Los 17 días críticos del Tottenham Hotspur

Texto publicado originalmente en Sphera Sports

 

Hace unos días, con motivo del regreso de las competiciones europeas tras su largo parón invernal, el ‘Evening Standard’, rotativo londinense de distribución gratuita y, por ello, de enorme difusión, se preguntaba si la Europa League podría resultar para los equipos ingleses, y más concretamente para el Tottenham Hotspur, único conjunto capitalino en liza, el camino más corto para disputar la próxima edición de la Champions League. En un intento de dotar de mayor atracción al torneo, la UEFA decidió este verano que el ganador de su segundo campeonato obtuviese como recompensa una plaza en el gran escenario del balompié de clubes. Suculento premio que no ha pasado desapercibido para nadie. Especialmente en Inglaterra, dónde la competencia por un lugar en la próxima edición de la Liga de Campeones se presume feroz. Si entendemos que Chelsea y Manchester City, salvo debacle inesperada, van a repartirse las dos primeras plazas de la Premier League, esto deja a SouthamptonManchester United, Arsenal, ‘Spurs’ y Liverpool en una dura pugna solo dos posiciones. Forzosamente, alguien va a sufrir una desilusión.

Por ello, intentar ganar la Europa League, con todas las complicaciones que ello supone, no parece una opción tan descabellada para el Tottenham Hotspur. Al menos sobre el papel, claro, pues varias son las escuadras que han visto en el trofeo que levantó el Sevilla la pasada campaña algo más que la opción de sumar una copa en sus vitrinas. Lejos quedan los días en los que los conjuntos británicos depreciaban la competición, con el Stoke City viajando bajo mínimos a Valencia o las alineaciones plagadas de dorsales superiores al número 30 del Birmingham, entonces en Championship. Ahora la Europa League importa, y mucho.

Quizá es un plan b, pero nada marginal. Mauricio Pochettino, de momento, prefiere no manifestarse al respecto. “Nunca se sabe, estamos en las dos competiciones, y las dos nos pueden dar el acceso a la Champions. Lo mejor es estar centrado en el próximo partido y no pensar mucho en el futuro”, reflexionó el técnico argentino en la rueda de prensa posterior al partido que su equipo había disputado ante la Fiorentina, perteneciente a la ida de la eliminatoria de dieciseisavos de final de la Europa League. De sus actos, más que de sus palabras, se desprende que el ex del Espanyol sí piensa en poder llevarse el torneo. Así, este jueves, los ‘Spurs’ presentaron este jueves un once repleto de titulares. Con una excepción importante, es verdad. El hombre de moda en la parte blanca del norte de Londres, Harry Kane, vio comenzar el choque desde el banquillo. El impacto del joven delantero en una entidad de la grandeza del Tottenham es gigantesco. Así, lo primero que ve el visitante a Withe Hart Lane en día de partido, nada más bajarse en la estación de cercanías que comparte nombre con el estadio, es un puesto de bufandas y camisetas con el rostro del atacante de 21 años. En lo oficial, su imagen también es explotada por el club, siendo el principal reclamo en la tienda oficial. Además, su segundo gol frente al Arsenal, que sirvió a los de Haringey para adjudicarse el ansiado derbi norteño, ya figura entre el vídeo de imágenes históricas con el que, desde el videomarcador, la entidad calienta a su afición antes del partido.

Para justificar la ausencia de ‘HurriKane’, como es apodado, Pocehttino adujo a la carga de encuentros que poseen los suyos durante las próximas fechas. “En los próximos 17 días tenemos seis partidos de vital importancia, es por ello que tengo que rotar a lo jugadores”, señaló el técnico. El calendario le da la razón. Jugada ya la ida de la eliminatoria contra la Fiorentina, a los blancos les llega este domingo, 22 de febrero, el derbi contra el West Ham United, de gran rivalidad. Posteriormente, el jueves 26, será la vuelta en Florencia y, como colofón, el domingo 1 de marzo, los de White Hart Lane visitarán Wembley para disputarse la Capital One Cup frente al Chelsea. Los partidos ligueros contra Swansea City, 4 de marzo, y Queens Park Rangers, día 7, cierran lo que algunos medios ya han llamado el ‘march madness’ de los ‘Spurs’. “Cada partido es una final. Estamos en un punto crítico de la temporada, y debemos ir partido a partido”, espetó.

En sustitución de Kane, que llevaba cinco goles en los tres últimos partidos, el preparador argentino confió en Roberto Soldado. La apuesta le salió cara y, en el minuto 5, el delantero valenciano puso fin a una racha de diez partidos consecutivos sin ver puerta. A pesar de que apenas ha logrado justificar los 26 millones de librasque el Tottenham pagó por él, los seguidores del conjunto londinense no dudaron en entonar la canción que poseen en honor del ariete al comienzo del encuentro, muestra del apoyo que todavía le mantiene la grada a pesar de sus discretas cifras goleadoras. El cántico, tras el tanto, claro, se tornó masivo. Liderados por un Andros Townsend estelar, los locales protagonizaron un comienzo de partido fulgurante, generando una ristra interminable de ocasiones que, sin embargo, no se vio reflejada en el marcador. La Fiorentina consiguió igualar el encuentro en el 36′, después de que Basanta consiguiese cazar en el área un balón suelto tras un despeje de Hugo Lloris a lanzamiento de falta de Matías Fernández. Entonces las tablas quizá parecían injustas, aunque los méritos realizados por los violas durante la segunda mitad calibraron dicha percepción inicial. Vincenzo Montella, preparador de los italianos, tampoco quiso mojarse sobre si la Europa League es la mejor opción de los suyos para alcanzar la próxima edición de la Champions League, “lo importante es estar, sea por una vía y otra”, llegó a decir. Será la vuelta quién decida qué equipo podrá seguir soñando con dicha vía.

El grito de Islington

Publicado originalmente en Sphera Sports

 

Se llamaba Number One Sports Bar, pero podría haber sido otro pub cualquiera de los muchos que pueblan la zona. Formalmente, se publicita en el área de Liverpool Street. En la ‘City’, el corazón financiero de la gran ciudad. El lugar donde los rascacielos rompen el monótono ‘skyline’ de la capital británica, formado en su mayoría por interminables barriadas compuestas por ristras de casas adosadas de tres pisos de altura como máximo. Una zona fría, impersonal, destinada a los negocios que, normalmente, solo entiende de ocio cuando las oficinas cierran y los trajeados deciden beber la pinta de cerveza ritual que pone fin a su jornada laboral. Por ello, los fines de semana, en sus calles, la actividad, frenética de lunes a viernes, suele decrecer. Claro que, en esta ocasión, todo era diferente.

 

Para acceder al garito, la opción más cómoda suele ser apearse del metro en laestación de Old Street, salida número dos. A partir de ahí, un pequeño paseo a lo largo de Worship Street desemboca en la puerta del local. De camino, una señal ofrece la pista definitiva: “Welcome to Islington”. Normalmente, en un paso rutinario, se trata de un cartel a obviar por parte del viandante. No el pasado sábado 17 de mayo, día en que el Arsenal disputó, y ganó, la final de la FA Cup contra el Hull City por 3-2, tras la prórroga.

 

En lo futbolístico, Londres es una ciudad apasionanteDurante la temporada 2013/14, la capital británica contabilizó hasta seis equipos en la Premier League. Se trata, sin duda, de un mapa único, en el que la adscripción a un equipo de fútbol suele difuminarse en torno a las diferentes áreas de influencia donde cada club tiene su hogar. Para el Arsenal, su casa está al Norte, en Islington. Es por ello que, pese a que el choque se jugase en Wembley, a unos 15 kilómetros al oeste en línea recta, cuando el balón comenzó a rodar, un murmullo se dejó sentir en todo el barrio.

 

El reparto de entradas por parte de la Football Asociation (FA), con 25.000 entradas para cada uno de los finalistas, dejó a miles de aficionados siguiendo el partido por televisión. Muchos de ellos, en las pantallas gigantes instaladas en el Emirates Stadium. El resto, generalmente, reunidos en su pub de cabecera, como el Number One Sports Bar.

 

Desde primera hora de la mañana, la célebre camiseta roja con las mangas blancas comenzó a inundar la ciudad. No era un día normal. Se jugaba la final de la FA Cup, que en Inglaterra siempre es un evento resaltado en amarillo fluorescente sobre el calendario. Sin embargo, no se trataba de una final cualquiera. Frente a frente, se medían un debutante en tal latitud del campeonato contra un viejo gigante que llevaba nueve años dormido. Una sequía de títulos que, en las espaldas del Arsenal, pesaba demasiado. Quizá, solo a través de tal presión, se puede explicar que, en el minuto 9, los pupilos de Arsene Wengerfueran perdiendo por 0-2. Una distancia que, a tenor de las ocasiones disfrutadas por los Tigers, pudo ser incluso mayor. Quizá solo así se pueda explicar que el técnico alsaciano, que ya colecciona cinco copas en su palmarés particular (igualando así el récord de Sir Alex Ferguson) calificase la victoria como “el trofeo más importante en la historia del club”. 

 

Así se celebró en el Number One Sports Bar. Tanto que, en el mismo momento que Ramsey marcó el gol del triunfo Gunner en la prórroga, uno de los extasiados clientes, fruto de la alegría inmensa que bullía en su interior, golpeó el proyector que, colgado del techo, servía imágenes a la principal pantalla del local, desconectándolo para siempre. Por ello, los aficionados allí reunidos, tuvieron que ver a Thomas Vermaelen alzar la copa al cielo londinense a través de las televisiones auxiliares del pub. A nadie pareció importarle en demasía, claro. El Arsenal era de nuevo campeón y aquello era lo único que importaba.

 

Por fin, el Arsenal dejaba de ser esa nueva versión del eterno perdedor que Nick Hornby reflejó en su célebre ‘Fiebre en las Gradas‘ para convertirse, otra vez, en el conjunto dominador que Arsene Wenger logró a raíz de su llegada en 1996. Aquelequipo que logró ganar una Premier sin perder ningún solo partido de Liga y que actualmente sólo resultaba un burdo recuerdo difícilmente de enlazar con el presente.

 

Todas las decepciones vividas, como la final de la Champions League de 2006 o la final de la Carling Cup de 2011, todas las inoportunas lesiones sufridas, todas las ventas de los diferentes jugadores emblema que se han ido sucediendo durante los últimos veranos, parecen por fin enterrados en el pasado. Sepultadas por una muchedumbre que, el domingo, en el desfile organizado por el club, inundó las calles de Islington, el mismo barrio que, el día anterior, se había convertido en una hora feliz masiva sin campanada de última ronda.

 

Según estimó la Policía Metropolitana, en torno a 250.000 personas acudieron a la cita con los campeones. Casi el triple de asistentes que al evento que, dos años antes, había organizado el Chelsea para celebrar su Liga de Campeones, hasta ahora el título más importante obtenido por un conjunto de la capital. Los cañoneros han recuperado su orgullo. Islington gritó, finalmente, de alegría.

 

El pragmatismo insensible

Publicado originalmente en Sphera Sports

 

Primera clase de primero de derecho en una facultad cualquiera. El profesor se dirige a los alumnos y, después de las procedentes presentaciones, les lanza una pregunta clara: ¿El fin justifica los medios? Quizá algo retardado por la lógica tensión del primer día, pronto empezará el debate entre dos posiciones enfrentadas que, a lo largo de los siglos, jamás han llegado a encontrarse. Seguramente, en un punto determinado, el profesor intente encauzar el tema hacia la existencia del imperio de la ley y la base teórica sobre la que se ha de sustentar los cuatro años de carrera. Sin embargo, siempre habrá un sofista, incluso puede que todavía ignorante de su condición, que diga sí con la boca pequeña.

 

Estos días, el este de Londres vive inmerso en una discusión similar. Aplicada a un terreno mucho más liviano, eso sí. O quizá no tanto, al tratarse el objeto de estudio un club de la importancia social del West Ham United. Con 37 puntos en su bolsillo y la sensación generalizada de que, salvo catástrofe improbable, el siguiente curso continuarán en la Premier League, ha llegado el momento de hacer balance. ¿Ha merecido la pena el camino emprendido?

 

El epicentro de la discusión tiene nombre y apellido; Sam Allardyce. Con su particular estilo de juego, el técnico inglés ha logrado que los ‘Hammers’ pasen de jugar en Championship a estabilizarse entre la élite. De manera más reciente, los de Upton Park han conseguido ganar seis de los últimos nueve partidos de Liga. Un acelerón que le valió a su entrenador el galardón de mejor preparador del mes de febrero. Así pues, los resultados no son, en ningún caso, motivo de duda o polémica. El quid de la cuestión se focaliza, más bien, en el espectáculo que se ve sobre el verde. O, según algunas voces discordantes, en la falta del mismo.

 

Tómese como ejemplo válido el último encuentro disputado por los de borgoña y azul. En un partido casi agónico para su rival, el Sunderland, los ‘Hammers’ consiguieron llevarse el triunfo del Stadium of Light por 1-2 gracias a la actuación del futbolista que mejor explica cómo es el West Ham de Sam Allardyce, Andy Carroll. El ariete inglés marcó el primer gol y dio la asistencia del segundo. Imponiendo, además, su figura en el desarrollo del juego. Según las estadísticas recogidas por la prestigiosa revista ‘Four Four Two’, la tercera combinación más empleada por los visitantes en el encuentro fue la formada por Adrián y Carroll. Esto es, del portero al delantero y, a partir de ahí, a jugar. Tan simple como, a tenor de los guarismos, efectivo. Un pragmatismo que, en cierto modo, chirría con los cánones de belleza establecidos actualmente en el balompié mundial. Tras el éxito de la selección española a nivel internacional y el impacto que posee el demoledor ataque del Liverpool de Brendan Rodgers en Inglaterra, la propuesta abanderada por, entre otros, ‘Big Sam’, como se le apoda cariñosamente, resulta ciertamente anacrónica. Célebre fue, a este respecto, la descripción realizada por José Mourinho, quién tras un empate a cero en Stamford Bridge calificó la táctica de sus contrarios como “fútbol del siglo XIX”.

 

La imagen contrasta poderosamente con la tradición de un club que porta orgulloso el sobrenombre de ‘The Academy of Football’. El apodo, ganado por lo históricamente prolífico de su escuela, refleja la manera en la que todavía muchos seguidores ven a su equipo. De hecho, en el imaginario popular ‘hammer’, todavía está muy presente el éxito de 1966, cuando Inglaterra se proclamó campeona del mundo con Bobby Moore como capitán y Geoff Hurts Martin Peters como goleadores en la final. Los tres, jugadores formados y defensores de los martillos cruzados. La  imagen de que, durante algún tiempo, hablar del West Ham era sinónimo de vanguardia.

Lo cierto es que Allardyce nunca ha engañado a nadie. Llego al popular East End como la solución más directa para alcanzar el retorno a la Premier, entendida dicha aseveración en su contexto más amplio posible. Y, por su parte, ha cumplido. Sin embargo, las  voces críticas, que siempre han estado ahí, permanecen discordantes. Así, el ‘Evening Standard’, el diario gratuito que se reparte en la capital británica por la tarde, con una tirada superior a los 600.000 ejemplares, se preguntaba en sus páginas este miércoles si resultaba idóneo que Allardyce continuara en el cargo. A tres columnas, James Olley firmaba la reflexión: “Juego apasionado, o poesía en movimiento, o los dos… ¿Qué quiere hacer el West Ham con el dinero?”. En él, tras repasar la obra, vida y milagros del técnico, el periodista concluye: “En una entrevista en 2012, Allardyce dijo: ‘Al contrario de lo que los medios dicen, los fans del West Ham están más interesados en la pasión y el compromiso que en todo eso del fútbol bonito’. Allardyce o Alladrici, siempre se ha creído que los dos son necesarios”. 

 

Último día de clase de quinto de derecho en una facultad cualquiera. El profesor, ascendido a padrino de la promoción, se dirige a los alumnos y, después de las procedentes felicitaciones, les lanza una pregunta clara: ¿El fin justifica los medios? No hay consenso.

El método de Tim Sherwood

Publicado originalmente en Sphera Sports.

Arranca  el partido y Tim Sherwood se levanta de su asiento como un resorte. Con una sonora patada abre la pequeña puerta que separa el banquillo de la llamada área técnica y comienza a dar órdenes a su equipo. Cruda declaración de intenciones, no es tiempo para sutilezas en la zona blanquiazul del norte de Londres. El manager del Tottenham Hotspur, que comenzó como interino y fue ratificado en diciembre para lo que resta de campaña y otra más, ya no se moverá de la zona pegada a la línea de banda en los 90 minutos que dure el encuentro -más el añadido-. No parará de gesticular y discutir con el cuarto árbitro. Incluso, llegará a jurar en un volumen más que audible para las primeras filas de White Hart Lane, estadio que cumple aquello de que el público debe estar lo más cerca posible del césped. Pura pasión en la que se refleja un equipo que nada tiene que ver con el conjunto lánguido que naufragó durante el primer tramo de la temporada. A pesar de que casi nada ha cambiado, los ‘Spurs’ son un conjunto nuevo. Ocho victorias, dos empates y cinco derrotas son los números en 15 partidos oficiales disputados.

“¿Nos habíais dado por muertos y enterrados, no?”. Sherwood bromea sonriente en la sala de prensa. No para, incluso, en los largos compases de espera en los que traductor ejerce su trabajo para que los medios ucranianos desplazados puedan conocer sus impresiones. Instantes antes había celebrado en el césped de manera efusiva el triunfo por 3-1 ante el Dnipro en la vuelta de los octavos de final de la Europa League. Todo pareció perdido para los ‘Spurs’, que cayeron por 1-0 en Ucrania y vieron como, en el minuto 47, Zozulya conseguía perforar su meta. Sin embargo, con tres goles en 13 minutos, y la polémica expulsión del ínclito Zozulya mediante, todo cambió. La emoción pudo al raciocinio. Las vísceras, al cerebro. Es el método Sherwood, fútbol ejecutado con el corazón.

 A comienzos de febrero, con motivo de su recuperación, Jan Vertonghen era preguntado por su nuevo técnico. Las palabras del belga, a quien se le consideraba próximo a Villas-Boas, dejan a las claras la relación del entrenador con sus pupilos: “Cada manager tiene sus cosas. Tim, quizá, es un poco más directo”. De tú a tú, sin medias tintas. Así cogió al equipo y así lo levantó.Sin duda, el gran acierto durante su corto mandato ha sido el rescate de Emmanuel Adebayor. El delantero centro, hasta entonces apartado del equipo, suma 11 dianas en los últimos 15 partidos. Cifras escandalosas, que mantienen al Tottenham vivo en la lucha por entrar en la Champions League, su gran objetivo. Con una trayectoria errática, repleta de altibajos que más tienen que ver con lo actitudinal que con lo referente a sus aptitudes, parece que el togolés ha encontrado, al fin, un capitán al que servir. Por ello, tras marcar su segundo tanto ante el Dnipro, no dudó en acercarse a la banda y, con un saludo militar, celebrarlo junto a su entrenador. La instantánea, nombrada por el diario ‘The Guardian’ como la foto del día, habla por sí sola.

White Hart Lane, como no podía ser de otra manera, también se ha rendido a los pies del atacante africano. En sus días como jugador del Arsenal, el punta era el futbolista más duramente insultado por la grada sur los días de derbi. Tanto que, en 2011, ya en las filas del Real Madrid, el propio jugador llegó a denunciar públicamente lo que él consideraba un abuso de naturaleza racista. Ahora, con la misma sintonía con la que se burlaban de él, los fans más ruidosos de los ‘Spurs’ le piden perdón. La conexión con el gran rival, es otro un punto en común entre técnico y pupilo. No en vano, poco después de aceptar el cargo, Sherwood reconoció que, de niño, había sido ‘gunner’ y que su padre seguía acudiendo al Emirates cada dos fines de semana con su pase de temporada.

Tal declaración, en otras circunstancias, hubiera sido un suicidio social. Sin embargo, Sherwood no tiene miedo porqué no tiene nada que perder. Va de frente y, sabiendo que está ante la gran oportunidad de su vida, asume las complicaciones con una naturalidad asombrosa. Alcanzó el mando de manera inesperada y, a priori, de forma temporal. El Tottenham, conjunto que se había gastado 100 millones durante el mercado veraniego para intentar alcanzar el célebre ‘sky four’, parecía el destino para alguien con más caché en el mundo de los banquillos. Por ello, la noticia de su ratificación, y ampliación de contrato hasta 2015, no dejó a nadie indiferente. De hecho, el nombre de Louis Van-Gaal, a priori el deseado por Daniel Levy para hacerse con el control deportivo, continúa planeando en el entorno ‘spur’. Esperando, quizá, una futura marcha de la selección holandesa tras el Mundial de Brasil 2014.

Mientras tanto, es el momento de Sherwood. La hora de probar que no está de paso por la élite. Hasta ahora, las principales críticas sobre su trabajo se centran en su escasez de recursos tácticos. En su libro de estilo el 4-4-2 es innegociable.Prácticamente, y dan igual los caminos por los que transcurra el encuentro, inmutable. Aunque eso sí, a diferencia del equipo construido por Villas-Boas, que bajo su característico 4-3-3 buscaba asestar directos bajo el contragolpe, el Tottenham actual quiere el balón y, además, hace más goles. Muchos más goles. Tantos que solo en un partido, el disputado ante el Norwich en Carrow Road, se ha quedado sin marcar. En sus pros se apunta, además, su confianza en los más jóvenes. Su conocimiento de la academia, a la que ha estado ligado durante los últimos cinco años, no le ha hecho dudar a la hora de recurrir a ella ante la plaga de lesiones que asola al Tottenham actualmente. Queda, por si fuera poco, el factor emocional. Ese capaz de voltear eliminatorias que se han puesto abajo por 2-0. Tim Sherwood, desde luego, no se va a rendir.