en el que se ha visto envuelto Giroud, pillado por el diario ‘The Sun’ engañando a su mujer en el hotel de concentración, permitieron al internacional sub 20 francés tomar la alternativa. El ariete no defraudó y, a pesar de no marcar, fue de los más destacados gracias, sobre todo, a su fortaleza en el juego aéreo. El 2-0 llegó nada más comenzar la segunda parte. Özil, mucho más participativo después de las críticas recibidas tras la debacle de Anfield, encontró a Oxlade-Chamberlain en profundidad. El inglés levantó la vista y sirvió para Podolski, que llegando desde atrás marcó a placer.

Finalmente, el choque se embarullaría debido al desacierto de Howard Webb. El árbitro señaló un penalti de Podolski sobre Luis Suárez, que Gerrard convirtió en el 2-1 definitivo. Sin embargo, no pitó otro mucho más claro realizado por Oxlade-Chamberlain, también con el uruguayo como objeto. Un golpe de Fabianski a Agger tras una mala salida y una patada de Skrtel a Cazorla en el  área contraria también se quedaron sin señalar. Retales de polémica en un partido en el que los locales, quizá, consiguieron más premio del que merecieron.

Everton y Sunderland, los otros representantes Premier
A expensas de lo que haga el Hull City en su enfrentamiento con el Brighton & Hove Albion, Everton y Sunderland son los otros supervivientes Premier en una FA Cup en la que siempre tienen un hueco los equipos más modestos. Ambos, además, tuvieron que eliminar a sendos rivales de su  categoría; Swansea y Southampton respectivamente.

Más cómodo de lo esperado fue el triunfo para el cuadro de Roberto Martínez, que busca repetir el título que ya lograra con el Wigan la pasada campaña. Los de Goodison Park se impusieron por 3-1 a un Swansea mucho más preocupado por corregir su mala andadura liguera que por avanzar rondas en la FA Cup. Así, Garry Monk sacó una alineación plagada de suplentes que se vio rápidamente sorprendida por el inmejorable debut de Lacina Traoré. En el minuto 4 de su primer partido con la elástica ‘toffee’, el punta marfileño, de 203 centímetros de altura, consiguió marcar con un remate de semi tacón. De Guzman logró empatar para los galeses, pero, en la segunda parte, Martínez movió el banquillo y dio entrada a Naismith, que marcó el 2-1 y provocó el penalti que dio lugar al 3-1 final, materializado desde los once metros por el infalible Leighton Baines.

Por su parte, Gustavo Poyet continúa acumulando méritos a los mandos del Sunderland. Después de alcanzar la final de la Copa de la Liga, el conjunto norteño se cuela ahora en cuartos de final de la FA Cup tras eliminar al Southampton por 1-0. En un partido bastante gris, lo único en technicolor fue la red conseguida por Gardner con un zambombazo a la escuadra desde fuera del área. Una obra de arte que bien merece una ronda más para los ‘black cats’.

Wigan y Sheffield United, los modestos no se rinden
Las grandes sorpresas de la jornada las protagonizaron Wigan y Sheffield United. Los vigentes campeones, actualmente en Championship, consiguieron eliminar al Cardiff City en su estadio (1-2). Watson, el futbolista que les otorgara el trofeo la pasada temporada, volvió a servir de revulsivo al convertir el segundo y definitivo gol de los ‘latics’. Antes McCann había adelantado a los de Uwe Rosler (18′) y Campbell había puesto el empate para los galeses (27′).

Finalmente, en el partido loco del fin de semana, el Sheffield United, conjunto de League One, consiguió apear al Nottingham Forest, de Championship, tras un final de infarto. Cuando Chris Porter saltó al campo, en el minuto 86, el partido marchaba con empate a uno en el marcador. Instantes después, el delantero revolucionó el choque e hizo el 2-1 en el 90′ y el 3-1 en el 92′. El público de Bramall Lane acabó invadiendo el césped al ver como los suyos conseguían el pase. En el horizonte, un posible derbi del acero en la sexta ronda de la FA Cup.

 

Un maldito deja vu

La Whatever Cup es un estorbo. Especialmente, para los equipos considerados grandes. Para aquellos que inician cada campaña con la obligación de pelar por los títulos, la Copa de la Liga solo tiene sentido si la ganas. Pero, al tratarse de un trofeo tan menor, ni en ese caso podría salvar la temporada. Sin ir muy lejos, el Liverpool consiguió alzarla hace dos cursos y nadie consideró que los del Merseyside salieran de su histórica crisis a raíz de ello. En sus eliminatorias, a partido único y sin posibilidad de ‘replay’, hay mucho que perder y poco que ganar.

Así lo dejó ver Cesc Fábregas en una entrevista concedida a ‘The Guardian’ la pasada semana. En un repaso a sus ocho años como ‘gunner’, el ex capitán fechó como uno de sus peores recuerdos la final perdida ante el Birmingham en 2011. El cómo la tiraron por la borda, tras un fallo imperdonable entre Koscielny y Szczesny, y el hecho de que los ‘blues’ terminaran descendiendo, provocaron que el cuadro londinense se desinflara por completo en la carrera por los demás títulos. El golpe fue demasiado duro.

Personalmente, sin embargo, la Whatever Cup posee un pequeño lugar en mi corazón. Y no por ninguna victoria precisamente. Al contrario, por una derrota. Concretamente, Arsenal 0-1 Manchester City. Sin embargo, para mi, aquel encuentro fue especial. Más que nada porque supuso mi primera visita al Emirates. Al interior, claro, que acudir a sus aledaños fue lo primero que hice en mi primera visita a Londres. Lo asequible del precio de las entradas, el que no hubiese excesiva demanda, aunque después el campo estuviese lleno, y el disputarse entre semana, cuestión vital para mi entonces, permitieron que pudiera asistir al choque.

Evidentemente, a pesar de lo decepcionante del resultado, lo pasé bien. Acudí al encuentro con mis amigos Quike y José y cumplimos paso por paso el ritual que la ocasión merecía. Esto es, previa en un pub situado cerca de Holloway Road, de esos en cuya entrada solo permite el acceso a los colores locales, butacas en la célebre North Bank, más civilizada que la relatada por Nick Hornby en su recomendable ‘Fiebre en las gradas’, y post partido comentando la derrota en un pub de Shoreditch.

Sobre el choque en sí, no hay mucho que comentar, pues fue el típico de Whatever Cup. Esto es, el Arsenal saltó al campo repleto de suplentes. Por ejemplo, a Van Persie, por entonces todavía ídolo, solo se le pudo ver por el plasma del video marcador. La dupla atacante, formada por Chamakh y Park, da una fidedigna idea de la alineación dispuesta por Wenger. Por contra, en frente, Mancini salió con bastantes titulares en su once. Entre ellos, Nasri. Fue la primera visita del francés al Emirates tras su fuga, por lo que los abucheos cada vez que tocó el balón fueron altamente audibles. Fue, también, el partido en el que Frimpong, que jugó bastante bien, todo sea dicho, terminó encarándose con él. En líneas generales, los gunners dominaron el encuentro pero -oh sorpresa- no supieron rematar la faena. Desgraciadamente, tras la salida de un córner a favor de los locales, el City, por medio de Agüero y un velocísimo Dzeko, montó una contra que les dio el pase a los visitantes. ¿Suena familiar, no?

Esta noche, conmigo presenciándolo a través del ordenador, el Arsenal recibió al Chelsea en partido de Copa de la Liga. Como mandan los cánones, tanto rojiblancos como azules presentaron sendas alineaciones plagadas de suplentes. En la primera parte, los locales dominaron. Sin embargo, tras botar un córner a favor, facilitaron que el cuadro de Jose Mourinho abriera el marcador con una contra llevada a cabo por Azpilicueta. Para más recochineo, con la colaboración necesaria de Jenkinson y Fabianski. Un maldito deja vu.

Flamini con Red Bull

Ahora, cuando salgo, bebo vodka con Red Bull. Antes el Red Bull ni siquiera me gustaba y creo que no me he bebido una lata entera, sin combinar, nunca. Sin embargo, cuando salgo por la noche, en plena fiebre por el Gin Tonic, yo parezco un maquinero del 2000 en busca de un poco de velocidad legal. Aunque mi motivación se deba más al simple hastío respecto a otros brebajes más estandarizados.

Con esta poca interesante historia quiero plasmar que los gustos cambian. Dependen, en gran medida, del contexto existente, tanto global como individual. Se trata, por tanto, de mi excusa no pedida. De mi acusación manifiesta. El preámbulo innecesario que da acceso a mi conversión al flaminismo, si es que este existiese. Porque con el Arsenal líder, con Ramsey habiendo anotado ocho goles en ocho partidos oficiales, con los gunners batiendo su récord de victorias consecutivas como visitantes… se debe reconocer la aportación del francés. Quizá, la adquisición más trascendente de los realizados por Arsene Wenger este verano. Algo difícil de aseverar, aunque solo sean tres las caras nuevas que presentan los londinenses para el presente curso.

Porque entre ellas se encuentra Mesut Özil. El fichaje más caro en la historia del club. Seguramente, el mejor jugador del equipo libra por libra -no necesariamente esterlina-. El futbolista que, con su mudanza de Madrid al norte de Londres a sus 24 años de edad, mejor representa el cambio de mentalidad que pretende el Arsenal para la campaña actual. El alemán es la estrella y, además, está ejerciendo como tal. Pero la sorprendente eficiencia del equipo no se puede argumentar únicamente en su fabuloso fútbol de campanillas.

El actual Arsenal mucho tiene que ver con el antiguo. Por momentos, toca y combina como en la mejor época del wengerismo ilustrado, es cierto, pero también sabe sufrir y amarrar el resultado como en los días del plomo. Todo ello a pesar de contar con la poco fiable línea defensiva de siempre. Sagna, Mertesacker, Koscielny y Gibbs que, por primera vez en mucho tiempo, cuentan con un referente en el centro del campo. Un líder. El mediocentro defensivo que conjunta al equipo, pone los cojones encima de la mesa y asegura que, por los mismos, la victoria va para los de rojo y blanco, últimamente más de amarillo y azul. Ya saben: ‘Flattuso’.

“Siento que Flamini no haya costado 25 millones de libras”, dijo irónicamente Arsene Wenger en medio de aquella tormenta de críticas cuando aún no había conseguido firmar una traspaso que no fuera libre. Aquello, que parecía una bravuconada, no dejaba de ser un nuevo capítulo del serial que, en ocasiones, suele enfrentar al técnico francés contra el mundo. El tiempo, en esta ocasión, le ha dado la razón y, con el regreso de Arteta tras su lesión, el quebradero de cabeza se concentra en cómo integrarlo en el equipo sin sustituir al francés, ya indiscutible en el doble pivote junto al renacido Ramsey.

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Llevar una camiseta de fútbol en un festival de música es una mala idea. Yo siempre lo había sospechado, aunque lo constaté empíricamente en el FIB de 2011. Ante la ausencia de ropa ‘neutral’ limpia en mi mochila, decidí vestir una remera del Arsenal para presenciar el último día de conciertos. Ese al que vas por pura inercia y porque lo has pagado ya, pues fuerzas quedan pocas. Lamentablemente, la prenda adquirió su temido efecto y, como si de un cartel de chupitos gratis se tratase, atrajo a todos los ebrios ávidos por compartir sus inquietudes futbolísticas que poblaban el recinto. Mujeres ninguna, claro. Entre aquellos que se acercaron ante mi descarada provocación, guardo buen recuerdo de un seguidor gunner ansioso por contrastar lo que el creía que era una gran noticia. “Perdona, ¿sabes si hemos vendido a Bendtner? Acabo de ver a un fulano con la camiseta del Leverkusen y su nombre en la espalda”, me preguntó ilusionado. “Creo que no. Me parece que ese ‘Bendtner’ -escrito en realidad Bender- es otro jugador diferente”, le respondí mientras en su cara se dibujaba la expresión del que recibe ropa por Reyes Magos. Poco después, aquel aficionado tendría su recompensa con la cesión del ariete al Sunderland. Séneca ampliada a Erasmus la pasada campaña en Turín.

Sin embargo, Bendtner ha vuelto. Ahora lleva barba y recoge su creciente melena en un ridículo moño estilo samurai. Como si regresase de un retiro que, por lo que suele trascender de su vida social, cuesta imaginar que hay sido espiritual. Tampoco voluntario. El danés regresa al Arsenal dos años después de su último partido como gunner por motivos de fuerza mayor. Concretamente, las 52.000 libras semanales que posee firmadas con la entidad londinense y que nadie en su sano juicio ha accedido a asumir. El Crystal Palace estuvo cerca, en un incomprensible intento por reunir de nuevo la fatídica dupla Chamakh – Bendtner. El jugador llegó a desplazarse hasta Selhurst Park el último día de mercado para pasar reconocimiento médico, pero la operación finalmente se echó atrás ante la incapacidad de los ‘norteños’ para hacerse con un delantero que diese respiro a Giroud.

De esta manera, Wenger perdonaba públicamente a su díscolo discípulo y, poco después, le prometía una oportunidad cuando estuviese en forma. O cuando llegase la Capital One Cup, lo cual que se ha producido antes. Debido a las numerosas lesiones que -oh sorpresa- pueblan la enfermería del Arsenal, el técnico francés decidió utilizar la eliminatoria contra el West Bromwich Albion para hacer jugar a los jóvenes, a los jugadores en proceso de recuperación física, a los reservas habituales y a Bendtner, que en cierta manera podría ser encuadrado en cualquiera de las tres categorías anteriores.

De esta manera, el internacional danés volvió a portar el cañón sobre su pecho. Circunstancia que no se repetía desde el pasado 20 de agosto de 2011, cuando jugó 10 minutos ante el Liverpool antes de ser cedido al Sunderland. Después llegó el préstamo a la Juventus, donde las lesiones y las acusaciones de sobrepeso le hicieron transitar sin pena ni gloria por un equipo que dominó Italia a su antojo. Por el camino, el atacante ha sustituido su característico dorsal 52, el cual según las malas lenguas usó para simbolizar que había mejorado el doble respecto a la campaña en la que había utilizado el número 26. Ahora lleva el 23, como Lady. Aunque se desconoce si dicho cambio conlleva una asimilación de sus limitaciones. Algo difícil teniendo en cuenta que se trata, en palabras del psicólogo deportivo Jaques Crevoisier, del “futbolista con mayor autoestima del mundo”. Auto candidaturas al Balón de Oro como la realizada por él mismo en 2009 fortalecieron su fama de ‘bocachancla’.

Una serie de fallos inexplicables sobre el terreno de juego hicieron el resto. Colocando al bueno de Bendtner a medio camino entre la hilaridad y la desesperación, según el estado de ánimo que poseyese el paciente aficionado gooner a cada momento. Sensaciones resucitadas en el minuto 7 del encuentro contra el WBA, cuando, tras un centro servido desde banda izquierda, el danés golpeó el poste… con su cuerpo. Después, en la prórroga, evidenciaría una clara falta de forma al dejarse robar el balón cuando todo parecía predispuesto para un mano a mano entre él y meta Daniels.

Las sombras de un encuentro en el que, sin embargo, el danés filtró un preciso pase de gol al joven Eisfeld, que abrió el marcador para el cuadro visitante. Nada nuevo por otro lado. No en vano, Bendtner acumula con la de esta noche 27 asistencias con el Arsenal. Más que, por ejemplo, Rosicky, que lleva 23. Además, el delantero no marró su lanzamiento en la tanda de penaltis, favoreciendo el 4-3 final con el que los gunner se adjudicaron el pase de ronda en la Whatever Cup. La siguiente parada, en octavos de final, será el Chelsea de Jose Mourinho.  Quizá, el momento en el que Bendtner pueda elevar un poquito la cantidad de su dorsal.