¿Se atasca el Tecnyconta con Sergi García en pista?

Sensación de alivio en la parroquia rojilla tras la derrota del Tecnyconta en Santiago por 80-76 el pasado sábado. Aunque resulte paradójico, el resultado negativo ha sido acogido mayoritariamente como buenas noticias, pues las expectativas generadas durante la pretemporada apuntaban a un desastre que no se llegó a producir. Por contra, el equipo de Jota Cuspinera se mostró capaz de competir, nunca perdió la cara al partido y varios jugadores enseñaron esa versión idílica de sus capacidades que espera cada aficionado cuando se anuncia su fichaje.

En líneas generales, se puede afirmar que figuras como Dragovic (16p, 5r y 21v), Neal (16p), Blums (17p y 13v con 4/7 en triples), Barreiro (6p con un sólido 2/3 en triples), Suárez o De Jong (ambos en su papel de jugadores de rotación) salieron reforzadas de Fontes do Sar.

Pero claro, el partido se perdió y hay que buscar razones por las que el casillero de victorias permanece a cero. Máxime, cuando el Obra no dio muestras de ser un equipo muy superior y todo parece indicar que acompañará a los zaragozanos en el grupo que ha de luchar por evitar el descenso.

La crítica de aficionados y prensa, tendente siempre a analizar el juego como una suma de individualidades, subraya en negativo en el papel desarrollado por los dos bases del equipo, así como el poco impacto que Jarvis Varnado, hasta la llegada de Gary Neal presunta estrella del equipo, tuvo en el partido. Lo cierto es que la estadística es clara. Entre Bellas y García sumaron 4 puntos, 6 asistencias (todas ellas logradas por Bellas) y 3 de valoración (también aportados por el ’11’ rojillo). Números pobres que prueban la necesidad de mejora en el ‘uno’.

Sin embargo, a pesar de ello, el equipo pareció funcionar durante, al menos, tres cuartos. Se vio una defensa intensa, con ayudas y muchas menos desconexiones que en la pretemporada. En ataque, el equipo jugaba rápido, con posesiones cortas y porcentajes de acierto más que interesantes. Así, al término del tercer cuarto, los rojillos mandaba por 56-61.

Lamentablemente, al inicio del último acto todo se torció. El Tecnyconta entró en barrena y, tras un parcial en contra de 12-1, la derrota se percibió como la opción más probable. Varios son los ojos que miran a Sergi García como máximo responsable, no en vano era el director de juego en pista.

La estadística es demoledora en su contra pero, ¿realmente es el responsable del atasco que sufrió el equipo?

Veamos las posesiones ofensivas jugadas por el Tecnyconta durante dicho parcial:

Min 9.41 – Sergi ordena un sistema y acto seguido se va a una esquina. La jugada termina con penetración de Blums, falta sobre el letón y dos tiros libres que suponen el único punto de los aragoneses durante el parcial.

Min 9.02 – El balón vuelve a Blums, que actúa de facto como generador una vez más. Pérdida del letón cuando intentaba jugar pick’n’roll con Suárez.

Min 8.30 – Contraataque defectuoso que Michalak termina con un triple porque sí. Acto seguido, el polaco se va al banco.

Min 8.25 – Sergi, el base, saca de banda. Balón a Blums que se juega un triplazo de ocho metros y con un defensor encima. Falla.

Min 8.11 – Afortunadamente, Suárez coge el rebote ofensivo. Éste se la da a Sergi, que penetra. Después de saltar, el joven balear dobla a De Jong, que está solo bajo canasta. El internacional holandés falla incomprensiblemente lo que hubiese sido una asistencia de libro. “Este tipo de fallos mata el esfuerzo del equipo”, dice Piti Hurtado en la retrasmisión.

Min 7.49 – Neal, que acaba de entrar en pista, sube la bola. Se la da a Sergi, que vuelve a penetrar. En el último momento vuelve a doblar el balón, en esta ocasión a Suárez, que está libre de marca en la línea de triple. El ala-pívot, a pies quietos, falla  un lanzamiento que para un especialista como él es lo más parecido a un tiro libre. Sergio sigue con cero asistencias; ¿pero es realmente su culpa?

Min 7.27 – Neal vuelve a subir la bola, le hacen falta y Sergi saca de banda. ¿De verdad es Sergi el base? La jugada termina con una penetración lastimosa de Varnado, que se lleva un tapón.

Min 7.05 – Ahora sí, Sergi sube la bola y recibe falta de Laksa en la presión. Acto seguido, el sistema consiste en darle la pelota a Varnado en el poste alto, bloquear al defensor de Neal y que este tenga vía libre para anotar. Lamentablemente el americano falla una bandeja.

Min. 6.40 – Tiempo muerto. Entra Bellas y Sergi se sienta. El equipo todavía permanecería sin anotar algo más de dos minutos y medio.

La lectura de la estadística nos indica que, con García, el Tecnyconta acumuló -6 en total, no dio ninguna asistencia y solo anotó dos puntos (desde el tiro libre). Sin embargo, la simple revisión de un extracto del partido, del peor tramo llevado a cabo por los aragoneses, no hay ni un fallo achacable al balear -en ataque-.

¿De verdad se puede hablar de que Sergi es uno de los problemas del Tecnyconta Zaragoza?

La leyenda de Neil Marshall

Publicado originariamente en Panenka

 

Probablemente no te suene su nombre, pero Neil Marshall es una auténtica leyenda en la pictórica ciudad de Lancaster. Famosa por su castillo del siglo XIII y el particular encanto de sus empinadas calles adoquinadas, la localidad que ofrece su nombre al histórico condado de Lancashire, quizá la región más prolífica en lo que a fútbol se refiere, no ha logrado trascender en el contexto balompédico como sus vecinas BlackpoolPreston o, incluso, Morecambe, la cual formalmente forma parte de la llamada ‘City of Lancaster’. Sin embargo, eso no es óbice para que el club local, el Lancaster City, fundado en 1911, despierte las pasiones de aquellos vecinos que prefieren verse seducidos por la romántica idea del ‘Non-League football’.

Así me lo explicó una vez su presidente, Stuart Houghton, en la previa de un partido fuera de casa contra el Mossley AFC. En su caso, galés y aficionado al Liverpool FC, el Lancaster era la forma de integrarse y, a su vez fomentar, la comunidad local. Hasta tal punto que hacía varios años que no sentía la necesidad de acudir a Anfield Road. “¿Dónde más puedes tomarte una cerveza después del partido con ambos equipos y los aficionados desplazados?”, me dijo.

La intra historia de cómo acabé en aquel partido es curiosa y ejemplifica el carácter acogedor y familiar del City. Por medio de un conocido, el periódico local, el Lancaster Guardian, se puso en contacto conmigo para ofrecerme cubrir el partido. Pero, al no tener medio de locomoción propio, accedieron a que me desplazara hasta Mossley, al norte de Mánchester, en el autobús del club. Se trataba de una expedición pintoresca, con equipo, directivos, todos ellos ataviados con el reglamentario traje y la corbata con los colores de los Dolly Blues, aficionados y prensa -yo- viajando juntos y compartiendo sándwiches del Tesco. Fútbol semi-amateur en estado puro, cercano y profesional al mismo tiempo.

Evidentemente, situaciones como esta, o parecidas, se pueden dar cada fin de semana en los miles de clubes que conforman la interminable pirámide del fútbol inglés. Sin embargo, aunque el Lancaster pueda ser un equipo más, posee una leyenda que merece ser contada.

Neil Marshall era un chico local, nacido y criado a pocos metros de Giant Axe, el hogar de los Dolly Blues. Se trata de un pequeño estadio situado en la falda del icónico castillo, compuesto de gradas de chapa y con olor a ‘pie’ recién horneado procedente de la cantina, epítome de lo que a este lado de Europa solemos entender como campo británico. Marshall era alto, fuerte y duro, lo que al otro lado del Canal de la Mancha a veces traducen como delantero centro. Desde niño destacó por su pasión por el juego, lo que le granjeó una prueba con el Blackpool. Sin embargo, el destino quiso que capitaneara el club de su ciudad local.

Fontanero de profesión, Marshall progresivamente fue reconvirtiendo su posición a defensa central. Acumuló más de 400 partidos en diez años con la camiseta azul del Lancaster, lo que le granjeó un reconocimiento por parte del club en forma de pancarta en uno de los fondos de Giant Axe. Dicen que nunca le faltaron ofertas de otros equipos de la zona para saltar a categorías superiores, el City actualmente se encuentra en el octavo nivel de la pirámide inglesa, sin embargo, ‘El Capitano’, una vez desechado el fútbol como salida profesional, decidió permanecer fiel al equipo de su ciudad.

Retrotraigámonos ahora al 21 de enero de 2016. Marshall, aquejado de un complejo cáncer de piel con el que llevaba cinco años batallando, anunció su retirada del fútbol tras conocer que su enfermedad sería incurable. Su carta de despedida, publicada en el Guardian, no puede ser más esclarecedora. “Después de diez años esforzándome en entrenar y jugar, de pasar todos los martes, jueves y sábados fuera de casa, ha llegado el momento de dedicar todo mi tiempo a mi familia”, decía. Padre de dos hijos de corta edad, la decisión no podía ser más comprensible.

Sin embargo, ‘Marshy’, como era apodado en el vestuario, decidía reservarse un último rodeo. A pesar de las molestias y su previsible deterioro físico, terminaría la temporada en curso con los Dolly Blues.

Durante el curso, el Lancaster consiguió alcanzar la final de copa organizada por la Lancashire FA,que tuvo lugar el impresionante Macron Stadium, hogar del Bolton. El rival, el Chorley FC, un histórico conjunto de la zona, fue fundado en 1883, que actualmente se encuentra dos divisiones por encima de los azules, pero cuyas pretensiones pasan por regresar al escalón inferior al fútbol profesional. A pesar del favoritismo de los ‘magpies’, el City logró adelantarse en el marcador en dos ocasiones. Lamentablemente, como bien sabemos en este texto, los finales felices raramente son la norma en la vida real y, después del tiempo reglamentario, el Chorley logró hacerse con el trofeo en la tanda de penaltis.

Marshall logró finalizar su última temporada con el Lancaster City sin problemas. Al término de la misma, el club le organizó un partido homenaje contra un combinado de veteranos del Liverpool FC, su equipo de la infancia. La relación de ‘El Capitano’ con sus héroes se extendería por un partido más, cuando la fundación de Jamie Carragher le invitó a jugar un partido benéfico entre leyendas del Liverpool y aficionados. En declaraciones a Liverpool Echo, Marshall relató la experiencia: “Tenía a Carra a un lado y a Fowler gritándome ‘Marshy’ al frente. A cualquiera que se lo cuentes no se lo creería”.

Aquel partido se celebró el pasado ocho de mayo y, lamentablemente, Marshall falleció el 16 de noviembre, con solo 31 años de edad. Esta es una historia triste, pero también una de las mayores declaraciones de amor al fútbol jamás realizadas. Quizá sea la primera vez que oigas su nombre, pero Neil Marshall ya es una leyenda, y no solo en Lancaster.

El día que nos hicimos mayores

La gran mayoría de culturas poseen ritos o celebraciones que marcan el paso del individuo de la etapa infantil a la edad adulta. Sin embargo, en la cultura cada vez más global de occidente en la que nos encontramos inmersos, los límites son cada vez más difusos, por no decir que en algunos casos han sido completamente borrados. Pese a que la comunidad judía todavía celebre el Bar Mitzva o en México exista la fiesta de la Quinceañera, aunque en MTV podamos ver pomposas celebraciones de Sweet Sixteen, lo cierto es que dichos actos solo son simples vestigios tradicionales, cuando no meras ostentaciones del consumismo, y no eventos con unas consecuencias tangibles en la vida del iniciado.

Hace mucho que la sociedad posmoderna eliminó la figura del adulto tradicional de sus manuales. La adolescencia se prolonga hasta años después de sus consecuencias fisiológicas y, tras ella, llega ese éter que supone la juventud. Ahora, todos somos jóvenes.

Actualmente hay treinañeros con carné joven y otros que nunca han cotizado a la Seguridad Social. Treintañeros de Erasmus y cuarentones copando los garitos nocturnos, porque los chavales hace años que encontraron alternativas de ocio diferentes a ponerse como las Grecas al ritmo de esa amalgama musical que hemos acordado calificar como ‘pachanga’. Los videojuegos ya no son para niños, porque los que eran niños cuando éstos aparecieron nunca dejaron de jugar. Películas de superhéroes y Pokémon Go.

Hace ya muchos años que un amigo, para más inri ya emanzipado por aquel entonces, le comentó a su padre que había quedado con sus amigos para ir a jugar a los bolos un viernes por la noche. La contestación de su padre no pudo ser más gráfica: “dile a tus amigos que ya es hora de madurar”. Nunca la brecha generacional estuvo mejor expresada.

Los medios suelen hablar de la generación perdida, la que pasó de usar el término mileurista como adjetivo peyorativo a verlo como una aspiración profesional. Una generación fracasada, que sin embargo triunfó en su cruzada por no tener que llevar zapatos nunca y poder utilizar camisetas del Capitán América sin ser repudiados socialmente. Es la generación de la nostalgia, de la continua mirada atrás. Moda retro y artículos vintage. Camisetas de Charles Barkley en los Phoenix Suns en El Corte Inglés y la de Fernando Arcega en ‘Yo los vi jugar’. Las Jordan III que no te pusiste permitir en su momento, en unos materiales muchos más pobres que las originales, y todos los artículos y películas de ‘Star Wars’ que tu padre imaginó en los 70’. Actualmente se puede ir a ver al cine la nueva de ‘Ben Hur’ y de ‘Los 7 Magníficos’. Lamentablemente, llegas tarde para ‘Las Cazafantasmas’.

En 2002, un grupo de empresarios aragoneses se plantearon devolver el baloncesto a la ciudad de Zaragoza. Era un proyecto ambicioso, que pretendía llegar a ACB en un solo año, pero cuya aceptación quedó fuera de toda previsión.

En la rueda de prensa de presentación, el nuevo club anunció su nombre y colores corporativos. El club se llamaría Basket Zaragoza 2002 y vestiría de rojo. Además, un detalle relevante, dejaría el número 6 deserto en reconocimiento a Fernando Arcega, tal y como había hecho el antiguo club de referencia de la ciudad, el histórico CB Zaragoza. La intención era clara y nada disimulada, se trataba de conectar en la memoria colectiva al recién llegado con los días de gloria del balón naranja en la capital aragonesa. El plan se redondeó cuando consiguieron que la Caja de Ahorros de la Inmaculada se involucrase en el proyecto.

Había vuelto el CAI Zaragoza; shut up and take my money.

Los planes de tapar el segundo anillo del Príncipe Felipe con unas lonas para hacerlo más acogedor quedaron automáticamente desfasados. La locura desatada aquellos años es difícil de explicar y, a buen seguro, estaba fuera de toda previsión, pero nada fue casual. CAI Zaragoza es mucho más que una mera denominación comercial. El club de baloncesto de Zaraoza es el CAI, sin importar lo que CAI signifique. Por eso en 2011 el equipo nunca se llamó Caja3, como si hizo el BM Aragón, ni pasó a ser el Ibercaja Zaragoza en 2013.

Pero la situación era anómala y era cuestión de tiempo que tuviese un final. Esta temporada el equipo será denominado Tecnyconta Zaragoza y todos nos sentimos raros. Han sido 14 años consecutivos de CAI Zaragoza y el nuevo club posee un legado que incluso se sostiene por sí mismo, sin el apoyo sentimental del viejo CBZ. Donde antes veíamos unas formas y colores por todos reconocibles, ahora el club ha presentado unas letras blancas sobre fondo negro y un pequeño cuadrado amarillo en la esquina superior derecha. Y todos sabemos que es el mismo equipo, el mismo club, pero al mismo tiempo hemos visto como un pequeño capítulo de nuestra vida ha llegado a su fin de manera irremediable.

Quizá, con la marcha definitiva del CAI Zaragoza hayamos madurado un poco.

The Wytches dark storm fell all over Preston

Publicado originalmente en SensesMag

It was a cold, drizzle night in Preston. Probably, the perfect background curtain for a The Wytches gig. The Brighton-based band made a stop into their UK tour to fulfil The Ferret with their distinctive dark energy. Suddenly, the storm was happening inside the venue.

It was a sold out event. That means almost 200 people ready to enjoy the music of one of the most promising bands in Britain. After his first reference was released, ‘Anabel Dream Reader’ (2014), the trio has been described as “psychedelia painted in black” by The Guardian. Reminiscences of Nirvana’s Bleach album on their sound are inevitable as well.

With the venue full packed, The Wytches opened their Preston’s showcase with ‘C-Side’, a new song where band showed their new addition: an organ. The instrument expands their roundness, giving them a new dimension.

Following, instant classics as ‘Wide at night’ or ‘Gravedweller’, both from their album debut, were recognized by the crowd, which started to move furiously. A mosh-pit appeared on the dancefloor and things went more intense with ‘Wasteybois’.

Then it sounded ‘The holy tigtrophe’ and, later, ‘Summer again’ calmed the mood again, preparing the audience for the big end with ‘Robe for Juda’.

As soon as the last note was played, the band left the stage without muttering a single word. An abrupt end which forms part of the band’s ethos. The end of the storm.

The Wytches were supported by Baby in Vain, a noise rock trio from Denmark with female vocals and grunge attitude and local band Moon & The Beams, who played a 60’s psychedelic rock and roll.

“Better go to Manchester”, an approach to Preston’s Live Music Scene

Publicado originalmente en Senses Mag

September 2015. A foreign student arrives to Preston for a new academic year. Completely lost in an alien environment, the innocent newbie asks to Dave – the Bed & Breakfast’s reception guy where he is staying, about a place to enjoy some live tunes and drink something. No matter what – either music style and drink type, as long as its contains alcohol. The answer was as graphic as hopeless; “if you want live music, better go to Manchester”.

Well, Manchester is a worldwide music mecca. So, clearly, the reception guy had a point. But, what about the Lancashire’s capital?

On a first approaching, music venues scene in Preston doesn’t look as dramatic as Dave’s view could suggest. Has seen Preston music scene better days? Yes, of course. During the 70’s and the 80’s, such a relevant and iconic bands like Joy Division or Led Zeppelin played in the town. But it’s also truth that the whole music world has seen better days. So, talking about the present, there still a few pubs and clubs struggling to offer a place to go an enjoy while a band is doing their thing at the stage. And they deserve a go.

Obviously, or maybe not so obvious, who knows, there isn’t any massive venue on the city to host the biggest names in the industry. So yes, if you are only interesting in big bands or some Lady Gaga alike showbiz product, better go to Manchester. Or even London, actually.

The biggest venues in Preston are the Guild Hall, at Lancaster Road, and 53 Degrees, in Brook Street, with a capacity of 2,034 and 1,500 respectively. In fact, maybe not enough to hosts mid-size bands nowadays. This could be the reason why both of them have been threatened to close doors recently. The Guild Hall was sold to a local investor by 1 pound by the Preston City Council about one year ago. Meanwhile, 53 Degrees – which depends of the UCLAN’s Student Union, reconsidered it’s original decision of closure after a last-minute deal with HD Concerts, a gig promotion company.

Ben Latham, Student Union President at that time, explained the close down option this way: “Like many students’ unions, civic and high street venues; 53 Degrees faces the challenge of changing leisure habits and student demographics, developments in the music industry and the recent recession”.

Probably, young people is not as much interested as used to be in live music. Or, at least, they select more where and when they attend to a gig. Only four years ago, an article published on ‘Preston blog’shortlisted four music venues of what it described as a “vibrant and diverse scene”. Nowadays, only one of them, The Ferret, located in 55 Flyde Road, still open and celebrating gigs regularly. An authentic local institution, its small capacity creates an intimate atmosphere being the place to be in Preston for sure.

Fortunately, The Ferret it’s not alone on its mission of fulfill Preston’s nights with live music. The Continental, in South Meadow Lane, offers a wide range of gigs every weekend, being a great option for those ones which still searching for some fun while a band is playing. Also, nightclub Blitz, has re-opened in Church Row after its first localization was demolished during the past year.

Summarizing, The Ferret, The Continental and Blitz, are the three wheels of Preston’s live music scene tricycle.

Just in case someone is wondering about what happened with that lost student who wanted to know about. Well, he headed to Deepdale and watched North End being beated by Derby County, 1-2. Then he decided to investigate by his own.

Los 17 días críticos del Tottenham Hotspur

Texto publicado originalmente en Sphera Sports

 

Hace unos días, con motivo del regreso de las competiciones europeas tras su largo parón invernal, el ‘Evening Standard’, rotativo londinense de distribución gratuita y, por ello, de enorme difusión, se preguntaba si la Europa League podría resultar para los equipos ingleses, y más concretamente para el Tottenham Hotspur, único conjunto capitalino en liza, el camino más corto para disputar la próxima edición de la Champions League. En un intento de dotar de mayor atracción al torneo, la UEFA decidió este verano que el ganador de su segundo campeonato obtuviese como recompensa una plaza en el gran escenario del balompié de clubes. Suculento premio que no ha pasado desapercibido para nadie. Especialmente en Inglaterra, dónde la competencia por un lugar en la próxima edición de la Liga de Campeones se presume feroz. Si entendemos que Chelsea y Manchester City, salvo debacle inesperada, van a repartirse las dos primeras plazas de la Premier League, esto deja a SouthamptonManchester United, Arsenal, ‘Spurs’ y Liverpool en una dura pugna solo dos posiciones. Forzosamente, alguien va a sufrir una desilusión.

Por ello, intentar ganar la Europa League, con todas las complicaciones que ello supone, no parece una opción tan descabellada para el Tottenham Hotspur. Al menos sobre el papel, claro, pues varias son las escuadras que han visto en el trofeo que levantó el Sevilla la pasada campaña algo más que la opción de sumar una copa en sus vitrinas. Lejos quedan los días en los que los conjuntos británicos depreciaban la competición, con el Stoke City viajando bajo mínimos a Valencia o las alineaciones plagadas de dorsales superiores al número 30 del Birmingham, entonces en Championship. Ahora la Europa League importa, y mucho.

Quizá es un plan b, pero nada marginal. Mauricio Pochettino, de momento, prefiere no manifestarse al respecto. “Nunca se sabe, estamos en las dos competiciones, y las dos nos pueden dar el acceso a la Champions. Lo mejor es estar centrado en el próximo partido y no pensar mucho en el futuro”, reflexionó el técnico argentino en la rueda de prensa posterior al partido que su equipo había disputado ante la Fiorentina, perteneciente a la ida de la eliminatoria de dieciseisavos de final de la Europa League. De sus actos, más que de sus palabras, se desprende que el ex del Espanyol sí piensa en poder llevarse el torneo. Así, este jueves, los ‘Spurs’ presentaron este jueves un once repleto de titulares. Con una excepción importante, es verdad. El hombre de moda en la parte blanca del norte de Londres, Harry Kane, vio comenzar el choque desde el banquillo. El impacto del joven delantero en una entidad de la grandeza del Tottenham es gigantesco. Así, lo primero que ve el visitante a Withe Hart Lane en día de partido, nada más bajarse en la estación de cercanías que comparte nombre con el estadio, es un puesto de bufandas y camisetas con el rostro del atacante de 21 años. En lo oficial, su imagen también es explotada por el club, siendo el principal reclamo en la tienda oficial. Además, su segundo gol frente al Arsenal, que sirvió a los de Haringey para adjudicarse el ansiado derbi norteño, ya figura entre el vídeo de imágenes históricas con el que, desde el videomarcador, la entidad calienta a su afición antes del partido.

Para justificar la ausencia de ‘HurriKane’, como es apodado, Pocehttino adujo a la carga de encuentros que poseen los suyos durante las próximas fechas. “En los próximos 17 días tenemos seis partidos de vital importancia, es por ello que tengo que rotar a lo jugadores”, señaló el técnico. El calendario le da la razón. Jugada ya la ida de la eliminatoria contra la Fiorentina, a los blancos les llega este domingo, 22 de febrero, el derbi contra el West Ham United, de gran rivalidad. Posteriormente, el jueves 26, será la vuelta en Florencia y, como colofón, el domingo 1 de marzo, los de White Hart Lane visitarán Wembley para disputarse la Capital One Cup frente al Chelsea. Los partidos ligueros contra Swansea City, 4 de marzo, y Queens Park Rangers, día 7, cierran lo que algunos medios ya han llamado el ‘march madness’ de los ‘Spurs’. “Cada partido es una final. Estamos en un punto crítico de la temporada, y debemos ir partido a partido”, espetó.

En sustitución de Kane, que llevaba cinco goles en los tres últimos partidos, el preparador argentino confió en Roberto Soldado. La apuesta le salió cara y, en el minuto 5, el delantero valenciano puso fin a una racha de diez partidos consecutivos sin ver puerta. A pesar de que apenas ha logrado justificar los 26 millones de librasque el Tottenham pagó por él, los seguidores del conjunto londinense no dudaron en entonar la canción que poseen en honor del ariete al comienzo del encuentro, muestra del apoyo que todavía le mantiene la grada a pesar de sus discretas cifras goleadoras. El cántico, tras el tanto, claro, se tornó masivo. Liderados por un Andros Townsend estelar, los locales protagonizaron un comienzo de partido fulgurante, generando una ristra interminable de ocasiones que, sin embargo, no se vio reflejada en el marcador. La Fiorentina consiguió igualar el encuentro en el 36′, después de que Basanta consiguiese cazar en el área un balón suelto tras un despeje de Hugo Lloris a lanzamiento de falta de Matías Fernández. Entonces las tablas quizá parecían injustas, aunque los méritos realizados por los violas durante la segunda mitad calibraron dicha percepción inicial. Vincenzo Montella, preparador de los italianos, tampoco quiso mojarse sobre si la Europa League es la mejor opción de los suyos para alcanzar la próxima edición de la Champions League, “lo importante es estar, sea por una vía y otra”, llegó a decir. Será la vuelta quién decida qué equipo podrá seguir soñando con dicha vía.

Presión insoportable: el caso de Ched Evans

Texto publicado originalmente en Sphera Sports

 

El Oldham Athletic comunicó este jueves, 8 de enero, que no contratará a Ched Evans, delantero galés de 26 años que actualmente se encuentra en paro. El hecho, de relativo alcance deportivo, es sin embargo la noticia del día en el Reino Unido. Tanto que el club de League One tuvo que emitir un comunicado para explicar las razones por las que no se llegó a completar la operación. En su misiva, los ‘Búhos’, como son apodados, aducían a una “presión insoportable sufrida” como principal motivo por el que el internacional galés no había acabado por reforzar a su equipo en este mercado invernal. La razón; los dos años y medio de cárcel, de una condena total de cinco años, que el futbolista ha cumplido recientemente tras ser encontrado culpable de un delito de violación a una camarera que, cuando sucedieron los hechos, en 2011, tenía 19 años.

Debido a la repercusión y popularidad que posee el fútbol, de la mezcla escándalo -especialmente si este es de índole sexual- más balompié resulta una cóctel cuyos efectos sonrojarían al mismísimo Molotov. Un torbellino mediático que se produjo durante el juicio, y que ha retomado con fuerza una vez que Evans ha vuelto a la vida pública. Esto es, a intentar ejercer su profesión.

Así sucedió el pasado octubre, cuando el ariete, una vez puesto en libertad tras haber cumplido sus cuentas con la justicia, se acercó al que, hasta la fecha, había sido su anterior club: el Sheffield United. En 2009, los ‘Blades’ habían pagado por su traspaso al Manchester City la nada desdeñable cifra de tres millones de libras y, durante sus dos primeras temporadas, jugando en Championship, el segundo escalón del fútbol inglés, el atacante respondió con cuatro y nueve dianas respectivamente. Aunque no fue hasta el curso 2011/12 cuando surgió su despegue sobre los terrenos de juego. En aquella campaña, disputada en League One, tercer nivel profesional, el ariete logró 29 redes en 34 encuentros disputados. Sin embargo, su nombre llegó al público general por motivos menos prosaicos. Según la sentencia de su condena, el 8 de agosto de 2011, Evans, junto al también futbolista Clayton McDonald, abusó sexualmente en un hotel al norte de Gales de una joven que no se encontraba bajo sus facultades debido a la ingesta de alcohol.

Según el testimonio de la mujer, se despertó al día siguiente en la habitación sola y desnuda, sin saber qué había sucedido. La defensa, por su parte, alegó que McDonald se había encontrado a la víctima en la calle, habiéndola invitado a su habitación para mantener relaciones. Poco después se uniría Evans con el mismo fin. Según el juez Hughes, “las cámaras de seguridad mostraron que la camarera se encontraba altamente intoxicada aquella noche, fuera de toda condición para poder mantener un intercambio sexual consentido”. Algo que, en opinión del magistrado, “no podía haber sido pasado por alto” por el jugador. Por ese motivo, McDonald quedó libre de cargos mientras que Evans fue condenado a cinco años en la cárcel.

Hasta el momento, el internacional galés siempre ha defendido su inocencia, asegurando en cada aparición pública que nunca forzó a la mujer y que las relaciones que ambos mantuvieron se llevaron a cabo bajo consentimiento mutuo. “Fue una decisión estúpida. Lo que ocurrió fue un acto de infidelidad, no una violación”, aseguró el ex del Sheffield United en un vídeo difundido tras su puesta en libertad en el que figuraba junto a su pareja, Natasha Massey, escenificando el perdón de ésta y clamando que no iba a cejar en su empeño de limpiar su nombre.

El daño paralelo

Por ello, Evans nunca ha pedido publicamente disculpas por lo sucedido. Lo más cerca que ha estado de ello ha sido tras frustrarse su fichaje por el Oldham, cuando aseguró que “lamento profundamente todos los efectos causados tras aquella noche en Rhyl, no sólo en la mujer afectada”. Con dicha frase, el futbolista se refiere a la campaña de acoso cibernético que la víctima asegura sufrir desde que se conoció la sentencia en 2012. Así, poco después de que se publicase la decisión judicial, los datos de joven fueron difundidos a través de Internet mediante un ‘tuit’ en el que se incluían su nombre, apellido y una acusación de mentirosa. Aquel mensaje llegó a acumular más de 6.000 ‘retuits’, iniciando una campaña de hostigamiento que, según declaraciones del padre al diario ‘The Guardian’, le ha obligado a cambiar de nombre y, hasta en cinco ocasiones, de domicilio.

La presión también azuza al verdugo, que lleva sin trabajar desde octubre a pesar de que son varios los clubes que se han mostrado interesados en contar con su olfato goleador sobre el campo. Legalmente, el futbolista ya ha cumplido su deuda con la sociedad y se encuentra en posición de reinsertarse a ella a través del mercado laboral. Sin embargo, siempre que su nombre ha sido unido a un conjunto, la operación no ha llegado a ningún puerto debido a la asfixia popular realizada. Así sucedió en el Sheffield United, que terminó por prohibirle, incluso, entrenarse en sus instalaciones después de que un sí inicial provocase con la dimisión de la patrona del club, Charlie Webster, la petición de la medallista olímpica Jessica Ennis-Hill de que se retirase su nombre a una de las gradas de Barmall Lane, así como la amenaza de dos patrocinadores de finalizar su acuerdo comercial si el jugador volvía a vestir los dos sables cruzados sobre su pecho. Ésta vía, la de presionar a través de los diferentes sponsors es la que finalmente ha acabado por ahogar el acuerdo entre el jugador y el Oldham Athletic.

Poco después de que su propietario, Simon Corney, asegurara al diario ‘Jewish Chronicle’ de Nueva York que la operación estaba al 80% de realizarse, varias fueron las empresas que anunciaron su intención de desligar su nombre de los ‘Owls’ si esto sucediese. “Llevar a cabo la operación hubiese supuesto poner al club en una situación de presión financiera que podría haber causado un gran daño. Como consecuencia, el acuerdo no podía seguir adelante”, explica el comunicado llevado a cabo por el Oldham. Un texto en el que, además, se condena las amenazas, incluso de muerte, que han recibido miembros de la entidad, aficionados e, incluso, patrocinadores a lo largo de la negociación.

El debate abierto tras este nuevo portazo a Evans trasciende, con mucho, lo deportivo. ¿El cumplimiento de la condena, rehabilita al futbolista para su inserción en la sociedad? ¿Si es así, qué legitimidad moral tiene la presión popular para impedirlo? ¿Sería la vuelta a la vida de Ched Evans tan complicada en caso de no dedicarse profesionalmente al mundo del fútbol? A pesar de ser personas públicas, ¿qué grado de responsabilidad poseen sus actos? ¿Cambiaría algo el hecho de que Evans se hubiese disculpado públicamente con la víctima? Demasiadas incógnitas que, quizá, no tengan una única respuesta válida.

El grito de Islington

Publicado originalmente en Sphera Sports

 

Se llamaba Number One Sports Bar, pero podría haber sido otro pub cualquiera de los muchos que pueblan la zona. Formalmente, se publicita en el área de Liverpool Street. En la ‘City’, el corazón financiero de la gran ciudad. El lugar donde los rascacielos rompen el monótono ‘skyline’ de la capital británica, formado en su mayoría por interminables barriadas compuestas por ristras de casas adosadas de tres pisos de altura como máximo. Una zona fría, impersonal, destinada a los negocios que, normalmente, solo entiende de ocio cuando las oficinas cierran y los trajeados deciden beber la pinta de cerveza ritual que pone fin a su jornada laboral. Por ello, los fines de semana, en sus calles, la actividad, frenética de lunes a viernes, suele decrecer. Claro que, en esta ocasión, todo era diferente.

 

Para acceder al garito, la opción más cómoda suele ser apearse del metro en laestación de Old Street, salida número dos. A partir de ahí, un pequeño paseo a lo largo de Worship Street desemboca en la puerta del local. De camino, una señal ofrece la pista definitiva: “Welcome to Islington”. Normalmente, en un paso rutinario, se trata de un cartel a obviar por parte del viandante. No el pasado sábado 17 de mayo, día en que el Arsenal disputó, y ganó, la final de la FA Cup contra el Hull City por 3-2, tras la prórroga.

 

En lo futbolístico, Londres es una ciudad apasionanteDurante la temporada 2013/14, la capital británica contabilizó hasta seis equipos en la Premier League. Se trata, sin duda, de un mapa único, en el que la adscripción a un equipo de fútbol suele difuminarse en torno a las diferentes áreas de influencia donde cada club tiene su hogar. Para el Arsenal, su casa está al Norte, en Islington. Es por ello que, pese a que el choque se jugase en Wembley, a unos 15 kilómetros al oeste en línea recta, cuando el balón comenzó a rodar, un murmullo se dejó sentir en todo el barrio.

 

El reparto de entradas por parte de la Football Asociation (FA), con 25.000 entradas para cada uno de los finalistas, dejó a miles de aficionados siguiendo el partido por televisión. Muchos de ellos, en las pantallas gigantes instaladas en el Emirates Stadium. El resto, generalmente, reunidos en su pub de cabecera, como el Number One Sports Bar.

 

Desde primera hora de la mañana, la célebre camiseta roja con las mangas blancas comenzó a inundar la ciudad. No era un día normal. Se jugaba la final de la FA Cup, que en Inglaterra siempre es un evento resaltado en amarillo fluorescente sobre el calendario. Sin embargo, no se trataba de una final cualquiera. Frente a frente, se medían un debutante en tal latitud del campeonato contra un viejo gigante que llevaba nueve años dormido. Una sequía de títulos que, en las espaldas del Arsenal, pesaba demasiado. Quizá, solo a través de tal presión, se puede explicar que, en el minuto 9, los pupilos de Arsene Wengerfueran perdiendo por 0-2. Una distancia que, a tenor de las ocasiones disfrutadas por los Tigers, pudo ser incluso mayor. Quizá solo así se pueda explicar que el técnico alsaciano, que ya colecciona cinco copas en su palmarés particular (igualando así el récord de Sir Alex Ferguson) calificase la victoria como “el trofeo más importante en la historia del club”. 

 

Así se celebró en el Number One Sports Bar. Tanto que, en el mismo momento que Ramsey marcó el gol del triunfo Gunner en la prórroga, uno de los extasiados clientes, fruto de la alegría inmensa que bullía en su interior, golpeó el proyector que, colgado del techo, servía imágenes a la principal pantalla del local, desconectándolo para siempre. Por ello, los aficionados allí reunidos, tuvieron que ver a Thomas Vermaelen alzar la copa al cielo londinense a través de las televisiones auxiliares del pub. A nadie pareció importarle en demasía, claro. El Arsenal era de nuevo campeón y aquello era lo único que importaba.

 

Por fin, el Arsenal dejaba de ser esa nueva versión del eterno perdedor que Nick Hornby reflejó en su célebre ‘Fiebre en las Gradas‘ para convertirse, otra vez, en el conjunto dominador que Arsene Wenger logró a raíz de su llegada en 1996. Aquelequipo que logró ganar una Premier sin perder ningún solo partido de Liga y que actualmente sólo resultaba un burdo recuerdo difícilmente de enlazar con el presente.

 

Todas las decepciones vividas, como la final de la Champions League de 2006 o la final de la Carling Cup de 2011, todas las inoportunas lesiones sufridas, todas las ventas de los diferentes jugadores emblema que se han ido sucediendo durante los últimos veranos, parecen por fin enterrados en el pasado. Sepultadas por una muchedumbre que, el domingo, en el desfile organizado por el club, inundó las calles de Islington, el mismo barrio que, el día anterior, se había convertido en una hora feliz masiva sin campanada de última ronda.

 

Según estimó la Policía Metropolitana, en torno a 250.000 personas acudieron a la cita con los campeones. Casi el triple de asistentes que al evento que, dos años antes, había organizado el Chelsea para celebrar su Liga de Campeones, hasta ahora el título más importante obtenido por un conjunto de la capital. Los cañoneros han recuperado su orgullo. Islington gritó, finalmente, de alegría.

 

El pragmatismo insensible

Publicado originalmente en Sphera Sports

 

Primera clase de primero de derecho en una facultad cualquiera. El profesor se dirige a los alumnos y, después de las procedentes presentaciones, les lanza una pregunta clara: ¿El fin justifica los medios? Quizá algo retardado por la lógica tensión del primer día, pronto empezará el debate entre dos posiciones enfrentadas que, a lo largo de los siglos, jamás han llegado a encontrarse. Seguramente, en un punto determinado, el profesor intente encauzar el tema hacia la existencia del imperio de la ley y la base teórica sobre la que se ha de sustentar los cuatro años de carrera. Sin embargo, siempre habrá un sofista, incluso puede que todavía ignorante de su condición, que diga sí con la boca pequeña.

 

Estos días, el este de Londres vive inmerso en una discusión similar. Aplicada a un terreno mucho más liviano, eso sí. O quizá no tanto, al tratarse el objeto de estudio un club de la importancia social del West Ham United. Con 37 puntos en su bolsillo y la sensación generalizada de que, salvo catástrofe improbable, el siguiente curso continuarán en la Premier League, ha llegado el momento de hacer balance. ¿Ha merecido la pena el camino emprendido?

 

El epicentro de la discusión tiene nombre y apellido; Sam Allardyce. Con su particular estilo de juego, el técnico inglés ha logrado que los ‘Hammers’ pasen de jugar en Championship a estabilizarse entre la élite. De manera más reciente, los de Upton Park han conseguido ganar seis de los últimos nueve partidos de Liga. Un acelerón que le valió a su entrenador el galardón de mejor preparador del mes de febrero. Así pues, los resultados no son, en ningún caso, motivo de duda o polémica. El quid de la cuestión se focaliza, más bien, en el espectáculo que se ve sobre el verde. O, según algunas voces discordantes, en la falta del mismo.

 

Tómese como ejemplo válido el último encuentro disputado por los de borgoña y azul. En un partido casi agónico para su rival, el Sunderland, los ‘Hammers’ consiguieron llevarse el triunfo del Stadium of Light por 1-2 gracias a la actuación del futbolista que mejor explica cómo es el West Ham de Sam Allardyce, Andy Carroll. El ariete inglés marcó el primer gol y dio la asistencia del segundo. Imponiendo, además, su figura en el desarrollo del juego. Según las estadísticas recogidas por la prestigiosa revista ‘Four Four Two’, la tercera combinación más empleada por los visitantes en el encuentro fue la formada por Adrián y Carroll. Esto es, del portero al delantero y, a partir de ahí, a jugar. Tan simple como, a tenor de los guarismos, efectivo. Un pragmatismo que, en cierto modo, chirría con los cánones de belleza establecidos actualmente en el balompié mundial. Tras el éxito de la selección española a nivel internacional y el impacto que posee el demoledor ataque del Liverpool de Brendan Rodgers en Inglaterra, la propuesta abanderada por, entre otros, ‘Big Sam’, como se le apoda cariñosamente, resulta ciertamente anacrónica. Célebre fue, a este respecto, la descripción realizada por José Mourinho, quién tras un empate a cero en Stamford Bridge calificó la táctica de sus contrarios como “fútbol del siglo XIX”.

 

La imagen contrasta poderosamente con la tradición de un club que porta orgulloso el sobrenombre de ‘The Academy of Football’. El apodo, ganado por lo históricamente prolífico de su escuela, refleja la manera en la que todavía muchos seguidores ven a su equipo. De hecho, en el imaginario popular ‘hammer’, todavía está muy presente el éxito de 1966, cuando Inglaterra se proclamó campeona del mundo con Bobby Moore como capitán y Geoff Hurts Martin Peters como goleadores en la final. Los tres, jugadores formados y defensores de los martillos cruzados. La  imagen de que, durante algún tiempo, hablar del West Ham era sinónimo de vanguardia.

Lo cierto es que Allardyce nunca ha engañado a nadie. Llego al popular East End como la solución más directa para alcanzar el retorno a la Premier, entendida dicha aseveración en su contexto más amplio posible. Y, por su parte, ha cumplido. Sin embargo, las  voces críticas, que siempre han estado ahí, permanecen discordantes. Así, el ‘Evening Standard’, el diario gratuito que se reparte en la capital británica por la tarde, con una tirada superior a los 600.000 ejemplares, se preguntaba en sus páginas este miércoles si resultaba idóneo que Allardyce continuara en el cargo. A tres columnas, James Olley firmaba la reflexión: “Juego apasionado, o poesía en movimiento, o los dos… ¿Qué quiere hacer el West Ham con el dinero?”. En él, tras repasar la obra, vida y milagros del técnico, el periodista concluye: “En una entrevista en 2012, Allardyce dijo: ‘Al contrario de lo que los medios dicen, los fans del West Ham están más interesados en la pasión y el compromiso que en todo eso del fútbol bonito’. Allardyce o Alladrici, siempre se ha creído que los dos son necesarios”. 

 

Último día de clase de quinto de derecho en una facultad cualquiera. El profesor, ascendido a padrino de la promoción, se dirige a los alumnos y, después de las procedentes felicitaciones, les lanza una pregunta clara: ¿El fin justifica los medios? No hay consenso.

Marzo

Son las 22.30 pasadas y mi casa parece una casa fantasma. La quietud y el silencio son extremos, sobre todo si se tiene en cuenta que aquí conviven hasta siete personas. Algunos puede que estén trabajando todavía. O fuera por otro motivos, claro. Otros, supongo, estarán encerrados en sus cuartos. La verdad es que no lo sé. Hoy se cumple una semana exacta desde que me mudé y apenas recuerdo el nombre de un par de mis compañeros. De hecho, a uno lo conocí este lunes. Esto es, hemos estado compartiendo techo durante seis días y ni siquiera nos habíamos visto. Asunto extraño éste, que en una ciudad mastodóntica como Londres, al parecer, pasa a ser normal. Casi rutinario. La verdad, supongo que él ni se habrá parado a pensar sobre éste, para mi, casi escalofriante hecho.

Escribo estas líneas desde la cocina, la única zona común de la casa. Mi habitación es la más pequeña, y la más barata, aunque la verdadera razón por la que me encuentro sentado junto al microondas es la televisión. A pesar de ser de aquello que popularmente se conoce como marca del pato, Technika concretamente, posee una imagen realmente nítida, incluso con un más que aceptable HD. Se trata de un receptor común, aunque apenas nadie lo usa salvo como compañía a la hora de ingerir alimentos -el verbo comer implica ciertos matices que en muchas ocasiones no son aplicados-. Entiendo que entra dentro de la rutina londinense; el tiempo para ver la televisión, simplemente, no existe. Se suprime por, no sé, por ejemplo, andar por el metro como si estuvieras corriendo en los San Fermines.

Durante los primeros tres días en esta casa, creo que yo ni encendí la TV. Estaba bastante ocupado, por otra parte. Sin embargo, el fin de semana, más tranquilo, descubrí que, además de los canales rutinarios, el equivalente a la TDT, poseía además un cierto servicio de pago. En concreto, en lo que a mi me interesa, BT Sport y ESPN. Joder, juro que se me abrió el cielo en ese momento. Tanto que no pude resistirme a comentarlo con un compañero de piso que, de manera apresurada, se estaba preparando un supuesto shandwich en la encimera. “Bah, nunca dan nada bueno”, fue su respuesta.

He estado tan estresado últimamente que apenas he reparado en que estamos en marzo, con todo lo que ello significa. Hablo, por supuesto, de baloncesto universitario. De la NCAA. Del ‘March Madness’. Apenas me he enterado de los resultados de los diferentes torneos de conferencia por Twitter de manera fugaz y todavía no me he leído ninguna gúia sobre el campeonato. ¡Si ni siquiera he rellenado ningún ‘bracket’! Yo, que era totalmente consciente de la alienación a la que te somete vivir en una ciudad tan trepidante como Londres, era totalmente ajeno al evento que más me entretiene durante el tercer mes del año.

Ya son casi las 23.00 y apuro los últimos tragos de una lata de Coca-Cola que me saben a gloria. Hace no mucho he cenado una pizza, congelada sí, pero francamente buena, mientras veía una previa del Gran Baile de 30 minutos de duración. En el momento que escribo esto, Albany está apalizando a Mount St. Mary’s en el primer partido de la ronda previa al torneo, la llamada First Four. Y yo lo estoy viendo por televisión. Y en HD. Con toda la casa para mí. Marzo ha llegado, incluso a Londres.