La leyenda de Neil Marshall

Publicado originariamente en Panenka

 

Probablemente no te suene su nombre, pero Neil Marshall es una auténtica leyenda en la pictórica ciudad de Lancaster. Famosa por su castillo del siglo XIII y el particular encanto de sus empinadas calles adoquinadas, la localidad que ofrece su nombre al histórico condado de Lancashire, quizá la región más prolífica en lo que a fútbol se refiere, no ha logrado trascender en el contexto balompédico como sus vecinas BlackpoolPreston o, incluso, Morecambe, la cual formalmente forma parte de la llamada ‘City of Lancaster’. Sin embargo, eso no es óbice para que el club local, el Lancaster City, fundado en 1911, despierte las pasiones de aquellos vecinos que prefieren verse seducidos por la romántica idea del ‘Non-League football’.

Así me lo explicó una vez su presidente, Stuart Houghton, en la previa de un partido fuera de casa contra el Mossley AFC. En su caso, galés y aficionado al Liverpool FC, el Lancaster era la forma de integrarse y, a su vez fomentar, la comunidad local. Hasta tal punto que hacía varios años que no sentía la necesidad de acudir a Anfield Road. “¿Dónde más puedes tomarte una cerveza después del partido con ambos equipos y los aficionados desplazados?”, me dijo.

La intra historia de cómo acabé en aquel partido es curiosa y ejemplifica el carácter acogedor y familiar del City. Por medio de un conocido, el periódico local, el Lancaster Guardian, se puso en contacto conmigo para ofrecerme cubrir el partido. Pero, al no tener medio de locomoción propio, accedieron a que me desplazara hasta Mossley, al norte de Mánchester, en el autobús del club. Se trataba de una expedición pintoresca, con equipo, directivos, todos ellos ataviados con el reglamentario traje y la corbata con los colores de los Dolly Blues, aficionados y prensa -yo- viajando juntos y compartiendo sándwiches del Tesco. Fútbol semi-amateur en estado puro, cercano y profesional al mismo tiempo.

Evidentemente, situaciones como esta, o parecidas, se pueden dar cada fin de semana en los miles de clubes que conforman la interminable pirámide del fútbol inglés. Sin embargo, aunque el Lancaster pueda ser un equipo más, posee una leyenda que merece ser contada.

Neil Marshall era un chico local, nacido y criado a pocos metros de Giant Axe, el hogar de los Dolly Blues. Se trata de un pequeño estadio situado en la falda del icónico castillo, compuesto de gradas de chapa y con olor a ‘pie’ recién horneado procedente de la cantina, epítome de lo que a este lado de Europa solemos entender como campo británico. Marshall era alto, fuerte y duro, lo que al otro lado del Canal de la Mancha a veces traducen como delantero centro. Desde niño destacó por su pasión por el juego, lo que le granjeó una prueba con el Blackpool. Sin embargo, el destino quiso que capitaneara el club de su ciudad local.

Fontanero de profesión, Marshall progresivamente fue reconvirtiendo su posición a defensa central. Acumuló más de 400 partidos en diez años con la camiseta azul del Lancaster, lo que le granjeó un reconocimiento por parte del club en forma de pancarta en uno de los fondos de Giant Axe. Dicen que nunca le faltaron ofertas de otros equipos de la zona para saltar a categorías superiores, el City actualmente se encuentra en el octavo nivel de la pirámide inglesa, sin embargo, ‘El Capitano’, una vez desechado el fútbol como salida profesional, decidió permanecer fiel al equipo de su ciudad.

Retrotraigámonos ahora al 21 de enero de 2016. Marshall, aquejado de un complejo cáncer de piel con el que llevaba cinco años batallando, anunció su retirada del fútbol tras conocer que su enfermedad sería incurable. Su carta de despedida, publicada en el Guardian, no puede ser más esclarecedora. “Después de diez años esforzándome en entrenar y jugar, de pasar todos los martes, jueves y sábados fuera de casa, ha llegado el momento de dedicar todo mi tiempo a mi familia”, decía. Padre de dos hijos de corta edad, la decisión no podía ser más comprensible.

Sin embargo, ‘Marshy’, como era apodado en el vestuario, decidía reservarse un último rodeo. A pesar de las molestias y su previsible deterioro físico, terminaría la temporada en curso con los Dolly Blues.

Durante el curso, el Lancaster consiguió alcanzar la final de copa organizada por la Lancashire FA,que tuvo lugar el impresionante Macron Stadium, hogar del Bolton. El rival, el Chorley FC, un histórico conjunto de la zona, fue fundado en 1883, que actualmente se encuentra dos divisiones por encima de los azules, pero cuyas pretensiones pasan por regresar al escalón inferior al fútbol profesional. A pesar del favoritismo de los ‘magpies’, el City logró adelantarse en el marcador en dos ocasiones. Lamentablemente, como bien sabemos en este texto, los finales felices raramente son la norma en la vida real y, después del tiempo reglamentario, el Chorley logró hacerse con el trofeo en la tanda de penaltis.

Marshall logró finalizar su última temporada con el Lancaster City sin problemas. Al término de la misma, el club le organizó un partido homenaje contra un combinado de veteranos del Liverpool FC, su equipo de la infancia. La relación de ‘El Capitano’ con sus héroes se extendería por un partido más, cuando la fundación de Jamie Carragher le invitó a jugar un partido benéfico entre leyendas del Liverpool y aficionados. En declaraciones a Liverpool Echo, Marshall relató la experiencia: “Tenía a Carra a un lado y a Fowler gritándome ‘Marshy’ al frente. A cualquiera que se lo cuentes no se lo creería”.

Aquel partido se celebró el pasado ocho de mayo y, lamentablemente, Marshall falleció el 16 de noviembre, con solo 31 años de edad. Esta es una historia triste, pero también una de las mayores declaraciones de amor al fútbol jamás realizadas. Quizá sea la primera vez que oigas su nombre, pero Neil Marshall ya es una leyenda, y no solo en Lancaster.

Spain need new ideas for young talents as dominance ends

Publicado originalmente en WSC.co.uk / Originally published on WSC.co.uk

 

It’s the end of an era. After Spain’s early exit of Euro 2016, Spanish fans and media agreed that La Roja’s dominance of international football is over. The so called “tranquil transition” led by manager Vicente del Bosque after the shocking flop at the 2014 World Cup hasn’t been successful. Now, broader changes are required.

It was good while it lasted but we are not longer the best was the front page headline in the influential sports newspaper Marca after Spain’s defeat against Italy. And that was, by far, the least critical media reaction. Catalan sports paper El Mundo Deportivo used a pun on La Roja – La Floja(Weak) – to describe Spain’s performance, meanwhile prestigious daily El País thanked Del Bosque for his services but called for a change in the team management.

Unlike Roy Hodgson, who resigned minutes after England’s defeat to Iceland, the former Real Madrid manager refused to confirm his departure. His comment that “I have to talk with the president of the federation first” was typical of his calm personality, but has not satisfied anyone. In a poll on Marca.com93 per cent of the 60,748 voters demanded a change on the bench.

Obviously, Del Bosque’s legacy is unquestionable. Considered more of a manager of egos rather than a tactical master, his ability to cope with a dressing room packed with world-class footballers and their strong personalities extended the Spanish dominance established at Euro 2008 under Luis Aragonés with another two major titles.

Sadly, the ability to keep everyone happy doesn’t look like enough now. In France there were press reports about a divided squad, with some players unhappy at being reserves – Spain being the only team along with Iceland to have played all their matches with the same starting XI.

The situation was publicly exposed when Chelsea’s Pedro told reporters that “being selected for not playing isn’t worth my time”. But it wasn’t the only evidence of lack of control by the Spanish manager. After Sergio Ramos missed a critical penalty kick against Croatia Del Bosque declared that his role “wasn’t to interfere on who has to take it” – a contentious stand for someone whose team has failed close to half their attempts from the spot since he took charge.

That wasn’t the most serious situation Del Bosque had to cope with. David de Gea’s alleged involvement in a sexual assault case, revealed days before the start of the tournament, created a major debate in Spain about whether he should be in the team. While De Gea was ultimately chosen as the No 1 ahead of Iker Casillas, the accusations continue to hang over him.

Tactically, Del Bosque was out-thought by Antonio Conte just as he had been by Louis van Gaal in Brazil two years ago. Even Georgia managed to beat La Roja in the last friendly before Euro 2016. Gerard Piqué reflected on what needs to be done: “We have young players coming through who are very promising and veterans who have to keep on bringing their experience to the team. But the level isn’t the same and we have to accept that”.

Finding a new boss has to be the priority. To create a team able to reach the final stages of Russia 2018 requires new ideas which suit the younger talents. If Spain is to rejoin the international elite, no time needs to be wasted.

Los 17 días críticos del Tottenham Hotspur

Texto publicado originalmente en Sphera Sports

 

Hace unos días, con motivo del regreso de las competiciones europeas tras su largo parón invernal, el ‘Evening Standard’, rotativo londinense de distribución gratuita y, por ello, de enorme difusión, se preguntaba si la Europa League podría resultar para los equipos ingleses, y más concretamente para el Tottenham Hotspur, único conjunto capitalino en liza, el camino más corto para disputar la próxima edición de la Champions League. En un intento de dotar de mayor atracción al torneo, la UEFA decidió este verano que el ganador de su segundo campeonato obtuviese como recompensa una plaza en el gran escenario del balompié de clubes. Suculento premio que no ha pasado desapercibido para nadie. Especialmente en Inglaterra, dónde la competencia por un lugar en la próxima edición de la Liga de Campeones se presume feroz. Si entendemos que Chelsea y Manchester City, salvo debacle inesperada, van a repartirse las dos primeras plazas de la Premier League, esto deja a SouthamptonManchester United, Arsenal, ‘Spurs’ y Liverpool en una dura pugna solo dos posiciones. Forzosamente, alguien va a sufrir una desilusión.

Por ello, intentar ganar la Europa League, con todas las complicaciones que ello supone, no parece una opción tan descabellada para el Tottenham Hotspur. Al menos sobre el papel, claro, pues varias son las escuadras que han visto en el trofeo que levantó el Sevilla la pasada campaña algo más que la opción de sumar una copa en sus vitrinas. Lejos quedan los días en los que los conjuntos británicos depreciaban la competición, con el Stoke City viajando bajo mínimos a Valencia o las alineaciones plagadas de dorsales superiores al número 30 del Birmingham, entonces en Championship. Ahora la Europa League importa, y mucho.

Quizá es un plan b, pero nada marginal. Mauricio Pochettino, de momento, prefiere no manifestarse al respecto. “Nunca se sabe, estamos en las dos competiciones, y las dos nos pueden dar el acceso a la Champions. Lo mejor es estar centrado en el próximo partido y no pensar mucho en el futuro”, reflexionó el técnico argentino en la rueda de prensa posterior al partido que su equipo había disputado ante la Fiorentina, perteneciente a la ida de la eliminatoria de dieciseisavos de final de la Europa League. De sus actos, más que de sus palabras, se desprende que el ex del Espanyol sí piensa en poder llevarse el torneo. Así, este jueves, los ‘Spurs’ presentaron este jueves un once repleto de titulares. Con una excepción importante, es verdad. El hombre de moda en la parte blanca del norte de Londres, Harry Kane, vio comenzar el choque desde el banquillo. El impacto del joven delantero en una entidad de la grandeza del Tottenham es gigantesco. Así, lo primero que ve el visitante a Withe Hart Lane en día de partido, nada más bajarse en la estación de cercanías que comparte nombre con el estadio, es un puesto de bufandas y camisetas con el rostro del atacante de 21 años. En lo oficial, su imagen también es explotada por el club, siendo el principal reclamo en la tienda oficial. Además, su segundo gol frente al Arsenal, que sirvió a los de Haringey para adjudicarse el ansiado derbi norteño, ya figura entre el vídeo de imágenes históricas con el que, desde el videomarcador, la entidad calienta a su afición antes del partido.

Para justificar la ausencia de ‘HurriKane’, como es apodado, Pocehttino adujo a la carga de encuentros que poseen los suyos durante las próximas fechas. “En los próximos 17 días tenemos seis partidos de vital importancia, es por ello que tengo que rotar a lo jugadores”, señaló el técnico. El calendario le da la razón. Jugada ya la ida de la eliminatoria contra la Fiorentina, a los blancos les llega este domingo, 22 de febrero, el derbi contra el West Ham United, de gran rivalidad. Posteriormente, el jueves 26, será la vuelta en Florencia y, como colofón, el domingo 1 de marzo, los de White Hart Lane visitarán Wembley para disputarse la Capital One Cup frente al Chelsea. Los partidos ligueros contra Swansea City, 4 de marzo, y Queens Park Rangers, día 7, cierran lo que algunos medios ya han llamado el ‘march madness’ de los ‘Spurs’. “Cada partido es una final. Estamos en un punto crítico de la temporada, y debemos ir partido a partido”, espetó.

En sustitución de Kane, que llevaba cinco goles en los tres últimos partidos, el preparador argentino confió en Roberto Soldado. La apuesta le salió cara y, en el minuto 5, el delantero valenciano puso fin a una racha de diez partidos consecutivos sin ver puerta. A pesar de que apenas ha logrado justificar los 26 millones de librasque el Tottenham pagó por él, los seguidores del conjunto londinense no dudaron en entonar la canción que poseen en honor del ariete al comienzo del encuentro, muestra del apoyo que todavía le mantiene la grada a pesar de sus discretas cifras goleadoras. El cántico, tras el tanto, claro, se tornó masivo. Liderados por un Andros Townsend estelar, los locales protagonizaron un comienzo de partido fulgurante, generando una ristra interminable de ocasiones que, sin embargo, no se vio reflejada en el marcador. La Fiorentina consiguió igualar el encuentro en el 36′, después de que Basanta consiguiese cazar en el área un balón suelto tras un despeje de Hugo Lloris a lanzamiento de falta de Matías Fernández. Entonces las tablas quizá parecían injustas, aunque los méritos realizados por los violas durante la segunda mitad calibraron dicha percepción inicial. Vincenzo Montella, preparador de los italianos, tampoco quiso mojarse sobre si la Europa League es la mejor opción de los suyos para alcanzar la próxima edición de la Champions League, “lo importante es estar, sea por una vía y otra”, llegó a decir. Será la vuelta quién decida qué equipo podrá seguir soñando con dicha vía.

Presión insoportable: el caso de Ched Evans

Texto publicado originalmente en Sphera Sports

 

El Oldham Athletic comunicó este jueves, 8 de enero, que no contratará a Ched Evans, delantero galés de 26 años que actualmente se encuentra en paro. El hecho, de relativo alcance deportivo, es sin embargo la noticia del día en el Reino Unido. Tanto que el club de League One tuvo que emitir un comunicado para explicar las razones por las que no se llegó a completar la operación. En su misiva, los ‘Búhos’, como son apodados, aducían a una “presión insoportable sufrida” como principal motivo por el que el internacional galés no había acabado por reforzar a su equipo en este mercado invernal. La razón; los dos años y medio de cárcel, de una condena total de cinco años, que el futbolista ha cumplido recientemente tras ser encontrado culpable de un delito de violación a una camarera que, cuando sucedieron los hechos, en 2011, tenía 19 años.

Debido a la repercusión y popularidad que posee el fútbol, de la mezcla escándalo -especialmente si este es de índole sexual- más balompié resulta una cóctel cuyos efectos sonrojarían al mismísimo Molotov. Un torbellino mediático que se produjo durante el juicio, y que ha retomado con fuerza una vez que Evans ha vuelto a la vida pública. Esto es, a intentar ejercer su profesión.

Así sucedió el pasado octubre, cuando el ariete, una vez puesto en libertad tras haber cumplido sus cuentas con la justicia, se acercó al que, hasta la fecha, había sido su anterior club: el Sheffield United. En 2009, los ‘Blades’ habían pagado por su traspaso al Manchester City la nada desdeñable cifra de tres millones de libras y, durante sus dos primeras temporadas, jugando en Championship, el segundo escalón del fútbol inglés, el atacante respondió con cuatro y nueve dianas respectivamente. Aunque no fue hasta el curso 2011/12 cuando surgió su despegue sobre los terrenos de juego. En aquella campaña, disputada en League One, tercer nivel profesional, el ariete logró 29 redes en 34 encuentros disputados. Sin embargo, su nombre llegó al público general por motivos menos prosaicos. Según la sentencia de su condena, el 8 de agosto de 2011, Evans, junto al también futbolista Clayton McDonald, abusó sexualmente en un hotel al norte de Gales de una joven que no se encontraba bajo sus facultades debido a la ingesta de alcohol.

Según el testimonio de la mujer, se despertó al día siguiente en la habitación sola y desnuda, sin saber qué había sucedido. La defensa, por su parte, alegó que McDonald se había encontrado a la víctima en la calle, habiéndola invitado a su habitación para mantener relaciones. Poco después se uniría Evans con el mismo fin. Según el juez Hughes, “las cámaras de seguridad mostraron que la camarera se encontraba altamente intoxicada aquella noche, fuera de toda condición para poder mantener un intercambio sexual consentido”. Algo que, en opinión del magistrado, “no podía haber sido pasado por alto” por el jugador. Por ese motivo, McDonald quedó libre de cargos mientras que Evans fue condenado a cinco años en la cárcel.

Hasta el momento, el internacional galés siempre ha defendido su inocencia, asegurando en cada aparición pública que nunca forzó a la mujer y que las relaciones que ambos mantuvieron se llevaron a cabo bajo consentimiento mutuo. “Fue una decisión estúpida. Lo que ocurrió fue un acto de infidelidad, no una violación”, aseguró el ex del Sheffield United en un vídeo difundido tras su puesta en libertad en el que figuraba junto a su pareja, Natasha Massey, escenificando el perdón de ésta y clamando que no iba a cejar en su empeño de limpiar su nombre.

El daño paralelo

Por ello, Evans nunca ha pedido publicamente disculpas por lo sucedido. Lo más cerca que ha estado de ello ha sido tras frustrarse su fichaje por el Oldham, cuando aseguró que “lamento profundamente todos los efectos causados tras aquella noche en Rhyl, no sólo en la mujer afectada”. Con dicha frase, el futbolista se refiere a la campaña de acoso cibernético que la víctima asegura sufrir desde que se conoció la sentencia en 2012. Así, poco después de que se publicase la decisión judicial, los datos de joven fueron difundidos a través de Internet mediante un ‘tuit’ en el que se incluían su nombre, apellido y una acusación de mentirosa. Aquel mensaje llegó a acumular más de 6.000 ‘retuits’, iniciando una campaña de hostigamiento que, según declaraciones del padre al diario ‘The Guardian’, le ha obligado a cambiar de nombre y, hasta en cinco ocasiones, de domicilio.

La presión también azuza al verdugo, que lleva sin trabajar desde octubre a pesar de que son varios los clubes que se han mostrado interesados en contar con su olfato goleador sobre el campo. Legalmente, el futbolista ya ha cumplido su deuda con la sociedad y se encuentra en posición de reinsertarse a ella a través del mercado laboral. Sin embargo, siempre que su nombre ha sido unido a un conjunto, la operación no ha llegado a ningún puerto debido a la asfixia popular realizada. Así sucedió en el Sheffield United, que terminó por prohibirle, incluso, entrenarse en sus instalaciones después de que un sí inicial provocase con la dimisión de la patrona del club, Charlie Webster, la petición de la medallista olímpica Jessica Ennis-Hill de que se retirase su nombre a una de las gradas de Barmall Lane, así como la amenaza de dos patrocinadores de finalizar su acuerdo comercial si el jugador volvía a vestir los dos sables cruzados sobre su pecho. Ésta vía, la de presionar a través de los diferentes sponsors es la que finalmente ha acabado por ahogar el acuerdo entre el jugador y el Oldham Athletic.

Poco después de que su propietario, Simon Corney, asegurara al diario ‘Jewish Chronicle’ de Nueva York que la operación estaba al 80% de realizarse, varias fueron las empresas que anunciaron su intención de desligar su nombre de los ‘Owls’ si esto sucediese. “Llevar a cabo la operación hubiese supuesto poner al club en una situación de presión financiera que podría haber causado un gran daño. Como consecuencia, el acuerdo no podía seguir adelante”, explica el comunicado llevado a cabo por el Oldham. Un texto en el que, además, se condena las amenazas, incluso de muerte, que han recibido miembros de la entidad, aficionados e, incluso, patrocinadores a lo largo de la negociación.

El debate abierto tras este nuevo portazo a Evans trasciende, con mucho, lo deportivo. ¿El cumplimiento de la condena, rehabilita al futbolista para su inserción en la sociedad? ¿Si es así, qué legitimidad moral tiene la presión popular para impedirlo? ¿Sería la vuelta a la vida de Ched Evans tan complicada en caso de no dedicarse profesionalmente al mundo del fútbol? A pesar de ser personas públicas, ¿qué grado de responsabilidad poseen sus actos? ¿Cambiaría algo el hecho de que Evans se hubiese disculpado públicamente con la víctima? Demasiadas incógnitas que, quizá, no tengan una única respuesta válida.

El grito de Islington

Publicado originalmente en Sphera Sports

 

Se llamaba Number One Sports Bar, pero podría haber sido otro pub cualquiera de los muchos que pueblan la zona. Formalmente, se publicita en el área de Liverpool Street. En la ‘City’, el corazón financiero de la gran ciudad. El lugar donde los rascacielos rompen el monótono ‘skyline’ de la capital británica, formado en su mayoría por interminables barriadas compuestas por ristras de casas adosadas de tres pisos de altura como máximo. Una zona fría, impersonal, destinada a los negocios que, normalmente, solo entiende de ocio cuando las oficinas cierran y los trajeados deciden beber la pinta de cerveza ritual que pone fin a su jornada laboral. Por ello, los fines de semana, en sus calles, la actividad, frenética de lunes a viernes, suele decrecer. Claro que, en esta ocasión, todo era diferente.

 

Para acceder al garito, la opción más cómoda suele ser apearse del metro en laestación de Old Street, salida número dos. A partir de ahí, un pequeño paseo a lo largo de Worship Street desemboca en la puerta del local. De camino, una señal ofrece la pista definitiva: “Welcome to Islington”. Normalmente, en un paso rutinario, se trata de un cartel a obviar por parte del viandante. No el pasado sábado 17 de mayo, día en que el Arsenal disputó, y ganó, la final de la FA Cup contra el Hull City por 3-2, tras la prórroga.

 

En lo futbolístico, Londres es una ciudad apasionanteDurante la temporada 2013/14, la capital británica contabilizó hasta seis equipos en la Premier League. Se trata, sin duda, de un mapa único, en el que la adscripción a un equipo de fútbol suele difuminarse en torno a las diferentes áreas de influencia donde cada club tiene su hogar. Para el Arsenal, su casa está al Norte, en Islington. Es por ello que, pese a que el choque se jugase en Wembley, a unos 15 kilómetros al oeste en línea recta, cuando el balón comenzó a rodar, un murmullo se dejó sentir en todo el barrio.

 

El reparto de entradas por parte de la Football Asociation (FA), con 25.000 entradas para cada uno de los finalistas, dejó a miles de aficionados siguiendo el partido por televisión. Muchos de ellos, en las pantallas gigantes instaladas en el Emirates Stadium. El resto, generalmente, reunidos en su pub de cabecera, como el Number One Sports Bar.

 

Desde primera hora de la mañana, la célebre camiseta roja con las mangas blancas comenzó a inundar la ciudad. No era un día normal. Se jugaba la final de la FA Cup, que en Inglaterra siempre es un evento resaltado en amarillo fluorescente sobre el calendario. Sin embargo, no se trataba de una final cualquiera. Frente a frente, se medían un debutante en tal latitud del campeonato contra un viejo gigante que llevaba nueve años dormido. Una sequía de títulos que, en las espaldas del Arsenal, pesaba demasiado. Quizá, solo a través de tal presión, se puede explicar que, en el minuto 9, los pupilos de Arsene Wengerfueran perdiendo por 0-2. Una distancia que, a tenor de las ocasiones disfrutadas por los Tigers, pudo ser incluso mayor. Quizá solo así se pueda explicar que el técnico alsaciano, que ya colecciona cinco copas en su palmarés particular (igualando así el récord de Sir Alex Ferguson) calificase la victoria como “el trofeo más importante en la historia del club”. 

 

Así se celebró en el Number One Sports Bar. Tanto que, en el mismo momento que Ramsey marcó el gol del triunfo Gunner en la prórroga, uno de los extasiados clientes, fruto de la alegría inmensa que bullía en su interior, golpeó el proyector que, colgado del techo, servía imágenes a la principal pantalla del local, desconectándolo para siempre. Por ello, los aficionados allí reunidos, tuvieron que ver a Thomas Vermaelen alzar la copa al cielo londinense a través de las televisiones auxiliares del pub. A nadie pareció importarle en demasía, claro. El Arsenal era de nuevo campeón y aquello era lo único que importaba.

 

Por fin, el Arsenal dejaba de ser esa nueva versión del eterno perdedor que Nick Hornby reflejó en su célebre ‘Fiebre en las Gradas‘ para convertirse, otra vez, en el conjunto dominador que Arsene Wenger logró a raíz de su llegada en 1996. Aquelequipo que logró ganar una Premier sin perder ningún solo partido de Liga y que actualmente sólo resultaba un burdo recuerdo difícilmente de enlazar con el presente.

 

Todas las decepciones vividas, como la final de la Champions League de 2006 o la final de la Carling Cup de 2011, todas las inoportunas lesiones sufridas, todas las ventas de los diferentes jugadores emblema que se han ido sucediendo durante los últimos veranos, parecen por fin enterrados en el pasado. Sepultadas por una muchedumbre que, el domingo, en el desfile organizado por el club, inundó las calles de Islington, el mismo barrio que, el día anterior, se había convertido en una hora feliz masiva sin campanada de última ronda.

 

Según estimó la Policía Metropolitana, en torno a 250.000 personas acudieron a la cita con los campeones. Casi el triple de asistentes que al evento que, dos años antes, había organizado el Chelsea para celebrar su Liga de Campeones, hasta ahora el título más importante obtenido por un conjunto de la capital. Los cañoneros han recuperado su orgullo. Islington gritó, finalmente, de alegría.

 

El pragmatismo insensible

Publicado originalmente en Sphera Sports

 

Primera clase de primero de derecho en una facultad cualquiera. El profesor se dirige a los alumnos y, después de las procedentes presentaciones, les lanza una pregunta clara: ¿El fin justifica los medios? Quizá algo retardado por la lógica tensión del primer día, pronto empezará el debate entre dos posiciones enfrentadas que, a lo largo de los siglos, jamás han llegado a encontrarse. Seguramente, en un punto determinado, el profesor intente encauzar el tema hacia la existencia del imperio de la ley y la base teórica sobre la que se ha de sustentar los cuatro años de carrera. Sin embargo, siempre habrá un sofista, incluso puede que todavía ignorante de su condición, que diga sí con la boca pequeña.

 

Estos días, el este de Londres vive inmerso en una discusión similar. Aplicada a un terreno mucho más liviano, eso sí. O quizá no tanto, al tratarse el objeto de estudio un club de la importancia social del West Ham United. Con 37 puntos en su bolsillo y la sensación generalizada de que, salvo catástrofe improbable, el siguiente curso continuarán en la Premier League, ha llegado el momento de hacer balance. ¿Ha merecido la pena el camino emprendido?

 

El epicentro de la discusión tiene nombre y apellido; Sam Allardyce. Con su particular estilo de juego, el técnico inglés ha logrado que los ‘Hammers’ pasen de jugar en Championship a estabilizarse entre la élite. De manera más reciente, los de Upton Park han conseguido ganar seis de los últimos nueve partidos de Liga. Un acelerón que le valió a su entrenador el galardón de mejor preparador del mes de febrero. Así pues, los resultados no son, en ningún caso, motivo de duda o polémica. El quid de la cuestión se focaliza, más bien, en el espectáculo que se ve sobre el verde. O, según algunas voces discordantes, en la falta del mismo.

 

Tómese como ejemplo válido el último encuentro disputado por los de borgoña y azul. En un partido casi agónico para su rival, el Sunderland, los ‘Hammers’ consiguieron llevarse el triunfo del Stadium of Light por 1-2 gracias a la actuación del futbolista que mejor explica cómo es el West Ham de Sam Allardyce, Andy Carroll. El ariete inglés marcó el primer gol y dio la asistencia del segundo. Imponiendo, además, su figura en el desarrollo del juego. Según las estadísticas recogidas por la prestigiosa revista ‘Four Four Two’, la tercera combinación más empleada por los visitantes en el encuentro fue la formada por Adrián y Carroll. Esto es, del portero al delantero y, a partir de ahí, a jugar. Tan simple como, a tenor de los guarismos, efectivo. Un pragmatismo que, en cierto modo, chirría con los cánones de belleza establecidos actualmente en el balompié mundial. Tras el éxito de la selección española a nivel internacional y el impacto que posee el demoledor ataque del Liverpool de Brendan Rodgers en Inglaterra, la propuesta abanderada por, entre otros, ‘Big Sam’, como se le apoda cariñosamente, resulta ciertamente anacrónica. Célebre fue, a este respecto, la descripción realizada por José Mourinho, quién tras un empate a cero en Stamford Bridge calificó la táctica de sus contrarios como “fútbol del siglo XIX”.

 

La imagen contrasta poderosamente con la tradición de un club que porta orgulloso el sobrenombre de ‘The Academy of Football’. El apodo, ganado por lo históricamente prolífico de su escuela, refleja la manera en la que todavía muchos seguidores ven a su equipo. De hecho, en el imaginario popular ‘hammer’, todavía está muy presente el éxito de 1966, cuando Inglaterra se proclamó campeona del mundo con Bobby Moore como capitán y Geoff Hurts Martin Peters como goleadores en la final. Los tres, jugadores formados y defensores de los martillos cruzados. La  imagen de que, durante algún tiempo, hablar del West Ham era sinónimo de vanguardia.

Lo cierto es que Allardyce nunca ha engañado a nadie. Llego al popular East End como la solución más directa para alcanzar el retorno a la Premier, entendida dicha aseveración en su contexto más amplio posible. Y, por su parte, ha cumplido. Sin embargo, las  voces críticas, que siempre han estado ahí, permanecen discordantes. Así, el ‘Evening Standard’, el diario gratuito que se reparte en la capital británica por la tarde, con una tirada superior a los 600.000 ejemplares, se preguntaba en sus páginas este miércoles si resultaba idóneo que Allardyce continuara en el cargo. A tres columnas, James Olley firmaba la reflexión: “Juego apasionado, o poesía en movimiento, o los dos… ¿Qué quiere hacer el West Ham con el dinero?”. En él, tras repasar la obra, vida y milagros del técnico, el periodista concluye: “En una entrevista en 2012, Allardyce dijo: ‘Al contrario de lo que los medios dicen, los fans del West Ham están más interesados en la pasión y el compromiso que en todo eso del fútbol bonito’. Allardyce o Alladrici, siempre se ha creído que los dos son necesarios”. 

 

Último día de clase de quinto de derecho en una facultad cualquiera. El profesor, ascendido a padrino de la promoción, se dirige a los alumnos y, después de las procedentes felicitaciones, les lanza una pregunta clara: ¿El fin justifica los medios? No hay consenso.

El Benfica lo inundó todo

Publicado originalmente en Sphera Sports.

 

 Dos horas antes del partido, las calles de Haringey, el distrito que da hogar al Tottenham Hotspur, se encontraban teñidas de color rojo. Ya desde el tren que partía desde la estación de Liverpool Street, la presencia de aficionados del Benfica se visualizaba masiva. Incrementándose más y más conforme el convoy se acercaba a los aledaños de White Hart Lane. Se podría pensar, claro, que en un encuentro que se juega en día laboral lo lógico es que los seguidores locales apuren más su llegada al estadio. Y los que ya se encuentren por los alrededores, pues estarán reunidos en los diferentes pubs colindantes para tomar la clásica pinta pre-partido. Sin embargo, en esta ocasión, y de principio a fin, las fuerzas no se equilibrarían. Ni en la grada, ni tampoco sobre el verde. Este jueves, en el partido de ida de los octavos de final de la Europa League, el Benfica lo inundó todo (1-3).

No existe un cálculo oficial sobre cuántos fans del club lisboeta se dieron cita en el norte de Londres, entre otras cosas porque muchos de ellos, seguramente procedentes de la gran comunidad portuguesa que reside en la capital británica, vieron el choque desde localidades teóricamente reservadas a la afición local. Sí que el área reservada para los hinchas visitantes, que generalmente ocupa el córner derecho del fondo sur, tuvo que ser ampliada hasta llegar, prácticamente, a la portería. Esto no solo ofrecía un punto de aliento claro a los ‘vermelhos’, sino que además desbarataba por completo el que es, por efusividad de sus ocupantes, el pulmón de White Hart Lane. Se anulaba, por tanto, el factor cancha y en el sonido ambiente se distinguía un nítido acento luso. Mal asunto para un conjunto, el Tottenham, preciso de confianza tras la bochornosa goleada, por forma y contenido, encajada en Stamford Bridge la pasada jornada.

Espoleados por un Tim Sherwood que ya era objeto de críticas cuando ganaba, los ‘Spurs’ comenzaron dominando el partido. La pareja formada por Sandro y Paulinho, que por lesiones de uno y otro apenas ha podido coger empaque en la presente temporada, se hacía con el control del balón ante un Benfica que se mostraba conforme con la situación. Conscientes del estado de nerviosismo en el que se mueve el club londinense, que se gastó en verano aproximadamente 100 millones de libras para conseguir un objetivo, jugar la Champions League, que ahora parece más que complicado, los portugueses solo tenían que jugar con el crono y esperar su oportunidad. La pareja de centrales formada por Luisao y Garay, bien apoyados por el pivote defensivo Fejsa, aguantaban sin problemas las llegadas de los blancos, que salvo un disparo lejano de Sandro apenas inquietaron la meta de Oblak. Más letal fue Rodrigo. En la primera tentativa para su equipo, el internacional español sub 21 español recogió un fantástico pase de Amorim y ajustó el esférico lejos de las manoplas de Lloris. La herida terminaría demostrándose mortal.

A raíz del primer tanto del Benfica, los fantasmas de Stamford Bridge comenzaron a aparecer en la, por otro lado, eternamente mermada zaga del Tottenham. Valga como ejemplo gráfico las dos veces en que Lloris midió mal el bote del balón a la hora de salir a despejar, llevando al Lane hasta la histeria. Ni el meta estaba seguro, ni tampoco los centrales o los laterales. Así, a la salida de un córner, Luisao, claramente el hombre a vigilar, lograba imponerse sin mucha dificultad para cabecear a la red el segundo tanto de los suyos en el partido. El zaguero brasileño sería el encargado de cerrar la cuenta para los portugueses. También tras un centro al área, aunque en esta ocasión tras recoger el esférico en el segundo palo. Dos acciones que retratan a toda una defensa. Dos acciones que, salvo catástrofe en la vuelta, valen una clasificación para cuartos de final.

Eriksen había logrado previamente establecer el 1-2 en el electrónico con un soberbio lanzamiento de falta. White Hart Lane se vino arriba, en una de las pocas veces que coreó el ‘Come on you Spurs!’ de manera unánime a lo largo de la tarde. La otra vez que se puso de acuerdo fue para, en el minuto 69, reclamar la presencia de Soldado sobre el terreno de juego. El ariete valenciano saldría poco después, aunque pasó totalmente desapercibido. Resulta curioso que, después de su tanto ante el Cardiff, y de que Sherwood le mostrara su apoyo diciendo en rueda de prensa que todavía tiene tiempo de “marcar 20 goles esta campaña”, haya comenzado como suplente ante Chelsea y Benfica.

Tras el tercer tanto lisboeta, la atención se trasladó al área técnica, donde los dos entrenadores se enzarzaron en una caliente discusión. Jorge Jesús decidió celebrar el segundo gol de Luisao mostrando tres dedos al banquillo rival. Sherwood, como no puede ser de otra manera, más conociendo su carácter, no rehuyó el conflicto. “El problema es que aquí están las zonas técnicas demasiado juntas. Yo decía Luisao número tres -olvidando que el defensa porta el dorsal cuatro en las águilas-”, explicó el preparador luso con una de las justificaciones menos convincentes de la historia. “Creo que su equipo es muy bueno y mostró mucha clase hoy. Es una vergüenza que él no”, apostilló el técnico inglés en su comparecencia post partido.

Así cayó la noche, y los miles de seguidores benfiquistas se esparcieron dispuestos a extender la fiesta por las diversas zonas de ocio nocturno repartidas por el centro de Londres. Su equipo, que domina en el campeonato doméstico, en el que posee una ventaja de ocho puntos respecto al segundo clasificado, posee pie y medio en cuartos de final de la Europa League. Es el momento de soñar con alcanzar de nuevo la gran final como ya hicieran la pasada campaña, cambiando a poder ser el desenlace, claro. Para el Tottenham, sin embargo, no ha tiempo para lamentaciones. En solo tres días, su máximo rival, el Arsenal, les visita en Premier League. Seguramente, su último tren para salvar la temporada.

Una tarde en White Hart Lane

La primera vez que fui a White Hart Lane me di cuenta de lo grande que es Londres de verdad. Pensé que si Frodo hubiese tenido que ir hasta allí a tirar el anillo, y no a Mordor, hubiese necesitado cinco películas para contar su caminata. Por si fuera poco, lo que vi cuando llegué tampoco distó mucho de la guarida de Sauron. No era día de partido, había anochecido y el barrio me pareció, por decirlo de alguna manera, bastante desapacible. No me extrañó, pues, que años antes se hubiesen producido por sus calles las célebres revueltas de 1985. Tampoco me extrañó que, poco después, en 2011, los famosos disturbios que se extendieron por todo el país tuvieran su foco nuevamente allí.

Ahora, visto con perspectiva, lo entiendo todo algo mejor. Aquella primera visita al estadio del Tottenham Hotspur fue en 2009. Una semana antes, los ‘Spurs’ le habían metido nueve al Wigan de Roberto Martínez, por fecharlo con algo más de exactitud. Creo, aunque no estoy seguro, que fue mi segunda visita a la capital británica. Yo por entonces residía en Hastings, al sur del país, donde estaba realizando un curso de inglés. Junto a mi amigo Quike nos propusimos un viaje para visitar los estadios de fútbol de la Premier League. Una idea loca que nos llevó de una extremo a otro de la ciudad. Emirates, Stamford Bridge, Craven Cottage, Upton Park y White Hart Lane. Quizá no en este orden, aunque la casa del Tottenham Hotspur sí que fue el último lugar. Llegar, visitar los alrededores, entrar a la tienda y a por otro. Seguramente, seamos los únicos que, por número de millas recorridas y trenes cogidos, hayamos logrado amortizar una ‘travel day card’. A eso hay que sumar el viaje de ida y vuelta hasta Londres. Así éramos -somos-.

El pasado jueves tuve la oportunidad de regresar al lugar del crimen. Estaba ansioso y me esperaba un largo viaje, así que salí de casa con prontitud. No sé si es que me estoy haciendo a las distancias de aquí, pero el trayecto me resultó corto en esta ocasión. Cercanías en Liverpool St. Station, hasta allí no llega el metro, y en cuatro o cinco paradas estaba en mi destino. Conclusión; a mi llegada estaban todavía montando los típicos puestos en los que se venden bufandas y camisetas contra el Arsenal. Quedaban, aproximadamente, dos horas y media para el saque de centro y, como no sabía bien qué hacer, pregunté en la puerta si ya podía pasar. Miraron mi nombre en la lista y para adentro. A una sala acondicionada con mesas, sillas y dos televisores en la que ya había algunos periodistas trabajando.

Fue mi segunda experiencia laboral en Inglaterra, la primera consistió en cubrir un amistoso del Real Zaragoza en Upton Park. Entonces, por miedo y desconocimiento, apenas vi el partido, temí por la temporada que nos venía encima y me marché del estadio. En esta ocasión, intenté integrarme más en el entorno. No estaba seguro de que fuera a ocurrir, pero a eso de las seis de la tarde trajeron la cena. Esto supone un cambio notable con respecto a trabajar en España. Es verdad que, aquí, en muchos trabajos es costumbre proporcionar el ‘lunch’ a los empleados. También existen los contratos de cero horas, que nadie crea que quiero vender alguna moto sobre lo magnífico de este país, pues se aleja bastante de mi ideal. Lo que entienden aquí por cordero, ojala hubiese sido ternasco, y algo de guarnición fue el menú. El Napoli-Swansea amenizó la espera. Llegaba el partido, así que ‘cafecico’ caliente para combatir el frío y para la zona de prensa.

White Hart Lane es un campo inglés, tal y como nosotros lo entendemos. La grada esta lo más cerca posible del campo y, cuando el fondo sur, donde se sitúan los aficionados más animosos, aquellos que ven todo el partido de pie, se anima, los cimientos llegan a retumbar. Quizá por ser una eliminatoria europea. Quizá porque el Tottenham se vio obligado a levantar un 0-2 en el global, pero el choque tuvo un ambiente magnífico. A mi me tocó estar sentado a escasos metros de la salida de jugadores. Prácticamente, justo detrás de Tim Sherwood. Fui allí pensando en escribir sobre el regreso de Juande Ramos, pero la energía del entrenador local me llevó a dedicarle unas líneas en cuenta (aquí se puede leer). Al parecer, sus métodos están bastante cuestionados por la prensa local. Mi opinión, y ya que es mi página la doy, es que está realizando un gran trabajo mental. En ese sentido, me recuerda al primer Manolo Jiménez al frente del Real Zaragoza. A veces se olvida que en el fútbol no todo es táctica o, incluso, técnica. Ponerle corazón -y confianza- al juego resulta igual de primordial.

En apenas 13 minutos los ‘Spurs’ metieron tres goles y el estadio entró en catarsis. A Adebayor se le pide perdón por los insultos vertidos sobre él cuando era el referente del Arsenal, aunque quizá el jugador que más cánticos recibe es Soldado. Su temporada es mala, su partido fue malo, pero aún así fue agasajado cuando fue sustituido. Saben que por sus botas pasa el reconducir la temporada y tienen paciencia con él. Parece que da sus frutos, pues este domingo marcó el gol de la victoria contra el Cardiff City. Sherwood dijo de él que todavía puede alcanzar los 20 goles esta temporada, casi nada.

Las ruedas de prensa tras el partido no distaron mucho de las que se suelen dar en España. Por parte local se intentó restar incidencia a la desafortunada actuación del colegiado. Y por los visitantes enfatizarla, claro. Juande Ramos dio las explicaciones en castellano, necesitando, por tanto, dos traductores, uno al inglés y otro al ucraniano. Según explicó, lo más complicado para él había sido lidiar con el clima de inestabilidad que se está dando en Ucrania. Algo lógico y normal. Terminadas las comparecencias, camino de regreso que, esta vez sí, resultó más largo y pesado.

El método de Tim Sherwood

Publicado originalmente en Sphera Sports.

Arranca  el partido y Tim Sherwood se levanta de su asiento como un resorte. Con una sonora patada abre la pequeña puerta que separa el banquillo de la llamada área técnica y comienza a dar órdenes a su equipo. Cruda declaración de intenciones, no es tiempo para sutilezas en la zona blanquiazul del norte de Londres. El manager del Tottenham Hotspur, que comenzó como interino y fue ratificado en diciembre para lo que resta de campaña y otra más, ya no se moverá de la zona pegada a la línea de banda en los 90 minutos que dure el encuentro -más el añadido-. No parará de gesticular y discutir con el cuarto árbitro. Incluso, llegará a jurar en un volumen más que audible para las primeras filas de White Hart Lane, estadio que cumple aquello de que el público debe estar lo más cerca posible del césped. Pura pasión en la que se refleja un equipo que nada tiene que ver con el conjunto lánguido que naufragó durante el primer tramo de la temporada. A pesar de que casi nada ha cambiado, los ‘Spurs’ son un conjunto nuevo. Ocho victorias, dos empates y cinco derrotas son los números en 15 partidos oficiales disputados.

“¿Nos habíais dado por muertos y enterrados, no?”. Sherwood bromea sonriente en la sala de prensa. No para, incluso, en los largos compases de espera en los que traductor ejerce su trabajo para que los medios ucranianos desplazados puedan conocer sus impresiones. Instantes antes había celebrado en el césped de manera efusiva el triunfo por 3-1 ante el Dnipro en la vuelta de los octavos de final de la Europa League. Todo pareció perdido para los ‘Spurs’, que cayeron por 1-0 en Ucrania y vieron como, en el minuto 47, Zozulya conseguía perforar su meta. Sin embargo, con tres goles en 13 minutos, y la polémica expulsión del ínclito Zozulya mediante, todo cambió. La emoción pudo al raciocinio. Las vísceras, al cerebro. Es el método Sherwood, fútbol ejecutado con el corazón.

 A comienzos de febrero, con motivo de su recuperación, Jan Vertonghen era preguntado por su nuevo técnico. Las palabras del belga, a quien se le consideraba próximo a Villas-Boas, dejan a las claras la relación del entrenador con sus pupilos: “Cada manager tiene sus cosas. Tim, quizá, es un poco más directo”. De tú a tú, sin medias tintas. Así cogió al equipo y así lo levantó.Sin duda, el gran acierto durante su corto mandato ha sido el rescate de Emmanuel Adebayor. El delantero centro, hasta entonces apartado del equipo, suma 11 dianas en los últimos 15 partidos. Cifras escandalosas, que mantienen al Tottenham vivo en la lucha por entrar en la Champions League, su gran objetivo. Con una trayectoria errática, repleta de altibajos que más tienen que ver con lo actitudinal que con lo referente a sus aptitudes, parece que el togolés ha encontrado, al fin, un capitán al que servir. Por ello, tras marcar su segundo tanto ante el Dnipro, no dudó en acercarse a la banda y, con un saludo militar, celebrarlo junto a su entrenador. La instantánea, nombrada por el diario ‘The Guardian’ como la foto del día, habla por sí sola.

White Hart Lane, como no podía ser de otra manera, también se ha rendido a los pies del atacante africano. En sus días como jugador del Arsenal, el punta era el futbolista más duramente insultado por la grada sur los días de derbi. Tanto que, en 2011, ya en las filas del Real Madrid, el propio jugador llegó a denunciar públicamente lo que él consideraba un abuso de naturaleza racista. Ahora, con la misma sintonía con la que se burlaban de él, los fans más ruidosos de los ‘Spurs’ le piden perdón. La conexión con el gran rival, es otro un punto en común entre técnico y pupilo. No en vano, poco después de aceptar el cargo, Sherwood reconoció que, de niño, había sido ‘gunner’ y que su padre seguía acudiendo al Emirates cada dos fines de semana con su pase de temporada.

Tal declaración, en otras circunstancias, hubiera sido un suicidio social. Sin embargo, Sherwood no tiene miedo porqué no tiene nada que perder. Va de frente y, sabiendo que está ante la gran oportunidad de su vida, asume las complicaciones con una naturalidad asombrosa. Alcanzó el mando de manera inesperada y, a priori, de forma temporal. El Tottenham, conjunto que se había gastado 100 millones durante el mercado veraniego para intentar alcanzar el célebre ‘sky four’, parecía el destino para alguien con más caché en el mundo de los banquillos. Por ello, la noticia de su ratificación, y ampliación de contrato hasta 2015, no dejó a nadie indiferente. De hecho, el nombre de Louis Van-Gaal, a priori el deseado por Daniel Levy para hacerse con el control deportivo, continúa planeando en el entorno ‘spur’. Esperando, quizá, una futura marcha de la selección holandesa tras el Mundial de Brasil 2014.

Mientras tanto, es el momento de Sherwood. La hora de probar que no está de paso por la élite. Hasta ahora, las principales críticas sobre su trabajo se centran en su escasez de recursos tácticos. En su libro de estilo el 4-4-2 es innegociable.Prácticamente, y dan igual los caminos por los que transcurra el encuentro, inmutable. Aunque eso sí, a diferencia del equipo construido por Villas-Boas, que bajo su característico 4-3-3 buscaba asestar directos bajo el contragolpe, el Tottenham actual quiere el balón y, además, hace más goles. Muchos más goles. Tantos que solo en un partido, el disputado ante el Norwich en Carrow Road, se ha quedado sin marcar. En sus pros se apunta, además, su confianza en los más jóvenes. Su conocimiento de la academia, a la que ha estado ligado durante los últimos cinco años, no le ha hecho dudar a la hora de recurrir a ella ante la plaga de lesiones que asola al Tottenham actualmente. Queda, por si fuera poco, el factor emocional. Ese capaz de voltear eliminatorias que se han puesto abajo por 2-0. Tim Sherwood, desde luego, no se va a rendir.