Resacón en La Romareda

El cerebro abotargado, los reflejos congelados bajo cero y la ley de mínimo esfuerzo como única legislación vigente. El dolor de cabeza y la consecuente escasez de ideas lo domina todo. Apatía generalizada en su máxima expresión. Malestar evidente que secuestra tu cuerpo en el sofá. No te mueves. No piensas. Enciendes la tele, eliges una película que no obligue a realizar esfuerzo intelectual alguno y dejas transcurrir las horas. Más o menos, así fue el Real Zaragoza 2 – Ponferradina 1. La gran resaca del conjunto blanquillo a las recién finalizadas Fiestas del Pilar.

Como si de un peñista que ha cerrado Interpeñas las últimas nueve noches se tratase, el Real Zaragoza saltó a La Romareda con la empanada por bandera. Estado anímico que rápidamente contagió a su contrario, dando pie a un espectáculo difícil de digerir. En el que las imprecisiones y el hastío anularon al fútbol, y que afortunadamente se saldó con el triunfo local aunque bien pudo ser considerado partido nulo por carencia de interés. En los primeros minutos, Santamaría, meta de los bierzanos, no acertaba a controlar con el pie una cesión de un defensa y el balón se marchó a córner. Una jugada sin peligro aparente, intrascendente incluso, que sin embargo ilustra a la perfección lo que fue el encuentro.

El siguiente despropósito acabó como el primer tanto local. Barkero centró desde la derecha, Henríquez no llegó a cabecear y, tras un bote, Ramírez se introdujo el balón en su propia meta. De error a error, pues la ‘Ponfe’ empataría al filo del descanso en el enésimo descalabro aéreo de la zaga zaragocista. Falta lateral, falló en las marcas y Samuel, que había partido en fuera de juego, remata totalmente solo a la red. Final de la primera parte, pero no del sufrimiento.

Afortunadamente, la moneda al aire salió cara y, en otra jugada aislada, el Real Zaragoza consiguió asegurarse los tres puntos. En el minuto 69, Víctor, en el saque de una falta, ajustó el balón al palo y Santamaría, que seguía tan tembloroso como cuando no supo controlar el balón en la primera parte, pero al que no se le había tirado entre los tres palos todavía, ayudó para que el esférico acabase dentro de los tres palos. El meta protestó amargamente porque, en una jugada de estrategia, Laguardia se había paseado delante de él para impedirle la visión. Nada ilegal pues el zaguero no hizo en ningún momento ademán de jugar el balón, por lo que no incurrió en fuera de juego.

El cerebro abotargado, los reflejos congelados bajo cero y la ley de mínimo esfuerzo como única legislación vigente. El dolor de cabeza y la consecuente escasez de ideas lo domina todo. Apatía generalizada en su máxima expresión. Malestar evidente que secuestra tu cuerpo en el sofá. No te mueves. No piensas. Enciendes la tele, eliges una película que no obligue a realizar esfuerzo intelectual alguno y dejas transcurrir las horas. Más o menos, así estoy yo hoy.

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