Radiografía de una enemistad manifiesta

“We don’t like them, they don’t like us. It’s not unheard of. We all know how it is” – LeBron James

Las palabras de LeBron James no pueden ser más clarificadoras. A lo largo de estos años de pugna por el dominio del Este, entre Miami y Chicago se ha gestado una rivalidad imposible de disimular. Se trata de un roce profundo, creado en la cancha pero que trasciende más allá del parqué. A su manera, Heat y Bulls representan las dos vías hacia el éxito. El ataque y la defensa. El smokin de lentejuelas y el mono de trabajo. La playa y el viento. Thibodeau y Spoelstra. James y Rose.

Protohistoria

Esta madrugada, como parte del programa de inauguración de la nueva temporada, los Bulls visitan el American Airlines Arena, donde los Heat recibirán elevarán al cielo la bandera que les acredita como el mejor equipo de la NBA en la pasada temporada. No será una estampa inédita. En 2006, la franquicia de Florida celebró el que fue el primer campeonato de su historia. Como convidados, un equipo de Chicago que no dudó en aguar la fiesta. Tras las celebraciones, el cuadro entonces entrenado por Scott Skiles sometió a los vigentes campeones en un vergonzante 108-66. De aquella, solo Wade y Haslem, por parte local, y Deng y Hinrich, por los visitantes, repiten.

Génesis

Claro que los actuales Miami Heat no se pueden comprender sin la figura de LeBron James, quién, antes de llevarse sus talentos a South Beach, persiguió el anillo en su Ohio natal. En su última tentativa con la camiseta de los Cavs, ‘El Elegido’ comenzó su particular disputa con el conjunto de Illinois. Seguramente, el verdadero origen de la rivalidad. Así, en la primera ronda de los playoffs de 2010, se iniciaron las hostilidades. La serie fue dura, aunque las tropas del ‘Rey James’ consiguieron el pase de ronda por un inapelable 4-1. Nada fuera de lo previsto, teniendo en cuenta que acudían a la eliminatoria como el mejor récord de la liga regular mientras que los Bulls se habían colado in extremis desde la octava posición del Este. Para el recuerdo las palabras de Joakim Noah sobre la ‘Ciudad Bosque’: “Cleveland realmente apesta. No hay nada que hacer allí. ¿Conoces a alguien que haya dicho alguna vez, ‘ey, tío, me voy de vacaciones a Cleveland’?”.

Una nueva rivalidad

Seguramente, cuando el pívot francés pronunció esas palabras, LeBron consideraba a Cleveland como su territorio. Sin embargo, en verano, pareció alinearse con el poste y, en una criticada ceremonia televisada, anunció que cambiaba de aires hacia un lugar mucho más excitante; Miami. Entre medias quedó, claro, la frustrada intentona de los Bulls por hacerse con sus servicios. O con los de Chris Bosh, que también marchó hacia el sur en una operación que ponía a los Heat como máximos aspirantes a todo. Sin embargo, cuando todos los focos apuntaban a los chicos de la playa, Chicago se puso por medio para hacer sombra. Al menos, en temporada regular, en la que lograron 62 triunfos y 20 derrotas, la mejor marca de la Liga. En las Finales del Este, sin embargo, las cosas fueron distintas y los Heat alcanzaron una Finales que acabarían perdiendo ante Dallas Mavericks. Oficialmente, había nacido una rivalidad.

Rose-James

La temporada 2010/11 reflejó, además, un salto generacional. La sorprendente actuación de los Bulls en temporada regular deparó a su estrella, Derrick Rose, el MVP. Con 22 años, el base se convertía en el jugador más joven en conseguirlo. Un hito que LeBron James, empeñado en pulverizar todos los récords individuales, no podrá batir. Además, el del base es el único trofeo Maurice Podoloff que no ha ido a parar a manos del ‘Elegido’ en los últimos cinco años. El único capacitado para discutir el tiránico reinado de ‘King James’.

Estilos contrapuestos

Ambos jugadores franquicia evidencian, además, las diferencias irreconciliables entre el estilo adoptado por cada equipo. Desde la implantación del llamado big three, Miami son flashes de cámara y opulencia. Ropa hortera, rituales pre partido llamativos y una forma de entender el show bussines que en muchas ocasiones ha generado controversia. Sobre la pista, los Heat trasladan esta manera de ser al baloncesto, siendo el ‘alley-oop’ en contragolpe su principal seña de identidad. Los Bulls, sin embargo, son todo lo contrario. Es evidente que su máxima estrella es Derrick Rose, aunque el mérito de los Bulls reside en hacer de Luol Deng y Joakim Noah dos tótems absolutos. Sin duda, ambos jugadores simbolizan mejor que nadie el sacrificio y el trabajo sobre una pista de baloncesto. Obreros en servicio del equipo. El colectivo es lo más importante y el brillo individual es solo una consecuencia. Esta filosofía casa a la perfección con la personalidad de Rose, más reservado y poco amigo de la ostentación que se tanto gusta en South Beach. Para el recuerdo queda, sin duda, la presentación del All-Star de 2012. Mientras James, Wade, Howard y Melo bailaban, el base, totalmente concentrado, les miraba con el gesto fruncido, en claro gesto de desaprobación.

Batallas recientes

La larga lesión de Derrick Rose ha borrado las dos últimas temporadas a los Bulls de la lista de aspirantes al título. Sin embargo, eso no significa que la rivalidad con los Heat se haya enfriado. Al contrario. A pesar de las mil lesiones que asolaron la pasada campaña a los de Illinois, el equipo entrenado por Tom Thibodeau se coronó como uno de los rivales más duros de batir. Así, no extrañó a nadie que fuese Chicago quien pusiese fin a la racha de 27 victorias consecutivas que acumulaban los Heat, la segunda más larga de la historia. El hecho enfureció públicamente a los de Miami, que buscaban sin tapujos el récord absoluto. La respuesta del técnico chicagüense -a mi también me suena raro- en sala de prensa no pudo ser más gráfica: “¿Qué racha?” En playoffs ambos contendientes se volverían a juntar, en esta ocasión en segunda ronda. A pesar de sus innumerables bajas, los de la Ciudad del Viento consiguieron anotarse un triunfo que se consideró todo un éxito. La serie, además, se caracterizó por lo duro de sus encuentros, quedando para el recuerdo una falta de Mohammed sobre James y algunos conatos de tangana.

Esta madrugada, esta enemistad escribe un nuevo capítulo.

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