Marzo

Son las 22.30 pasadas y mi casa parece una casa fantasma. La quietud y el silencio son extremos, sobre todo si se tiene en cuenta que aquí conviven hasta siete personas. Algunos puede que estén trabajando todavía. O fuera por otro motivos, claro. Otros, supongo, estarán encerrados en sus cuartos. La verdad es que no lo sé. Hoy se cumple una semana exacta desde que me mudé y apenas recuerdo el nombre de un par de mis compañeros. De hecho, a uno lo conocí este lunes. Esto es, hemos estado compartiendo techo durante seis días y ni siquiera nos habíamos visto. Asunto extraño éste, que en una ciudad mastodóntica como Londres, al parecer, pasa a ser normal. Casi rutinario. La verdad, supongo que él ni se habrá parado a pensar sobre éste, para mi, casi escalofriante hecho.

Escribo estas líneas desde la cocina, la única zona común de la casa. Mi habitación es la más pequeña, y la más barata, aunque la verdadera razón por la que me encuentro sentado junto al microondas es la televisión. A pesar de ser de aquello que popularmente se conoce como marca del pato, Technika concretamente, posee una imagen realmente nítida, incluso con un más que aceptable HD. Se trata de un receptor común, aunque apenas nadie lo usa salvo como compañía a la hora de ingerir alimentos -el verbo comer implica ciertos matices que en muchas ocasiones no son aplicados-. Entiendo que entra dentro de la rutina londinense; el tiempo para ver la televisión, simplemente, no existe. Se suprime por, no sé, por ejemplo, andar por el metro como si estuvieras corriendo en los San Fermines.

Durante los primeros tres días en esta casa, creo que yo ni encendí la TV. Estaba bastante ocupado, por otra parte. Sin embargo, el fin de semana, más tranquilo, descubrí que, además de los canales rutinarios, el equivalente a la TDT, poseía además un cierto servicio de pago. En concreto, en lo que a mi me interesa, BT Sport y ESPN. Joder, juro que se me abrió el cielo en ese momento. Tanto que no pude resistirme a comentarlo con un compañero de piso que, de manera apresurada, se estaba preparando un supuesto shandwich en la encimera. “Bah, nunca dan nada bueno”, fue su respuesta.

He estado tan estresado últimamente que apenas he reparado en que estamos en marzo, con todo lo que ello significa. Hablo, por supuesto, de baloncesto universitario. De la NCAA. Del ‘March Madness’. Apenas me he enterado de los resultados de los diferentes torneos de conferencia por Twitter de manera fugaz y todavía no me he leído ninguna gúia sobre el campeonato. ¡Si ni siquiera he rellenado ningún ‘bracket’! Yo, que era totalmente consciente de la alienación a la que te somete vivir en una ciudad tan trepidante como Londres, era totalmente ajeno al evento que más me entretiene durante el tercer mes del año.

Ya son casi las 23.00 y apuro los últimos tragos de una lata de Coca-Cola que me saben a gloria. Hace no mucho he cenado una pizza, congelada sí, pero francamente buena, mientras veía una previa del Gran Baile de 30 minutos de duración. En el momento que escribo esto, Albany está apalizando a Mount St. Mary’s en el primer partido de la ronda previa al torneo, la llamada First Four. Y yo lo estoy viendo por televisión. Y en HD. Con toda la casa para mí. Marzo ha llegado, incluso a Londres.

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El Benfica lo inundó todo

Publicado originalmente en Sphera Sports.

 

 Dos horas antes del partido, las calles de Haringey, el distrito que da hogar al Tottenham Hotspur, se encontraban teñidas de color rojo. Ya desde el tren que partía desde la estación de Liverpool Street, la presencia de aficionados del Benfica se visualizaba masiva. Incrementándose más y más conforme el convoy se acercaba a los aledaños de White Hart Lane. Se podría pensar, claro, que en un encuentro que se juega en día laboral lo lógico es que los seguidores locales apuren más su llegada al estadio. Y los que ya se encuentren por los alrededores, pues estarán reunidos en los diferentes pubs colindantes para tomar la clásica pinta pre-partido. Sin embargo, en esta ocasión, y de principio a fin, las fuerzas no se equilibrarían. Ni en la grada, ni tampoco sobre el verde. Este jueves, en el partido de ida de los octavos de final de la Europa League, el Benfica lo inundó todo (1-3).

No existe un cálculo oficial sobre cuántos fans del club lisboeta se dieron cita en el norte de Londres, entre otras cosas porque muchos de ellos, seguramente procedentes de la gran comunidad portuguesa que reside en la capital británica, vieron el choque desde localidades teóricamente reservadas a la afición local. Sí que el área reservada para los hinchas visitantes, que generalmente ocupa el córner derecho del fondo sur, tuvo que ser ampliada hasta llegar, prácticamente, a la portería. Esto no solo ofrecía un punto de aliento claro a los ‘vermelhos’, sino que además desbarataba por completo el que es, por efusividad de sus ocupantes, el pulmón de White Hart Lane. Se anulaba, por tanto, el factor cancha y en el sonido ambiente se distinguía un nítido acento luso. Mal asunto para un conjunto, el Tottenham, preciso de confianza tras la bochornosa goleada, por forma y contenido, encajada en Stamford Bridge la pasada jornada.

Espoleados por un Tim Sherwood que ya era objeto de críticas cuando ganaba, los ‘Spurs’ comenzaron dominando el partido. La pareja formada por Sandro y Paulinho, que por lesiones de uno y otro apenas ha podido coger empaque en la presente temporada, se hacía con el control del balón ante un Benfica que se mostraba conforme con la situación. Conscientes del estado de nerviosismo en el que se mueve el club londinense, que se gastó en verano aproximadamente 100 millones de libras para conseguir un objetivo, jugar la Champions League, que ahora parece más que complicado, los portugueses solo tenían que jugar con el crono y esperar su oportunidad. La pareja de centrales formada por Luisao y Garay, bien apoyados por el pivote defensivo Fejsa, aguantaban sin problemas las llegadas de los blancos, que salvo un disparo lejano de Sandro apenas inquietaron la meta de Oblak. Más letal fue Rodrigo. En la primera tentativa para su equipo, el internacional español sub 21 español recogió un fantástico pase de Amorim y ajustó el esférico lejos de las manoplas de Lloris. La herida terminaría demostrándose mortal.

A raíz del primer tanto del Benfica, los fantasmas de Stamford Bridge comenzaron a aparecer en la, por otro lado, eternamente mermada zaga del Tottenham. Valga como ejemplo gráfico las dos veces en que Lloris midió mal el bote del balón a la hora de salir a despejar, llevando al Lane hasta la histeria. Ni el meta estaba seguro, ni tampoco los centrales o los laterales. Así, a la salida de un córner, Luisao, claramente el hombre a vigilar, lograba imponerse sin mucha dificultad para cabecear a la red el segundo tanto de los suyos en el partido. El zaguero brasileño sería el encargado de cerrar la cuenta para los portugueses. También tras un centro al área, aunque en esta ocasión tras recoger el esférico en el segundo palo. Dos acciones que retratan a toda una defensa. Dos acciones que, salvo catástrofe en la vuelta, valen una clasificación para cuartos de final.

Eriksen había logrado previamente establecer el 1-2 en el electrónico con un soberbio lanzamiento de falta. White Hart Lane se vino arriba, en una de las pocas veces que coreó el ‘Come on you Spurs!’ de manera unánime a lo largo de la tarde. La otra vez que se puso de acuerdo fue para, en el minuto 69, reclamar la presencia de Soldado sobre el terreno de juego. El ariete valenciano saldría poco después, aunque pasó totalmente desapercibido. Resulta curioso que, después de su tanto ante el Cardiff, y de que Sherwood le mostrara su apoyo diciendo en rueda de prensa que todavía tiene tiempo de “marcar 20 goles esta campaña”, haya comenzado como suplente ante Chelsea y Benfica.

Tras el tercer tanto lisboeta, la atención se trasladó al área técnica, donde los dos entrenadores se enzarzaron en una caliente discusión. Jorge Jesús decidió celebrar el segundo gol de Luisao mostrando tres dedos al banquillo rival. Sherwood, como no puede ser de otra manera, más conociendo su carácter, no rehuyó el conflicto. “El problema es que aquí están las zonas técnicas demasiado juntas. Yo decía Luisao número tres -olvidando que el defensa porta el dorsal cuatro en las águilas-”, explicó el preparador luso con una de las justificaciones menos convincentes de la historia. “Creo que su equipo es muy bueno y mostró mucha clase hoy. Es una vergüenza que él no”, apostilló el técnico inglés en su comparecencia post partido.

Así cayó la noche, y los miles de seguidores benfiquistas se esparcieron dispuestos a extender la fiesta por las diversas zonas de ocio nocturno repartidas por el centro de Londres. Su equipo, que domina en el campeonato doméstico, en el que posee una ventaja de ocho puntos respecto al segundo clasificado, posee pie y medio en cuartos de final de la Europa League. Es el momento de soñar con alcanzar de nuevo la gran final como ya hicieran la pasada campaña, cambiando a poder ser el desenlace, claro. Para el Tottenham, sin embargo, no ha tiempo para lamentaciones. En solo tres días, su máximo rival, el Arsenal, les visita en Premier League. Seguramente, su último tren para salvar la temporada.

Qué será, será…

Publicado originalmente en Sphera Sports.

 

Qué será, será
Whatever will be, will be
We are going to Wembley
Que será, será…

 

Hace poco más de una semana, el pasado sábado 1 de marzo, más de un millar de seguidores del Sunderland se citaban en Covent Garden, Londres, para calentar motores de cara a la final de Capital One Cup que al día siguiente iba a disputar -y perder- su equipo contra el Manchester City. Los aficionados de los ‘Black Cats’, que debido a la lejanía de su ciudad con Wembley aprovecharon en su mayoría para pasar el fin de semana completo en la capital inglesa, acabaron con todas las existencias de alcohol del supermercado más cercano e improvisaron un festival que sería noticia al día siguiente en todos los medios locales. La ocasión lo merecía, pues a pesar de ser un club histórico, los de Tyne and Wear llevaban sin aparecer por la catedral del fútbol británico desde 1992. Lo importante era, por tanto, estar ahí. La versión del ‘Qué será, será’ que encabeza este artículo, y que no pararon de entonar en todo momento, desde por la noche hasta la hora del partido, algunos seguramente de manera interrumpida, así lo refleja.

El cántico es uno de esos clásicos de las gradas inglesas. Aquello que cada hincha vocifera a pleno pulmón cuando su equipo le da la alegría de clasificarse para Wembley. En cierto modo, resulta parte del ritual que acompaña a cada encuentro disputado en el escenario reservado para los grandes eventos del fútbol inglés. Este sábado, dicha tonadilla volvió a retumbar en Londres. Aunque, en esta ocasión, no sé trató de ninguna afición visitante o de algún club que llevara décadas sin disputar un título. Fueron los aficionados del Arsenal los que, cuando su equipo se puso 4-1 por delante del Everton en su eliminatoria de cuartos de final de FA Cup, rescataron la canción de su libreto de repertorios. En sus labios, todo un grito de liberación.

EL ARSENAL VUELVE A WEMBLEY
A pesar de ser el equipo con más seguimiento de la ciudad más importante del Reino Unido, al Arsenal siempre le ha acompañado una cierta fama de pupas. Mientras que las grandes dinastías se han forjado al norte del país, los del norte de Londres se conforman con ser el equipo con mejor palmarés de la capital. Título honorífico que, desde la llegada de Roman Abramovich al Chelsea, está puesto en permanente tela de juicio. De momento, y aunque en títulos domésticos todavía ganen los ‘Gunners’, los ‘Blues’ ya han conseguido proclamarse campeones de Europa en una ocasión. Esta pujanza vecinal, sumada a la sequía que asola Islington desde 2005, ha terminado por generar un estado de emergencia del que el conjunto dirigido por Arsene Wenger precisa salir. Ganar la presente edición de la FA Cup parece, de lejos, la vía más probable para lograrlo.

El Arsenal vuelve a Wembley por primera vez desde el desastre de 2011, cuando perdió la final de la Copa de la Liga contra un Birmingham City que esa misma temporada terminaría descendiendo a Championship. Cabe matizar que, ahora, los cañoneros llegan al templo del balompié inglés para jugar semifinales. Lo hacen después haber dejado por el camino a Tottenham, Coventry City, Liverpool y Everton. Un camino duro, que les marca como máximos favoritos entre los cuatro últimos supervivientes. Contra los ‘Toffees’, el conjunto armero venció por 4-1. El resultado, abultado, maquilla el guión del partido, pues a pesar de la goleada los de Roberto Martínez lograron poner en muchos apuros al cuadro local.

Arsenal y Everton son dos equipos a los que les gusta tener el balón, demandándolo frecuentemente, pero que se muestran realmente venenosos cuanto más vertical es su juego. Así se demostró en el minuto 7, cuando Cazorla, por el carril del medio, organizó una contra que desarboló por completo el sistema defensivo de los de Liverpool. A su izquierda, el asturiano encontró al criticado Özil, que no erró en su lanzamiento. Los visitantes devolverían el golpe en el 32′ cuando, con el cuadro local volcado sobre la meta de un titubeante Joel, el joven Ross Barkley fue de un área a la otra con el balón en sus botas. Una magnífica jugada personal en la que terminó cediendo para Mirallas, que entraba libre de marca desde el flanco izquierdo. El belga remató mal, tan rematadamente mal que pudo ser un pase más que improbable. Lukaku recogió el esférico y, éste sí, marcó a placer. El empate cambió la dinámica del encuentro y fue el Everton quién dispuso de ocasiones más claras. Así hasta el 68′, cuando Oxlade-Chamberlain, seguramente el hombre más en forma de los londinenses, sacó un penalti a Barry que Arteta se encargó de materializar hasta en dos ocasiones -tuvo que repetir el lanzamiento al invadir Giroud el área en la primera tentativa-. El internacional francés, que salió como recambio de Sanogo, cerró la goleada al convertir dos dianas a pases de Sagna y Özil.

EL VIGENTE CAMPEÓN NO SE RINDE
En Wembley los ‘Gunners’ se citarán con el vigente campeón, el Wigan Athletic, que protagonizó la sorpresa del fin de semana al eliminar al Manchester City en el Eitihad Stadium (1-2). El conjunto de Manuel Pellegrini, que hace siete días se había proclamado ganador de la Capital One Cup, sufrió un duro revés al verse superado de nuevo por unos ‘Latics’ que ahora son conjunto de Championship. Desde la llegada de Uwe Roster al banquillo, los blanquiazules están lanzados. Han conseguido colarse en puestos de ‘play-off’ en Liga y se postulan para repetir la machada conseguida el curso pasado en FA Cup. Con ellos sobre el césped, todo es posible.

A pesar de tener la vuelta de la Liga de Campeones esta semana, el City apenas reservó nada para afrontar el encuentro. Incluido Martín Demichelis, el fichaje más polémico del presente curso. Por una razón u otra, en el centro de la zaga o incluso como mediocentro, el argentino ha jugado todos los partidos importantes de la temporada. Encadenando, en casi todos ellos, actuaciones desafortunadas que le han puesto en el centro de la diana. En esta ocasión, el zaguero cometió un penalti sobre Fortune que sirvió a los visitantes para adelantarse en el marcador gracias a la ejecución de Jordi Gómez. El ‘shock’ que fue ampliado a la vuelta de vestuarios, cuando Perch se adelantó a Clichy y convirtió el 2-0. El Wigan, como el pasado curso, tenía al todopoderoso Manchester City contra las cuerdas.

Había tiempo por delante y el Ingeniero metió toda la artillería que le quedaba en el banquillo. Silva, Dzeko y Milner al campo por Navas, Touré y Negredo. Cambios de indudable calidad, aunque, eso sí, no variaron nada el dibujo táctico del equipo azul celeste. Nasri consiguió acortar diferencias en el 68′, pero eso fue todo. Con un rosario de ocasiones erradas de manera incomprensible, los ‘citizens’ se despedían de la Copa ante la que es su nueva bestia negra.

HULL CITY – SHEFFIELD UNITED, LA OTRA SEMIFINAL
Los del famoso casino no serán, sin embargo, la cenicienta del cuento. Ese honor recae, sin duda, en el Sheffield United, equipo de Ligue One, tercer escalón profesional, que ha logrado colarse entre los cuatro mejores de la competición. Lo han conseguido tras eliminar en cuartos de final al Charlton Athletic, conjunto de una categoría superior, al que vencieron por 2-0. En un encuentro marcado por los nervios propios de dos cuadros nada acostumbrados a estas latitudes, los ‘Blades’ hicieron valer el factor local. Como no podía ser de otra forma, Barmall Lane presentó un lleno absoluto, espoleando a los suyos a una catarsis colectiva que tuvo su momento cumbre en torno al minuto 65 de juego. En dos jugadas casi consecutivas, Flynn y Brayford consiguieron perforar la meta defendida por Hamer para llevar a los del acero a semifinales. Hace escasas semanas, la escuadra de Nigel Clough peleaban por evitar el descenso a Ligue 2. Ahora, instalados en una cómoda undécima posición, con nueve puntos de ventaja, y un partido menos, sobre el vigésimo primer clasificado, se pueden centrar en disfrutar la experiencia de ir a Wembley.

En frente se las verán con el Hull City, que se deshizo del Sunderland por un contundente 3-0. Los ‘Black Cats’, que soñaban con volver a repetir la sonada juerga de Covent Garden, se vieron arrollados por un conjunto que, a pesar de no contar con sus dos fichajes de invierno, Jelavic y Long, consiguieron anotar tres tantos en la segunda parte. Davies (68′), Mayler (72′), que celebró el tanto cabeceando el banderín de córner en clara alusión a la agresión sufrida por Alan Pardew, y Fryatt (77′), fueron los goleadores para los ‘Tigers’. Se trata de la primera vez que los de naranja y negro consiguen colarse en unas semifinales de FA Cup desde 1930.

Arsenal, Wigan Athletic, Sheffield United y Hull City ya están citados en Wembley. Una vez allí, lo que tenga que ser, será.

 

Una tarde en White Hart Lane

La primera vez que fui a White Hart Lane me di cuenta de lo grande que es Londres de verdad. Pensé que si Frodo hubiese tenido que ir hasta allí a tirar el anillo, y no a Mordor, hubiese necesitado cinco películas para contar su caminata. Por si fuera poco, lo que vi cuando llegué tampoco distó mucho de la guarida de Sauron. No era día de partido, había anochecido y el barrio me pareció, por decirlo de alguna manera, bastante desapacible. No me extrañó, pues, que años antes se hubiesen producido por sus calles las célebres revueltas de 1985. Tampoco me extrañó que, poco después, en 2011, los famosos disturbios que se extendieron por todo el país tuvieran su foco nuevamente allí.

Ahora, visto con perspectiva, lo entiendo todo algo mejor. Aquella primera visita al estadio del Tottenham Hotspur fue en 2009. Una semana antes, los ‘Spurs’ le habían metido nueve al Wigan de Roberto Martínez, por fecharlo con algo más de exactitud. Creo, aunque no estoy seguro, que fue mi segunda visita a la capital británica. Yo por entonces residía en Hastings, al sur del país, donde estaba realizando un curso de inglés. Junto a mi amigo Quike nos propusimos un viaje para visitar los estadios de fútbol de la Premier League. Una idea loca que nos llevó de una extremo a otro de la ciudad. Emirates, Stamford Bridge, Craven Cottage, Upton Park y White Hart Lane. Quizá no en este orden, aunque la casa del Tottenham Hotspur sí que fue el último lugar. Llegar, visitar los alrededores, entrar a la tienda y a por otro. Seguramente, seamos los únicos que, por número de millas recorridas y trenes cogidos, hayamos logrado amortizar una ‘travel day card’. A eso hay que sumar el viaje de ida y vuelta hasta Londres. Así éramos -somos-.

El pasado jueves tuve la oportunidad de regresar al lugar del crimen. Estaba ansioso y me esperaba un largo viaje, así que salí de casa con prontitud. No sé si es que me estoy haciendo a las distancias de aquí, pero el trayecto me resultó corto en esta ocasión. Cercanías en Liverpool St. Station, hasta allí no llega el metro, y en cuatro o cinco paradas estaba en mi destino. Conclusión; a mi llegada estaban todavía montando los típicos puestos en los que se venden bufandas y camisetas contra el Arsenal. Quedaban, aproximadamente, dos horas y media para el saque de centro y, como no sabía bien qué hacer, pregunté en la puerta si ya podía pasar. Miraron mi nombre en la lista y para adentro. A una sala acondicionada con mesas, sillas y dos televisores en la que ya había algunos periodistas trabajando.

Fue mi segunda experiencia laboral en Inglaterra, la primera consistió en cubrir un amistoso del Real Zaragoza en Upton Park. Entonces, por miedo y desconocimiento, apenas vi el partido, temí por la temporada que nos venía encima y me marché del estadio. En esta ocasión, intenté integrarme más en el entorno. No estaba seguro de que fuera a ocurrir, pero a eso de las seis de la tarde trajeron la cena. Esto supone un cambio notable con respecto a trabajar en España. Es verdad que, aquí, en muchos trabajos es costumbre proporcionar el ‘lunch’ a los empleados. También existen los contratos de cero horas, que nadie crea que quiero vender alguna moto sobre lo magnífico de este país, pues se aleja bastante de mi ideal. Lo que entienden aquí por cordero, ojala hubiese sido ternasco, y algo de guarnición fue el menú. El Napoli-Swansea amenizó la espera. Llegaba el partido, así que ‘cafecico’ caliente para combatir el frío y para la zona de prensa.

White Hart Lane es un campo inglés, tal y como nosotros lo entendemos. La grada esta lo más cerca posible del campo y, cuando el fondo sur, donde se sitúan los aficionados más animosos, aquellos que ven todo el partido de pie, se anima, los cimientos llegan a retumbar. Quizá por ser una eliminatoria europea. Quizá porque el Tottenham se vio obligado a levantar un 0-2 en el global, pero el choque tuvo un ambiente magnífico. A mi me tocó estar sentado a escasos metros de la salida de jugadores. Prácticamente, justo detrás de Tim Sherwood. Fui allí pensando en escribir sobre el regreso de Juande Ramos, pero la energía del entrenador local me llevó a dedicarle unas líneas en cuenta (aquí se puede leer). Al parecer, sus métodos están bastante cuestionados por la prensa local. Mi opinión, y ya que es mi página la doy, es que está realizando un gran trabajo mental. En ese sentido, me recuerda al primer Manolo Jiménez al frente del Real Zaragoza. A veces se olvida que en el fútbol no todo es táctica o, incluso, técnica. Ponerle corazón -y confianza- al juego resulta igual de primordial.

En apenas 13 minutos los ‘Spurs’ metieron tres goles y el estadio entró en catarsis. A Adebayor se le pide perdón por los insultos vertidos sobre él cuando era el referente del Arsenal, aunque quizá el jugador que más cánticos recibe es Soldado. Su temporada es mala, su partido fue malo, pero aún así fue agasajado cuando fue sustituido. Saben que por sus botas pasa el reconducir la temporada y tienen paciencia con él. Parece que da sus frutos, pues este domingo marcó el gol de la victoria contra el Cardiff City. Sherwood dijo de él que todavía puede alcanzar los 20 goles esta temporada, casi nada.

Las ruedas de prensa tras el partido no distaron mucho de las que se suelen dar en España. Por parte local se intentó restar incidencia a la desafortunada actuación del colegiado. Y por los visitantes enfatizarla, claro. Juande Ramos dio las explicaciones en castellano, necesitando, por tanto, dos traductores, uno al inglés y otro al ucraniano. Según explicó, lo más complicado para él había sido lidiar con el clima de inestabilidad que se está dando en Ucrania. Algo lógico y normal. Terminadas las comparecencias, camino de regreso que, esta vez sí, resultó más largo y pesado.

El método de Tim Sherwood

Publicado originalmente en Sphera Sports.

Arranca  el partido y Tim Sherwood se levanta de su asiento como un resorte. Con una sonora patada abre la pequeña puerta que separa el banquillo de la llamada área técnica y comienza a dar órdenes a su equipo. Cruda declaración de intenciones, no es tiempo para sutilezas en la zona blanquiazul del norte de Londres. El manager del Tottenham Hotspur, que comenzó como interino y fue ratificado en diciembre para lo que resta de campaña y otra más, ya no se moverá de la zona pegada a la línea de banda en los 90 minutos que dure el encuentro -más el añadido-. No parará de gesticular y discutir con el cuarto árbitro. Incluso, llegará a jurar en un volumen más que audible para las primeras filas de White Hart Lane, estadio que cumple aquello de que el público debe estar lo más cerca posible del césped. Pura pasión en la que se refleja un equipo que nada tiene que ver con el conjunto lánguido que naufragó durante el primer tramo de la temporada. A pesar de que casi nada ha cambiado, los ‘Spurs’ son un conjunto nuevo. Ocho victorias, dos empates y cinco derrotas son los números en 15 partidos oficiales disputados.

“¿Nos habíais dado por muertos y enterrados, no?”. Sherwood bromea sonriente en la sala de prensa. No para, incluso, en los largos compases de espera en los que traductor ejerce su trabajo para que los medios ucranianos desplazados puedan conocer sus impresiones. Instantes antes había celebrado en el césped de manera efusiva el triunfo por 3-1 ante el Dnipro en la vuelta de los octavos de final de la Europa League. Todo pareció perdido para los ‘Spurs’, que cayeron por 1-0 en Ucrania y vieron como, en el minuto 47, Zozulya conseguía perforar su meta. Sin embargo, con tres goles en 13 minutos, y la polémica expulsión del ínclito Zozulya mediante, todo cambió. La emoción pudo al raciocinio. Las vísceras, al cerebro. Es el método Sherwood, fútbol ejecutado con el corazón.

 A comienzos de febrero, con motivo de su recuperación, Jan Vertonghen era preguntado por su nuevo técnico. Las palabras del belga, a quien se le consideraba próximo a Villas-Boas, dejan a las claras la relación del entrenador con sus pupilos: “Cada manager tiene sus cosas. Tim, quizá, es un poco más directo”. De tú a tú, sin medias tintas. Así cogió al equipo y así lo levantó.Sin duda, el gran acierto durante su corto mandato ha sido el rescate de Emmanuel Adebayor. El delantero centro, hasta entonces apartado del equipo, suma 11 dianas en los últimos 15 partidos. Cifras escandalosas, que mantienen al Tottenham vivo en la lucha por entrar en la Champions League, su gran objetivo. Con una trayectoria errática, repleta de altibajos que más tienen que ver con lo actitudinal que con lo referente a sus aptitudes, parece que el togolés ha encontrado, al fin, un capitán al que servir. Por ello, tras marcar su segundo tanto ante el Dnipro, no dudó en acercarse a la banda y, con un saludo militar, celebrarlo junto a su entrenador. La instantánea, nombrada por el diario ‘The Guardian’ como la foto del día, habla por sí sola.

White Hart Lane, como no podía ser de otra manera, también se ha rendido a los pies del atacante africano. En sus días como jugador del Arsenal, el punta era el futbolista más duramente insultado por la grada sur los días de derbi. Tanto que, en 2011, ya en las filas del Real Madrid, el propio jugador llegó a denunciar públicamente lo que él consideraba un abuso de naturaleza racista. Ahora, con la misma sintonía con la que se burlaban de él, los fans más ruidosos de los ‘Spurs’ le piden perdón. La conexión con el gran rival, es otro un punto en común entre técnico y pupilo. No en vano, poco después de aceptar el cargo, Sherwood reconoció que, de niño, había sido ‘gunner’ y que su padre seguía acudiendo al Emirates cada dos fines de semana con su pase de temporada.

Tal declaración, en otras circunstancias, hubiera sido un suicidio social. Sin embargo, Sherwood no tiene miedo porqué no tiene nada que perder. Va de frente y, sabiendo que está ante la gran oportunidad de su vida, asume las complicaciones con una naturalidad asombrosa. Alcanzó el mando de manera inesperada y, a priori, de forma temporal. El Tottenham, conjunto que se había gastado 100 millones durante el mercado veraniego para intentar alcanzar el célebre ‘sky four’, parecía el destino para alguien con más caché en el mundo de los banquillos. Por ello, la noticia de su ratificación, y ampliación de contrato hasta 2015, no dejó a nadie indiferente. De hecho, el nombre de Louis Van-Gaal, a priori el deseado por Daniel Levy para hacerse con el control deportivo, continúa planeando en el entorno ‘spur’. Esperando, quizá, una futura marcha de la selección holandesa tras el Mundial de Brasil 2014.

Mientras tanto, es el momento de Sherwood. La hora de probar que no está de paso por la élite. Hasta ahora, las principales críticas sobre su trabajo se centran en su escasez de recursos tácticos. En su libro de estilo el 4-4-2 es innegociable.Prácticamente, y dan igual los caminos por los que transcurra el encuentro, inmutable. Aunque eso sí, a diferencia del equipo construido por Villas-Boas, que bajo su característico 4-3-3 buscaba asestar directos bajo el contragolpe, el Tottenham actual quiere el balón y, además, hace más goles. Muchos más goles. Tantos que solo en un partido, el disputado ante el Norwich en Carrow Road, se ha quedado sin marcar. En sus pros se apunta, además, su confianza en los más jóvenes. Su conocimiento de la academia, a la que ha estado ligado durante los últimos cinco años, no le ha hecho dudar a la hora de recurrir a ella ante la plaga de lesiones que asola al Tottenham actualmente. Queda, por si fuera poco, el factor emocional. Ese capaz de voltear eliminatorias que se han puesto abajo por 2-0. Tim Sherwood, desde luego, no se va a rendir.