Flamini con Red Bull

Ahora, cuando salgo, bebo vodka con Red Bull. Antes el Red Bull ni siquiera me gustaba y creo que no me he bebido una lata entera, sin combinar, nunca. Sin embargo, cuando salgo por la noche, en plena fiebre por el Gin Tonic, yo parezco un maquinero del 2000 en busca de un poco de velocidad legal. Aunque mi motivación se deba más al simple hastío respecto a otros brebajes más estandarizados.

Con esta poca interesante historia quiero plasmar que los gustos cambian. Dependen, en gran medida, del contexto existente, tanto global como individual. Se trata, por tanto, de mi excusa no pedida. De mi acusación manifiesta. El preámbulo innecesario que da acceso a mi conversión al flaminismo, si es que este existiese. Porque con el Arsenal líder, con Ramsey habiendo anotado ocho goles en ocho partidos oficiales, con los gunners batiendo su récord de victorias consecutivas como visitantes… se debe reconocer la aportación del francés. Quizá, la adquisición más trascendente de los realizados por Arsene Wenger este verano. Algo difícil de aseverar, aunque solo sean tres las caras nuevas que presentan los londinenses para el presente curso.

Porque entre ellas se encuentra Mesut Özil. El fichaje más caro en la historia del club. Seguramente, el mejor jugador del equipo libra por libra -no necesariamente esterlina-. El futbolista que, con su mudanza de Madrid al norte de Londres a sus 24 años de edad, mejor representa el cambio de mentalidad que pretende el Arsenal para la campaña actual. El alemán es la estrella y, además, está ejerciendo como tal. Pero la sorprendente eficiencia del equipo no se puede argumentar únicamente en su fabuloso fútbol de campanillas.

El actual Arsenal mucho tiene que ver con el antiguo. Por momentos, toca y combina como en la mejor época del wengerismo ilustrado, es cierto, pero también sabe sufrir y amarrar el resultado como en los días del plomo. Todo ello a pesar de contar con la poco fiable línea defensiva de siempre. Sagna, Mertesacker, Koscielny y Gibbs que, por primera vez en mucho tiempo, cuentan con un referente en el centro del campo. Un líder. El mediocentro defensivo que conjunta al equipo, pone los cojones encima de la mesa y asegura que, por los mismos, la victoria va para los de rojo y blanco, últimamente más de amarillo y azul. Ya saben: ‘Flattuso’.

“Siento que Flamini no haya costado 25 millones de libras”, dijo irónicamente Arsene Wenger en medio de aquella tormenta de críticas cuando aún no había conseguido firmar una traspaso que no fuera libre. Aquello, que parecía una bravuconada, no dejaba de ser un nuevo capítulo del serial que, en ocasiones, suele enfrentar al técnico francés contra el mundo. El tiempo, en esta ocasión, le ha dado la razón y, con el regreso de Arteta tras su lesión, el quebradero de cabeza se concentra en cómo integrarlo en el equipo sin sustituir al francés, ya indiscutible en el doble pivote junto al renacido Ramsey.

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Bendtner 104

Llevar una camiseta de fútbol en un festival de música es una mala idea. Yo siempre lo había sospechado, aunque lo constaté empíricamente en el FIB de 2011. Ante la ausencia de ropa ‘neutral’ limpia en mi mochila, decidí vestir una remera del Arsenal para presenciar el último día de conciertos. Ese al que vas por pura inercia y porque lo has pagado ya, pues fuerzas quedan pocas. Lamentablemente, la prenda adquirió su temido efecto y, como si de un cartel de chupitos gratis se tratase, atrajo a todos los ebrios ávidos por compartir sus inquietudes futbolísticas que poblaban el recinto. Mujeres ninguna, claro. Entre aquellos que se acercaron ante mi descarada provocación, guardo buen recuerdo de un seguidor gunner ansioso por contrastar lo que el creía que era una gran noticia. “Perdona, ¿sabes si hemos vendido a Bendtner? Acabo de ver a un fulano con la camiseta del Leverkusen y su nombre en la espalda”, me preguntó ilusionado. “Creo que no. Me parece que ese ‘Bendtner’ -escrito en realidad Bender- es otro jugador diferente”, le respondí mientras en su cara se dibujaba la expresión del que recibe ropa por Reyes Magos. Poco después, aquel aficionado tendría su recompensa con la cesión del ariete al Sunderland. Séneca ampliada a Erasmus la pasada campaña en Turín.

Sin embargo, Bendtner ha vuelto. Ahora lleva barba y recoge su creciente melena en un ridículo moño estilo samurai. Como si regresase de un retiro que, por lo que suele trascender de su vida social, cuesta imaginar que hay sido espiritual. Tampoco voluntario. El danés regresa al Arsenal dos años después de su último partido como gunner por motivos de fuerza mayor. Concretamente, las 52.000 libras semanales que posee firmadas con la entidad londinense y que nadie en su sano juicio ha accedido a asumir. El Crystal Palace estuvo cerca, en un incomprensible intento por reunir de nuevo la fatídica dupla Chamakh – Bendtner. El jugador llegó a desplazarse hasta Selhurst Park el último día de mercado para pasar reconocimiento médico, pero la operación finalmente se echó atrás ante la incapacidad de los ‘norteños’ para hacerse con un delantero que diese respiro a Giroud.

De esta manera, Wenger perdonaba públicamente a su díscolo discípulo y, poco después, le prometía una oportunidad cuando estuviese en forma. O cuando llegase la Capital One Cup, lo cual que se ha producido antes. Debido a las numerosas lesiones que -oh sorpresa- pueblan la enfermería del Arsenal, el técnico francés decidió utilizar la eliminatoria contra el West Bromwich Albion para hacer jugar a los jóvenes, a los jugadores en proceso de recuperación física, a los reservas habituales y a Bendtner, que en cierta manera podría ser encuadrado en cualquiera de las tres categorías anteriores.

De esta manera, el internacional danés volvió a portar el cañón sobre su pecho. Circunstancia que no se repetía desde el pasado 20 de agosto de 2011, cuando jugó 10 minutos ante el Liverpool antes de ser cedido al Sunderland. Después llegó el préstamo a la Juventus, donde las lesiones y las acusaciones de sobrepeso le hicieron transitar sin pena ni gloria por un equipo que dominó Italia a su antojo. Por el camino, el atacante ha sustituido su característico dorsal 52, el cual según las malas lenguas usó para simbolizar que había mejorado el doble respecto a la campaña en la que había utilizado el número 26. Ahora lleva el 23, como Lady. Aunque se desconoce si dicho cambio conlleva una asimilación de sus limitaciones. Algo difícil teniendo en cuenta que se trata, en palabras del psicólogo deportivo Jaques Crevoisier, del “futbolista con mayor autoestima del mundo”. Auto candidaturas al Balón de Oro como la realizada por él mismo en 2009 fortalecieron su fama de ‘bocachancla’.

Una serie de fallos inexplicables sobre el terreno de juego hicieron el resto. Colocando al bueno de Bendtner a medio camino entre la hilaridad y la desesperación, según el estado de ánimo que poseyese el paciente aficionado gooner a cada momento. Sensaciones resucitadas en el minuto 7 del encuentro contra el WBA, cuando, tras un centro servido desde banda izquierda, el danés golpeó el poste… con su cuerpo. Después, en la prórroga, evidenciaría una clara falta de forma al dejarse robar el balón cuando todo parecía predispuesto para un mano a mano entre él y meta Daniels.

Las sombras de un encuentro en el que, sin embargo, el danés filtró un preciso pase de gol al joven Eisfeld, que abrió el marcador para el cuadro visitante. Nada nuevo por otro lado. No en vano, Bendtner acumula con la de esta noche 27 asistencias con el Arsenal. Más que, por ejemplo, Rosicky, que lleva 23. Además, el delantero no marró su lanzamiento en la tanda de penaltis, favoreciendo el 4-3 final con el que los gunner se adjudicaron el pase de ronda en la Whatever Cup. La siguiente parada, en octavos de final, será el Chelsea de Jose Mourinho.  Quizá, el momento en el que Bendtner pueda elevar un poquito la cantidad de su dorsal.