Décimas de segundo

Texto publicado en El ‘traspiés’, columna de periodicidad semanal para AragónSport.com

Futurama no es Los Simpsons, pero a veces es incluso mejor. La inteligente idea de situar la acción en un futuro fantástico dotó a Matt Groening de una libertad ilimitada a la hora de enfrentar a sus personajes con algunas situaciones impensables para la popular familia amarilla. En uno de mis capítulos preferidos, el disparatado profesor Famsworth fabrica un artilugio, llamado la máquina y si, gracias al cual los protagonistas de la serie pueden visualizar qué sería de su vida si, en un momento determinado, hubieran tomado una decisión diferente a la que llevaron a cabo. El invento, lógicamente, es solo un pretexto para dar paso a una serie de universos paralelos y desenlaces hilarantes. Tantas fueron las posibilidades del artefacto que llegó a articular algún episodio más.

¿Y si hubiera valido el último triple de Roll en Gran Canaria? Este domingo, el CAI Zaragoza vio como, en un nuevo final apretado, la victoria volvía a resultarle esquiva. Esta vez con polémica incluida. Según se pudo ver en directo, los encargados de mesa tardaron más de lo debido en parar el crono tras un triple desde siete metros de Albert Oliver que ponía a los amarillos tres puntos por delante con algo menos de un segundo por jugarse -nota al lector; mirar siempre el tiempo situado encima de canasta, nunca el de televisión-. Desde la banda, José Luis Abós se quejó amargamente. Sin embargo, no hubo opción a vídeo y los zaragozanos solo contaron con tres décimas para intentar empatar el partido. Roll lo logró, pero la bocina ya había sonado. Si hubiera contado con algo más de tiempo, se hubiera tenido que jugar tiempo extra. Y en él, el CAI podría haber ganado en el Centro Insular de Deportes. O quizá no. La polémica estaba servida y la máquina del profesor Famsworth a punto de explotar.

El debate es profundo, más en un deporte que acepta abiertamente la tecnología como herramienta de precisión para hacer más justas sus condiciones de juego. Hubo ‘instant replay’ para comprobar que el triple lanzado por Roll se produjo con el encuentro terminado, pero no se pudo comprobar in situ que a los rojillos les debía quedar más tiempo para poder armar su última tentativa. Con la clasificación tan apretada en la lucha por entrar en la Copa, el enfado aragonés fue morrocotudo. El acta está cerrada y nada se puede hacer en ese sentido, aunque el club se encuentra valorando si presentar una queja formal que, al menos, promueva la discusión. Con la ACB organizando diferentes reuniones sobre cómo poder mejorar el campeonato, parece el momento idóneo.

Respecto al partido, cabe resaltar que el CAI Zaragoza no perdió en las décimas finales. Antes hubo poco menos de 40 minutos en los que el equipo de José Luis Abós no se supo imponer a un desacertado Herbalife Gran Canaria. El marcador final, 58-55, con mucho el tanteo más bajo de la jornada, lo dice todo. Los locales presentaron un 18% de acierto en lanzamientos triples, y tiraron 33. Resulta justo decir, además, que dicha falta de puntería no fue siempre provocada por la defensa rojilla. Especialmente en la primera mitad, en la que varios fallos locales llegaron tras intentonas totalmente liberadas. También es cierto que, tras el descanso, y a pesar de mostrarse totalmente obcecado en campo contrario, el cuadro rojillo supo bajar al fango en el que se movía el choque y pelear por la victoria con intensidad. Ninguno de los dos mereció ganar, pero el tanto se lo apuntaron los de Pedro Martínez. El “y si…” queda para Futurama.

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La delgada línea roja

Texto publicado en El ‘traspiés’, columna de periodicidad semanal para AragónSport.com

 

No fueron los ocho días de oro, aunque sí una semana fantástica. Cuando el calendario marcaba su primer punto de inflexión, el CAI Zaragoza se resguardó al calor del Príncipe Felipe para encadenar dos victorias consecutivas que le mantienen en primera línea de los dos frentes abiertos a estas alturas de competición; avanzar de ronda en Eurocup y disputar la Copa del Rey por segundo año consecutivo. Objetivos que, en caso de no haber vencido a Telekom Bonn, el miércoles, y Fuenlabrada, este sábado, se hubiesen retorcido de manera indescifrable. Afortunadamente, no es el caso.

 

Desde su propia concepción, el baloncesto es un juego totalmente polarizado. El vocablo empate no consta en su diccionario por lo que solo se puede ganar o perder. Dos resultados diametralmente opuestos que, sin embargo, en muchas ocasiones son separados por una delgada línea roja. A este pequeño espectro, situado entre la gloria y la miseria, también se le podría llamar Pedro Llompart. Más que nada, porque del estado de forma del armador balear parece depender el desenlace final de un partido que haya trascurrido igualado en términos globales. Mario Fernández, ex del CAI Zaragoza, lo dijo así en Twitter: “Hola, me llamo Pedro Llompart y soy la mejor inversión que pueda hacer en la posición de base. Oficio y solvencia, conceptos asegurados”. No era para menos pues su colega de posición acababa de finalizar el choque ante el ‘Fuenla’ con unos asombrosos, y decisivos, 27 puntos de valoración. El baloncesto es un deporte de cinco contra cinco en el que siempre gana el equipo en el que está Llompart, si este se hace notar.

 

La coletilla puede parecer gratuita, pero no lo es. El ‘uno’, que había renovado por la escuadra aragonesa este verano, hizo las veces de repetidor y, durante el comienzo del curso, se ausentó de clase más de lo debido. El equipo lo notó. Mucho. Quizá por un tema físico aparejado a su edad de jugador veterano, el mallorquín ha tenido un arranque propio de un motor diesel sin turbo. Progresivo pero lento. Aunque, a estas alturas de la competición, ya no hay dudas de que ha llegado a la misma velocidad que el más avanzado de sus compañeros. Tan difícil como tomar siempre la decisión correcta. Tan complicado como asumir el balón cuando éste parece haberse convertido en una masa de lava candente.

 

No son resultados definitivos, pero las dos victorias conseguidas durante la semana del puente sirven para afianzar a un proyecto que comenzó generando algunas dudas. Inconsistencia dentro del partido, pérdidas de balón inexplicables, despistes graves en la transición defensiva, fragilidad en los finales apretados… Fantasmas ya pasto de la mochila de protones de Bill Murray. Sin lograr todavía la brillantez técnica del curso pasado, el CAI ha conseguido dar el paso adelante para ganar por convicción. Con un baloncesto emocional, casi visceral, que implica a la grada y demanda el triunfo por encima del resto de argumentos. Lo demás, ya llegará. Hasta entonces, lo importante es que la delgada línea roja siga siendo, eso, rojilla.

Kingda CAI

Texto publicado en El ‘traspiés’, columna de periodicidad semanal realizada para Aragonsport.com

La montaña rusa más alta del mundo, al menos hasta que se construya su sucesora, está situada en Nueva Jersey, Estados Unidos. La atracción, que pasa de cero a 206 kilómetros por hora en aproximadamente tres segundos y medio, está compuesta por una pronunciada caída cuyo punto más alto se encuentra a 139 metros del suelo. Su nombre es Kingda Ka, aunque bien podría ser CAI Zaragoza. Así lo ha demostrado el conjunto aragonés en la última semana. Capaz de vapulear al Alba de Berlín el miércoles (75-50) y recibir de su propia medicina sólo cuatro días después en Barcelona (73-50). Arriba y abajo, sin tiempo siquiera para el clásico interludio en forma de foto de recuerdo con los brazos en alto y cara de velocidad.

Son las consecuencias propias de la frenética campaña en la que anda montado el club aragonés. Dos partidos por semana en los que no existen palanca de freno ni bolsa para el mareo. El calendario no ofrece tregua alguna y la mejor muestra de ello es que el próximo miércoles, en el Príncipe Felipe, los rojillos poseen programado un nuevo choque trascendental, en esta ocasión con el Telekom Bonn como rival. En él, el conjunto dirigido por José Luis Abós se juega la práctica totalidad de sus opciones de continuar su participación en la Eurocup. Ganar, y recuperar los cuatro puntos de ‘average’, es la exigencia. El digerir la pesada derrota sufrida en el Palau Blaugrana deberá ser, como todo lo que ilustra a este artículo, un ejercicio ‘express’.

Es la tónica general de la temporada. Su parte negativa, la cual es esgrimida en voz alta cada vez que se buscan argumentos y razones por los que el CAI no termina de adoptar la regularidad competitiva que maravilló el año pasado. ¿Por qué apenas se encadenan victorias? ¿Cuáles son los motivos por los que, incluso dentro de un mismo partido, el equipo es capaz de mostrar dos caras tan diferenciadas como las del villano de ‘Batman’? La ausencia de una pretemporada efectiva debido a la tardía llegada de los internacionales así como la inoportuna lesión de Michael Roll, la merma de entrenamientos semanales debido a la cantidad de viajes realizados y la lenta integración de los fichajes, algunos de ellos llamados a ser referentes del nuevo equipo, son las respuestas más aparentes. Una realidad que, en ocasiones, obvia el hecho que subyace tras ella, y que no es otro que la actual situación responde al premio obtenido a la machada realizada el curso anterior

La experiencia en Kingda Ka apenas dura un minuto, lo que no impide que entusiastas de las montañas rusas de todo el mundo viajen hasta su falda para vivirlos en primera persona. Seguramente, aguardarán pacientemente la pertinente cola y, si está en su mano, se sentarán en primera fila. En el parque de atracciones ‘Six flags great aventure‘, donde se encuentra alojada la atracción, también habrá visitantes circunstanciales que decidan subirse a uno de sus vagones más preocupados por la seguridad que de disfrutar del viaje. Ojos cerrados y nudillos tan apretados que la piel pierde su coloración natural para adquirir un inconfundible tono blanco son su seña de identidad. Bienvenidos al ‘traspiés’, aquí soltamos las manos cuando llega la bajada.