Durant contra sus fantasmas

“He sido el segundo toda mi vida. Fui el segundo mejor jugador de instituto. La segunda elección en el draft. He sido el segundo en las votaciones por el MVP en tres ocasiones. Llegué a las Finales y quedé segundo. Estoy cansado de ser el segundo… He terminado con esto ya”. Las palabras de Kevin Durant, realizadas a Sports Illustrated en abril de 2013, resuenan ahora con más fuerza que nunca. Entonces, una inoportuna lesión de Russell Westbrook truncó de forma irreversible la temporada de Oklahoma City y, con ella, la declaración de guerra realizada por su líder. Hoy, ni la ausencia de su segundo espada puede frenar la revolución iniciada.

En la madrugada del 29 al 30 de enero, según el huso horario español claro, la NBA asistió boquiabierta al golpe de estado formal realizado por Kevin Durant con el objetivo de alcanzar la supremacía individual en el planeta basket. Frente a los vigentes bicampeones, Miami Heat. En su casa. Ante el tiránico LeBron James. Con las cámaras de la televisión nacional como testigos. La paliza de OKC a los locales fue severa (112-95). La actuación de KD, sublime. En el partido más importante de la temporada regular, el alero firmó 33 puntos (12/23 en tiros de campo), siete rebotes y cinco asistencias. Alargando, además, su racha de partidos consecutivos anotando por encima de la treintena, van 12 y contando. Números de MVP.

Lo cierto es que la historia pudo ser diferente. Quizá por la responsabilidad de la cita, Durant comenzó pasado de revoluciones. Al fin y al cabo, era él quién tenía que demostrar que está listo para alcanzar el siguiente nivel. Se trataba de su exorcismo público. A estas alturas a Miami con llegar a tope para Playoffs le basta, por tanto la presión estaba en la acera visitante. Lo notaron los Thunder, que a los cinco minutos se veían abajo en el marcador por 22-4. Momento clave en el que comenzó la remontada. Con Derek Fisher sobre el parqué (15 tantos con 5/5 de triples), el equipo de Oklahoma comenzó a carburar y su estrella se soltó. Anotó la primera y comenzó a sonreir. Era su noche. Lo sabía. Lo anhelaba.

El gran duelo se produjo en el tercer cuarto. Quizá demasiado tarde para el transcurrir general del encuentro, ya prácticamente sentenciado para el cuadro visitante. Daba igual. Durant y James se retaban. Se buscaban. Pese a que, en un principio, era Sefolosha el encargado de estar sobre el Rey por parte de OKC, los dos astros coincidían en ambos lados de la pista. Sin rehuir el choque directo. Un pulso particular que podría quedar en tablas (LeBron terminó con 34 puntos, tres rebotes y tres asistencias), pero que sirvió para que Durant disparase al estómago de su principal fantasma. En su liberación faltó, por cerrar el círculo, la aparición, aunque fuera en forma de cameo, del hombre que le hizo sobra durante sus primeros pasos; Greg Oden. El pívot, que en el baloncesto profesional nunca pudo ser amenaza debido a la mala suerte en forma de lesiones, vio el partido completo desde el banquillo de los Heat.

En su revancha personal, Kevin Durant ha golpeado primero. Se ha liberado. Sin embargo, la pelea está lejos de ser cerrada.

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‘Made in Texas’

Texas no es un estado más. Su especial idiosincrasia y folclore lo convierten en un territorio único, con una fuerte personalidad que permanece marcada a fuego en el imaginario popular. Hasta seis países han llegado a reclamar sus interminables páramos en un momento u otro de la historia. Un legado cultural cristalizado a través de sus característicos ranchos y regado por los dólares procedentes del petróleo. “Todo es más grande en Texas”, dice con orgullo uno de sus eslóganes más reconocibles. Una máxima que llevan a la práctica en todos los ámbitos de la vida.

A pesar de contar con numerosas franquicias en las diferentes ligas profesionales, los texanos, como casi todos los estadounidenses, vuelcan su devoción en el deporte universitario. Algo que en el estado de la estrella solitaria se dibuja, fundamentalmente, en dos colores; el ocre de la Universidad de Texas (UT) y el granate de Texas A&M (TAMU). Los dos centros públicos más numerosos, con aproximadamente 50.000 alumnos cada uno. Dos equipos, Longhorns y Aggies, que paralizan el estado cada vez que se miden entre ellos. Especialmente en fútbol americano, el deporte por excelencia en Texas. Casi, una religión. Así lo refleja la recomendable serie de televisión ‘Friday Night Lights’, ambientada eso sí en el ámbito de instituto.

El primer partido de fútbol americano entre ambos colosos data de 1894. Una rivalidad que poco a poco iría impregnando al resto de modalidades. Tanto que, a lo largo de los años, llegaría a generar el llamado ‘Lone Star Showdown”, una pequeña competición que contabilizaría todos los enfrentamientos directos entre las dos universidades en cada disciplina. Esto es, cada victoria de un equipo sobre otro, sea cual sea la disciplina, supone un punto para la general. Asunto de estado. Con tal competitividad, sumada al placer de poder derrotar al eterno rival, cada partido entre la UT y TAMU es una batalla. También en baloncesto, claro. Un ambiente especial que bien conoce Joseph Jones, actual jugador del CAI Zaragoza y máximo referente en el que seguramente ha sido el mejor equipo de los Aggies en el presente siglo.

Así, en 2006, el equipo de la A&M se desplazó al Frank Erwing Center, hogar de su eterno rival, con la intención de tumbar al que por entonces estaba considerado como el séptimo mejor equipo del país. En una actuación memorable, Joseph Jones acumulaba 31 puntos en su casillero particular a falta de, aproximadamente, cuatro minutos para el término del partido. Una auténtica masacre al poste bajo que los Longhorns eran incapaces de frenar. Hasta que Brad Buckman, su par, decidió simular falta tras un contacto en ataque del actual poste rojillo. Quinta personal y al banquillo. “No estaba fallando ningún tiro y tenía que intentar hacer algo”, dijo después el interior de la UT. En aquel asalto, los locales se apuntaron el tanto (70-83).

Afortunadamente, en el partido de vuelta, los Aggies pudieron vengarse. En un choque trabado, los de la A&M consiguieron vencer a sus máximos rivales (46-43) y desataron la locuraen el Reed Arena. Tanto que el público terminó por invadir la pista, tal y como se muestra en este vídeo. “El partido más importante de la historia”, dice el narrador.

Este miércoles, Buckman, actualmente en el Besiktas turco, y Jones se volvieron a encontrar las caras sobre el parqué. En esta ocasión, con la Eurocup como telón de fondo. A pesar de la evidente motivación mostrada por tener en frente a su viejo rival, el pívot del CAI tuvo un mal partido con solo dos tiros de campo de los siete anotados. Cobrándose, eso sí, un brutal tapón a su favor. El triunfo, como ocurrió en Texas, fue para el equipo de Buckman. Claro que todavía queda la vuelta…

Cinco euros

Texto publicado en El ‘traspiés’, columna de periodicidad semanal para AragónSport.com

 

No suele ocurrir, menos en tiempos de crisis, pero hace no mucho me encontré un billete de cinco euros en la calle. No había nadie alrededor así que, no sé si de manera correcta o incorrecta, decidí echármelo al bolsillo. El hecho, por inhabitual en mi vida, sirvió para alegrarme la tarde. Desde luego, el botín hallado no es una fortuna precisamente. Aquel papel grisáceo y arrugado no supone mi pase a una vida mejor ni un cambio sustancial en mi día a día, pero al que le amargue un dulce posee un serio problema en sus papilas gustativas. Evidentemente, no voy a negar que todo aquello que se consigue a través del esfuerzo conlleva una recompensa superior. Es verdad que la satisfacción de lograr aquello que ha sido largamente deseado resulta plena. “Si nunca has ahorrado para unas Nike, nunca has disfrutado unas Nike”, cantaba Toteking cuando parecía que iba a molar. La rima es cuestionable pero el fondo se hace entender.

 

Este domingo, el CAI Zaragoza se encontró un billete de cinco euros en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Bueno, no exactamente. De hecho, lo conseguido por los aragoneses posee un valor superior. La victoria, aderezada con una renta de 27 puntos de diferencia, puede ser un lingote de oro si los pupilos de José Luis Abós consiguen mantener la octava plaza que ocupan en la actualidad, y que les daría derecho a participar en la próxima Copa del Rey. Sin embargo, existe el peligro de que se devalúe por el escaso nivel mostrado por un Tuenti Móvil Estudiantes que no tiene fly, ni party, ni siquiera una sabrosura. Los colegiales no tienen nada, papi. Acaso un Ivanov voluntarioso y una cantera prometedora que no saltó a la pista hasta que la Demencia lo demandó de manera insistente en el último cuarto.

 

El CAI, por tanto, hizo lo que debía. Borró a su rival desde la defensa, jugó en ataque como acostumbraba, con un pívot referencia y una batería de tiradores abiertos para aprovechar los espacios, y, prácticamente, no se dejó llevar en ningún momento. Quizá cuando dobló en el marcador a su rival, 30-60, hubo un atisbo de relajación. Situación que, eso sí, fue corregida para terminar el encuentro con un abultado 62-89. Misión cumplida, y ahorrando fuerzas para el exigente compromiso que espera el miércoles ante el Besiktas en Estambul. El CAI se encontró cinco euros en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, sí, pero los invirtió hasta multiplicar los beneficios. Yo, sin embargo, apenas recuerdo en qué me los gasté.