El día que nos hicimos mayores

La gran mayoría de culturas poseen ritos o celebraciones que marcan el paso del individuo de la etapa infantil a la edad adulta. Sin embargo, en la cultura cada vez más global de occidente en la que nos encontramos inmersos, los límites son cada vez más difusos, por no decir que en algunos casos han sido completamente borrados. Pese a que la comunidad judía todavía celebre el Bar Mitzva o en México exista la fiesta de la Quinceañera, aunque en MTV podamos ver pomposas celebraciones de Sweet Sixteen, lo cierto es que dichos actos solo son simples vestigios tradicionales, cuando no meras ostentaciones del consumismo, y no eventos con unas consecuencias tangibles en la vida del iniciado.

Hace mucho que la sociedad posmoderna eliminó la figura del adulto tradicional de sus manuales. La adolescencia se prolonga hasta años después de sus consecuencias fisiológicas y, tras ella, llega ese éter que supone la juventud. Ahora, todos somos jóvenes.

Actualmente hay treinañeros con carné joven y otros que nunca han cotizado a la Seguridad Social. Treintañeros de Erasmus y cuarentones copando los garitos nocturnos, porque los chavales hace años que encontraron alternativas de ocio diferentes a ponerse como las Grecas al ritmo de esa amalgama musical que hemos acordado calificar como ‘pachanga’. Los videojuegos ya no son para niños, porque los que eran niños cuando éstos aparecieron nunca dejaron de jugar. Películas de superhéroes y Pokémon Go.

Hace ya muchos años que un amigo, para más inri ya emanzipado por aquel entonces, le comentó a su padre que había quedado con sus amigos para ir a jugar a los bolos un viernes por la noche. La contestación de su padre no pudo ser más gráfica: “dile a tus amigos que ya es hora de madurar”. Nunca la brecha generacional estuvo mejor expresada.

Los medios suelen hablar de la generación perdida, la que pasó de usar el término mileurista como adjetivo peyorativo a verlo como una aspiración profesional. Una generación fracasada, que sin embargo triunfó en su cruzada por no tener que llevar zapatos nunca y poder utilizar camisetas del Capitán América sin ser repudiados socialmente. Es la generación de la nostalgia, de la continua mirada atrás. Moda retro y artículos vintage. Camisetas de Charles Barkley en los Phoenix Suns en El Corte Inglés y la de Fernando Arcega en ‘Yo los vi jugar’. Las Jordan III que no te pusiste permitir en su momento, en unos materiales muchos más pobres que las originales, y todos los artículos y películas de ‘Star Wars’ que tu padre imaginó en los 70’. Actualmente se puede ir a ver al cine la nueva de ‘Ben Hur’ y de ‘Los 7 Magníficos’. Lamentablemente, llegas tarde para ‘Las Cazafantasmas’.

En 2002, un grupo de empresarios aragoneses se plantearon devolver el baloncesto a la ciudad de Zaragoza. Era un proyecto ambicioso, que pretendía llegar a ACB en un solo año, pero cuya aceptación quedó fuera de toda previsión.

En la rueda de prensa de presentación, el nuevo club anunció su nombre y colores corporativos. El club se llamaría Basket Zaragoza 2002 y vestiría de rojo. Además, un detalle relevante, dejaría el número 6 deserto en reconocimiento a Fernando Arcega, tal y como había hecho el antiguo club de referencia de la ciudad, el histórico CB Zaragoza. La intención era clara y nada disimulada, se trataba de conectar en la memoria colectiva al recién llegado con los días de gloria del balón naranja en la capital aragonesa. El plan se redondeó cuando consiguieron que la Caja de Ahorros de la Inmaculada se involucrase en el proyecto.

Había vuelto el CAI Zaragoza; shut up and take my money.

Los planes de tapar el segundo anillo del Príncipe Felipe con unas lonas para hacerlo más acogedor quedaron automáticamente desfasados. La locura desatada aquellos años es difícil de explicar y, a buen seguro, estaba fuera de toda previsión, pero nada fue casual. CAI Zaragoza es mucho más que una mera denominación comercial. El club de baloncesto de Zaraoza es el CAI, sin importar lo que CAI signifique. Por eso en 2011 el equipo nunca se llamó Caja3, como si hizo el BM Aragón, ni pasó a ser el Ibercaja Zaragoza en 2013.

Pero la situación era anómala y era cuestión de tiempo que tuviese un final. Esta temporada el equipo será denominado Tecnyconta Zaragoza y todos nos sentimos raros. Han sido 14 años consecutivos de CAI Zaragoza y el nuevo club posee un legado que incluso se sostiene por sí mismo, sin el apoyo sentimental del viejo CBZ. Donde antes veíamos unas formas y colores por todos reconocibles, ahora el club ha presentado unas letras blancas sobre fondo negro y un pequeño cuadrado amarillo en la esquina superior derecha. Y todos sabemos que es el mismo equipo, el mismo club, pero al mismo tiempo hemos visto como un pequeño capítulo de nuestra vida ha llegado a su fin de manera irremediable.

Quizá, con la marcha definitiva del CAI Zaragoza hayamos madurado un poco.

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